LAS NUMEROSAS CUMBRES DE UN PAIS LLANO

Dinamarca es llano, de un plano que resulta hasta aburrido… y el agua de sus mares casi sin sal, no tiene apenas sabor.

Bueno, a decir verdad, no fue así para mi… pero no me di cuenta hasta que iba a publicar unas fotos de la semana que pasé allí y  me di cuenta de cómo aún siendo pocas, tras cada una se escondía una buena historia.

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Odense

Así que en ese reino en que conviven comunas y trenes carísimos en que encontrar el vagón y asiento asignados en tu billete puede ser más que difícil, puede que las cosas muestren una apariencia tranquila, equilibrada, uniforme hasta el tedio, pero el tumulto se deja sentir bajo la superficie… Shakespeare lo sabía y, por supuesto, Hans Christian Andersen, y en éstos sus dominios, esta esencia (que bien podría ser también producto de mi viva imaginación) me caló hasta los huesos, el corazón y el alma, y en esos ascensos y descensos me sucedieron cosas propias de encantamiento.

Para empezar, llegué allí por desafío… Invitada por un querido amigo que me subió a una bici después de treinta años, me hizo pintar la mona y tocar la batería (y de esto último también hacía mucho tiempo), ayudar con tareas de labranza y deleitarme en el ascensión a cimas secretas y abandonadas desde hacía demasiado, sabía incluso antes de cambiar mis billetes de avión que iba a ser una arriesgada aventura… y que valdría la pena.

Hasta el clima sufría cambios súbitos y extraños pasando del frío a un calor pegajoso y a una lluvia helada otra vez mientras el tiempo transcurría lentamente en la apacible comunidad sureña en que la gente fue tan acogedora y amable.

Mi amigo, jalón en mi jornada, que sin saberlo me arrancó unos meses atrás de los brazos de la autocompasión al vencer mis resistencias con su arrolladora espontaneidad, posee la fuerza que emanan los relámpagos del norte, que pudo partirme en dos con un abrazo de bienvenida y en su lugar creció secreta y lentamente desde lo más profundo iluminando mis senderos,  fortaleciéndome e inspirándome  de un modo que ni me atrevo a tratar de comprender, pero que agradezco sin reservas.

Así y todo la oscuridad absoluta siempre sigue al asgardiano golpe de luz celestial, y la moneda cuya cara y cruz son placer y dolor fácilmente dio la vuelta recubriendo el amor con una amarga capa de tristeza. No fue una sorpresa…

Y como quiera que la tristeza no busca compañía, comencé a caminar bajo la lluvia cargando conmigo mi parte y extrañamente incapaz de unirme al dramatismo de Andersen, encontré apoyo y esperanza en su lugar.

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Copenhague / Copenhagen

Buscando un lugar para pasar la noche, pregunté a una pareja por una dirección en Svendsborg y obtuve comida, vino, agradable conversación y buena compañía, recuerdos de la generosidad de Nepal, un lugar donde dormir, un libro repleto de significado y transporte a mi nuevo destino, cuna del narrador de cuentos: Odense..

A estas alturas estaba empezando a disfrutar del montañoso paseo danés, y puede que conjurara un hechizo porque me las ingenié para pasar directamente de Odense a Orense, ciudad natal de quien fue mi anfitrión en Copenhague. Qué posibilidad había de encontrar cobijo con otro gallego? Y de tropezarme en medio de la calle con mi amiga Josie, casualmente en la ciudad visitando a su madre y con quien me había citado a la mañana siguiente para desayunar?

Finalmente, al reunirme con ella acabé cambiando de nuevo mis vuelos, para recalar en Londres de vuelta a casa, dar una clase benéfica y sementar nuevos proyectos.

