Quijotismos

Nunca me ha gustado Don Quijote.

Ya desde pequeña recuerdo mi perplejidad y desconfianza cuando los adultos trataban de presentármelo como un personaje entrañable y romántico. A mi me parecía más bien un idiota entrometido que, incapaz de resolver sus asuntos personales, desviaba su atención hacia los de cualquier otro y distorsionaba la realidad tratando de adaptarla a su capricho complicando la vida a todo aquel que se encontrara suficientemente cerca.

Y no es que ahora me guste mucho más. De hecho creo que el quijotismo es uno de los muchos males endémicos de nuestra sociedad: En cualquier reunión habrá quien de un plumazo acabe con el hambre en el planeta, resuelva la carrera armamentística y la injusticia mundial. Eso sí, no le pidas que ceda el asiento a un anciano en el autobús o que al aparcar procure dejar espacio para que pueda estacionar otro vehículo.

Vamos, que encantados, los quijotes enarbolan la taza de café, una caña o un vino a modo de lanza y gesticulan frente a los molinos de la tele en un gesto ridículo e inútil. Y mientras tanto, claro, su propia casa seguirá sin barrer.

La idealización sentimental del supuesto adalid desinteresado, que además de estar loco, sí tiene un interés: el de alimentar su desmesurado y fantasioso ego heroico, es perniciosa, y en nuestra piel de toro parece que nos falta coserlo en la bandera como divisa. Así andan los valores, descolocados

Y esa sensación de importancia y necesidad los promueve y se salen del libro, y así en el mundo real hay quijotes, ¿Qué pasa con ellos? Pues que son locos, y locos peligrosos, ya que en su locura, no mienten.

La verdad es un asunto sinuoso y relativo que se extrae de nuestra percepción, así que un quijote predicando puede atraer adeptos a una causa vacía o incluso perversa. Puede promocionar o incluso promover auténticas atrocidades, y lo hará porque serán necesarias en su Insula Barataria, y el fin siempre justificará los medios.

Y no menos locos son los que atraídos por la franqueza y la vehemencia de grandilocuentes propuestas, postergarán escuchar a sus propios sentidos y observar que la realidad es la que es y que no entiende de ideales o grandes causas, y seguirán como ejército de ovejas la lanza del soñador de turno.

Y cuando el público aumenta empeora el problema. La masa, recibe opiniones, tantas veces interesadas, y las convierte en información y a través de la mentira disfrazada en verdad, se crean facciones, y con ellas, enfrentamientos.

Y mientras todo el mundo se posiciona, ¿Alguien se ocupa de vivir?

Mientras tanto, el quijote de carne y hueso sufrirá antes o después las consecuencias de su demencia, o quienes sigan su causa. Y se lo han buscado, uno y otros.

Aún así, bajo la máscara subyace un ser humano, que podrá ser bueno o malo, alto o bajo, ambicioso o desinteresado.

¿Alguna vez habéis conocido alguno? Yo sí. En general no me gustan, pero en ocasiones la luz que enardece sus mentiras es cándida y compasiva, y perpleja otra vez me admira la contradicción que envuelve rechazar al quijote y abrazar esa alma sujeta a un cuerpo que abstraída por su personaje sueña con un mundo que no existe.

Pero no se puede hacer nada, porque los quijotes no escuchan y no se puede confiar en ellos.

De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno dice el refrán.

Nunca me ha gustado Don Quijote,

Y no me gusta…

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. David
    May 30, 2013 @ 15:35:16

    Me encanta esta entrada! Cuanta razón tienes. Yo he conocido unos cuantos, quizá hasta yo mismo haya sido medio Quijote en algún momento de mi vida, lo que no quita para que tampoco me guste un pelo. Te he dicho ya que me encanta esta entrada?? Pues eso!! Besiños

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    • mariate1970
      Jun 01, 2013 @ 03:31:20

      Cuánto me alegro…supongo que todos en algún momento lo hemos hecho. El problema es que se convierte en una tónica social en que la santurronería y el buenismo sustituyen a lo que años ha habría sido un comportamiento de falso beato… El mismo perro con distinto collar.
      Dice la gente que “tienen que cambiar las cosas”…Las cosas no cambian, las cambiamos nosotros, y las cambiamos con lo que hacemos…

      Responder

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