Supongo que ha quedado claro como Dinamarca podría ser un lugar de cuento encantado que vive bajo esa ilusión de campos llanos verdes y amarillos y casas con tejados propios de los gnomos.  Para mí estuvo llena de montañas, algunas soleadas, otras nubladas, algunas resbaladizas y otras con asombrosas vistas, paisajes interiores que aparecen cada día más nítidos en lugar de desvanecerse…

No es eso la magia? Dejé amigos allá y la sensación de haberme convertido en el personaje de una historia de Andersen aún por publicar.

… Ah, y por si nadie se había dado cuenta… Escribo otra vez.

THE MANY PEAKS OF THE FLAT COUNTRY

Denmark is flat, boring flat… and the water of its sea has almost no salt, it’s almost insipid.

Really? Well not to me… and I realised, when I was about to upload some pictures of my week there although being so few they all had a good story to tell.

So in this kingdom with communes and expensive trains in which finding your coach and seat can be  really tricky, things can seem to be quiet, even, uniformly dull but could feel the turmoil lying underneath… Shakespeare knew, and of course Hans Christian Andersen, and in his realm, this essence (that can also be just a result of my vivid imagination) soaked through my bones, heart and soul and going up and down, up and down, some fairy tale magic just happened.

Let’s start saying that I got there by challenge… Invited to come by a beloved friend who made me ride a bike after almost thirty years, play dumb and drums (wow, quite a while since last time as well), help with harvest chores and joyfully reach some inner secret peaks too long abandoned, I knew even before changing my plane tickets it’ll be as worth it as adventurous.

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La Granja / The Farm

Even the weather was strangely changing from cold to sticky hot and rainy cold again as time passed slowly in the Southern and peaceful community where people were easy and kind to me.

My milestone friend, who inadvertently saved me from my self-pity issues breaking all my defences with his overwhelming spontaneity some months ago, owns the kind of Nordic lightening strength that could have broke me in two with a welcoming hug but instead grew secretly and slowly deep inside, lightening up my path, empowering and inspiring me in a way I don’t dare to try to understand but I’m more than thankful for.

However, pitch black comes after an Asgard strike of light from the sky, and pleasure and pain coin easily flipped covering love with a bitter layer of sadness. No surprise…

And because sadness wants no partner I started walking under the rain taking my share and awkwardly unable to join Andersen’s sense for drama, finding hope and support instead.

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Odense

Looking for a overnight place, I asked a couple for directions in Svendborg and got dinner, wine, great conversation, caring company, Nepal memories about selflessness, a place to sleep, a meaningful book in Danish and a ride to my next destination, birthplace of the storyteller: Odense.

So far I was starting to enjoy my Danish hilly ride, and maybe casting a spell I made my way straight from Odense to Orense, as my Spanish host in Copenhagen came from that village in Galicia. What were the chances of being sheltered from another “galego”∗? Difficult to say. What about bumping into my dear friend Josie in the middle of the street while incidentally in town visiting her mother and who I was meeting next morning for breakfast?

Finally, by meeting her, I ended up changing some plane tickets once more to come back home through London, teach a charity class there and sow the seeds of some brand new projects.

I guess I made my point now about Denmark being a magical fairy tale place that lives under the illusion of flat green and yellow fields and houses with those gnome-like roofs. It was full of mountains to me, some sunny and some cloudy, some slippery and some other with great views… inner landscapes that still reveal themselves more clear as days go by instead of fading away…

Isn’t it magical? Left friends there and a sense of having become a character in an unpublished Andersen’s story.

… Oh… and in case nobody noticed… I’m writing again.

∗Galego means original from Galicia, like me…

Los Habitantes de las Arenas

Son muchos los motivos por los que mis opiniones sobre las playas de Goa son las más gratuitas que se han vertido en este blog. Por descontado, el filtro por el que pasan lugares, personas y eventos aquí reflejados, no es otro que el de mis sentidos y por tanto, el relato es siempre mi opinión personal asociada a todas las circunstancias que me acompañaron en unos u otros momentos.

En el bus a Candolim

En el bus a Candolim

Para empezar no las visité todas, muy al contrario, sólo unas pocas y todas hacia el norte de Panjim. Aunque hay transporte público con el que llegar o al menos acercarse a la mayoría de ellas, el tiempo que inviertes en el viaje junto con el calor, el sol y la humedad, redujo enormemente mis ganas de acercarme al mar para quererme marchar a los pocos minutos. Así que mi visión es, para empezar, muy limitada.

Además, los visitantes de estos arenales vienen a pasarlo bien, cada uno a su manera, y todos sin mirar demasiado la cartera, así que con el cuento de que en su lugar de origen las cosas son más caras, el precio de casi todo es aquí desproporcionado y excesivo para mi exiguo presupuesto.

Con una experiencia parcial, mi valoración puede ser de lo más injusta, pero consciente de ello y aclarado este punto, la voy a hacer igual.

Anjuna

Anjuna

Todo aquello que me distanció de disfrutar las playas goanas no les resta ni un ápice de su belleza. Desde calas más bien recogidas y a los pies de un acantilado como Small Vagator, sin duda mi favorita de las que visité, hasta la infinita Candolim, tienen su encanto si consigues suprimir de tu visión el factor humano.

En el mejor de los casos sombrillas y hamacas de alquiler restan espontaneidad al paisaje tropical. En otros, la inoportunidad de las construcciones circundantes daña la vista, pero en todos los casos lo más llamativo es el componente tribal de cada playa.

Small Vagator

Small Vagator

Small Vagator, pequeña y con clase, se puebla de gente guapa y en la onda, y así de día o de noche sus cabañas y sus restaurantes, nada baratos pero de muy buena calidad, como el Thalassa, con impresionantes vistas, están llenos durante toda la temporada.

Candolim está poblada de rusos y británicos en su mayoría con un tono de piel entre blanquecino y rosado. Los anuncios de Vodka y cerveza por toda la playa y las listas de cócteles en las pizarras de cada chiringuito, junto con la música, altísima en cada uno de ellos crea un ambiente en el que al parecer se encuentran comodísimos y que para mi fue como mínimo, alienante.

Me queda Anjuna, la capital playera del Trance, en la que viejas glorias se levantan tarde y comienzan a beber y a colocarse y a bailar hasta que el sol vuelve a asomar. Los arenales de Anjuna son bonitos, y cómodos para nadar, con menos oleaje. Un paraíso de no ser por los locales alineados a pie de playa (aunque los haya bonitos). De día se puede comer o dejarse caer a la sombra tomando un zumo, un lassi, un té, o alcohol, claro, y de noche, los altavoces retumban y hacen temblar rítmicamente las tablas del suelo y las paredes del local y los corazones de los danzantes acelerados ya por el consumo de sustancias ilegales, muy fáciles de conseguir, por cierto.

Flea Market

Flea Market

Los miércoles se celebra el Flea Market, que nacido en los sesenta de manos del espíritu hippie, hace lo posible por conservarlo aunque desprende cierto tufillo a organización y negocio en el que se sustituyen zapatos por chanclas, baldosas por arena y chaqueta y corbata por tatuajes y piercings. Los productos son cada vez menos artesanales, y los que lo son o poseen alguna exclusividad, se ofrecen a precio de galería de arte del SoHo.

En resumidas cuentas, los habitantes de estas arenas, parecen repartirse el territorio por tribus y desdibujarlo a su imagen y semejanza generando una tendencia a la estandarización en el estar y la apariencia de los suyos, cierta fingida apostura con la que no me identifico Seguramente esta resistencia a sentirme integrada en una de ellas o el hecho de no haber encontrado la mía me distanciaron de apreciar la esencia desnuda de localizaciones tan hermosas.

Me queda la espinita de no haber visitado Palolem. Aunque me cuentan que ya no es lo que era, parece que los de esa tribu van buscando paz y tranquilidad, y que se nota.

La visita a las playas de Goa es obligada, y sin duda todo un crisol para la observación del comportamiento del humano vacacional ejerciendo de lo que probablemente no es el resto del año.

Por ahora me quedo con el carácter particular y entrañable de Panjim, y dejo los arenales a sus moradores con la condición de que de vez en cuando me permitan acercarme a darme un baño. Cuando vuelva, que lo haré, será a practicar yoga al estilo occidental, y tendré una visión nueva y diferente (o no)… y os lo haré saber.

Algunas fotos más aquí: https://flic.kr/s/aHsjF1crzb

Edimburgo. El Tartán Cosmopolita

North BridgeA pesar del frío, a pesar del viento, y no sólo el meteorológico, sino el que soplaba en mi pecho congelando mi corazón cuando la capital cultural de Escocia me sirvió de refugio. A pesar de la noche eterna que se instala en los meses de invierno, Edimburgo dispone de su propia luz, blanca y misteriosa, vívida y cálida, que junto con la naturaleza amable de sus gentes acoge por igual al aborigen que al foráneo.

Cosmopolita y moderna, trendy y alternativa sin renunciar a su esencia y remotas raíces, la niebla invernal que se cuela veloz por entre sus tejados escalonados transporta músicas de países lejanos lo mismo que tonadas tradicionales, conferencias de sesudos intelectuales de allende los mares y coloquios sobre cultura y costumbres ancestrales, el aroma de los haggis, el curry indio, la sopa del día y galletas de jengibre.

El Castillo en Castle RockTodo cabe en una ciudad encantada en las que las colinas se alzan con majestad en la verde llanura y los árboles, con hojas de mil colores, contemplan su castillo de cuento de hadas en lo alto de una de ellas.

 En la que pudo ser (y lo es en espíritu) capital de Escocia, los hilos del tartán son infinitos y multicolor conformando un entramado sociocultural que rivaliza por derecho propio con el “melpot” neoyorquino y cualquier otra metrópoli multirracial. Con grupos de tan diversas procedencias como propósitos, sus castas se superponen y entrecruzan reinventando día a día esta moderna urbe medieval y decimonónica, independiente y enraizada, cultureta y hipster, académica y mundana.

Personalmente, y diga lo que diga siempre me va a parecer que no le hago justicia. Muchas son ya las ciudades que me han tratado bien y he sentido mi casa, pero creo que ninguna ha sido tan cálida y maternal tan deprisa arropando mi escogido desarraigo geográfico en un abrazo cómplice y comprensivo. Reconozco que debí haber disfrutado del mismo con más intensidad, pero mi corazón, frágil aún y mi alma en rehabilitación no estaban para tantos trotes. Con todo, es de lejos una de las ciudades más recomendables para no sentirse ajeno, en la que es extremadamente sencillo encontrar actividades, grupos o intereses a los que unirse si es que se quiere saborear a Edimburgo más en profundidad. Si no, basta con echar a andar para toparse con todas sus sorpresas, bellos rincones, museos y paisajes.En el suelo

Puesto que mi visita al norte tenía como objetivo preparar un examen de inglés, y aunque me quedé durante todo un mes, seguí hilos del tartán escasamente transitados por turistas estudiantes o emigrantes dejando barrios enteros, paisajes y atracciones turísticas de lado para dedicarme a actividades que me facilitaran la practica de la conversación.

De este modo espontáneo y casual y al tomar contacto con la población local descubrí facetas menos evidentes y lugares curiosos que me habría perdido en una visita más convencional. Trataré de no dejar ninguno atrás y así aprovecharé la oportunidad que la escritura me brinda para revivir esos extraños días en que el una capital del norte a la que quedo eternamente agradecida se convirtió en mi centro y mi sur, y su frio en mi calor.

Algunas imágenes en https://flic.kr/s/aHsk6kMgHq

Dambulla: Los Budas en las Cuevas del Cielo

El bullicio de Dambulla transcurre a espaldas de los budas. Esta población, cruce de caminos entre Sigiriya, Pollonaruwa y Kandy mueve por igual a turistas y locales. Las cuevas monasterio, cerca del cielo en lo alto de una escarpada roca a la salida del pueblo, contemplan estáticas desde sus brillantes colores y su divina serenidad el hormiguero humano que trajina a sus pies se ocupa de asuntos mundanos y grises

El acceso desde la carretera es anodino primero, mostrando un discreto templo budista y después directamente kitsch: coronada por un buda enorme y dorado, la entrada al museo es tan grosera y falta de gusto que más parece propia de uno de cera que de budismo.

Aunque en el museo, que no merece la pena, venden la entrada para las cuevas, lo hacen de modo conjunto con la de la propia colección, por lo que es mejor rodear el edificio que queda a mano derecha al entrar, y en el que hay otra taquilla en la que se pueden adquirir las entradas solo para las cuevas. Además se puede dejar allí la mochila si hace falta.

Buda Yacente

Buda Yacente

El ascenso es empinado y las vistas mejoran a medida que se gana altura. Familias de monos escoltan los pasos de turistas y fieles. Los vendedores de flores de loto ofrecen su mercancía ya que las cuevas son un activo monasterio del que la gente es muy devota.

Incluso al traspasar la entrada la autentica belleza del lugar permanece oculta. A principios del siglo XX se construyó una estructura encalada que convirtió las cuevas en habitaciones protegiéndolas de las inclemencias del tiempo y de los animales. Se percibe la paz del refugio de buda, casi entre las nubes, y la magnificencia de la roca que le acoge pero lo que hace especial a este lugar habita en el corazón de la piedra.

Cada atrio es diferente y reside su encanto en esa luz tenue que no revela el auténtico brillo de los amarillos, rojos y negros con que están delicadamente cubiertas paredes y figuras.

Policromía

Policromía

Aunque el número de cuevas es de hasta 80, se visitan y conforman el complejo solo cinco. Pertenecientes a diferentes etapas, todas ella han sufrido retoques y repintados en sus dibujos y estatuas.

Budas grandes y pequeños, yacentes y en pie o sentados te miran siempre de frente y su mirada te traspasa porque el buda desde su Nirvana ve las cosas de manera distinta. El lugar invita al silencio y la reflexión, y la sensación de paz que transmite es rota tan solo por los primates, rateros oportunistas, que no pierden ocasión de colarse en cualquiera de las cuevas para escaquear su cuota de la comida ofrecida a santos y dioses seguido del sonido de una piedra o un palo arrojado por el monje o feligrés más cercano mientras le grita algún improperio.

Las flores, el incienso, los rezos, la piel de los budas amarilla casi dorada, su giocondesca sonrisa y su mirada puesta en la eternidad, hace de estas cuevas una genuina burbuja espiritual.

Estados Contemplativos

Estados Contemplativos

Algunas deidades hindúes se encuentran representadas junto a los budas y sus discípulos y son veneradas por igual. Los monjes realizan ofrendas a cambio de pequeñas donaciones en efectivo o bienes, y atan un hilo blanco en la muñeca del bendecido mientras murmuran mantras protectores.

De vuelta en el mundo real, los monos vigilan el descenso, por el mismo camino, y vendedores de recuerdos tratan de hacer negocio.

Las fotos muestran parte de la belleza de un espacio que es mucho más que una imagen porque este es uno de esos lugares en que la verdadera memoria queda impresa en los sentidos y deja una huella en el alma. Aún así, ahí están.

https://www.flickr.com/photos/afuerasyalrededores/sets/72157633516726331/

Madurai. Motor Humano

No me quedé en la capital espiritual de Tamil Nadu lo suficiente como para poder dar más que unas cuantas pinceladas sobre sus opciones de transporte.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAAún así aquí aún funciona una que se nos hace especialmente extraña a los occidentales y genera un conflicto moral y social, de pensamientos y sentimientos contradictorios al que es un desafío hacer frente.

Para el visitante esporádico, lo más cómodo en Madurai es caminar. El centro tiene una dimensión que lo permite. Para hacer frente a distancias más largas, los autobuses funcionan al estilo de Kerala pero peor, y entenderse con la gente es más complicado, así que no son una opción tan viable y menos para un par de días.

Los taxis solo tienen sentido para más de dos pasajeros o abundante equipaje. Además gran parte del centro es incómoda para el tráfico de automóviles.

El tradicional rickshaw

El tradicional rickshaw

Quedan como alternativa los autorickshaw y los rickshaw, los primeros a motor de gasolina y los segundos a pedales: Sí, aquí como en otros lugares de India (no en Kerala) sigue existiendo el carrito traccionado por una bicicleta, impulsados sus pedales por los pies cansados de algunos miembros privilegiados dentro de las castas más bajas de la estratificada sociedad hindú. Privilegiados, sí, porque han conseguido acceder a un medio de ganarse la vida, y no debe ser fácil. De hecho, sorprende lo mayores que son o que parecen estos ciclotaxistas hasta que reparas en el hecho de que sólo pueden trabajar en labores mal remuneradas y peor consideradas que las otras castas rechazan. Ahorrar debe ser casi un sueño imposible.

Me abordaron en la calle un conductor de ciclotaxi y otro de rickshaw, ambos ofreciéndome sus vehículos. Todo en ellos habla de mundos diferentes, pero lo que más llama la atención es que el conductor motorizado se dirige al ciclista con enorme desprecio, gran violencia verbal y gestual y mientras, me lanza miradas entrecortadas como de disculpa dándome a entender que enseguida me lo quita de encima.

Me aparto… no quiero saber nada de ellos. Incómoda y disgustada me sorprendo conversando conmigo misma:

– Yo no quiero subir en la bicicarro de ese señor… es mayor… lo     deshumanizo si lo convierto en mi mula de carga.

– Pues no te subas, pero es la única forma de ganarse la vida que tiene.

– Pero no está bien.

– Claro que no, pero si no le permites trabajar, puede que no coma. Eso sí, tu puedes quedarte a gusto porque no lo habrás desprovisto de su humanidad. La situación no va a cambiar… si quieres contribuír, hazlo donde puedes… ahora.

Admitido mi egoísmo disfrazado de compasión, le llamé con un gesto y negocié un precio que me pareció justo (como con cualquier otra persona quise pagarle por su trabajo, no regalarle el dinero) Aún no muy convencida a pesar de su cara de satisfacción, me instalé en la carrocita.

A pedales

A pedales

Mi conclusión lógica de estar haciendo lo correcto no me liberó en absoluto del sentimiento de culpa, de la sensación de ser una desalmada por permitir que el pobre taxista cargara conmigo, y cada pedalada se hacía más y más pesada en mi pecho. En mitad de una cuesta en que su esfuerzo físico me estaba impidiendo respirar le pedí que se detuviera para hacer un par de fotos. Él recobró el aliento y yo me recompuse prometiéndome tratar de enfocar el paseo desde alguna perspectiva más positiva.

Con el calor aumentando y el sol bien alto sobre su cabeza, que yo tenía bien a la sombra, la decisión de no torturarme por mi decisión estaba resultando difícil de mantener cuando encontré una solución de compromiso. Le ordené detenerse de nuevo, esta vez junto a un puesto de zumo de caña, que abundan en Madurai. Me pedí uno y le pregunté si él también quería. Aún sorprendido se apresuró a asentir, así que fueron dos.

Camino del mercado

Camino del mercado

El chaval del puesto y sus amigotes me miraban divertidos y nos preguntaban cosas que él contestaba tímidamente, y yo no, porque no entendía nada. Así tras acabar mi zumo mirando al infinito retomamos la marcha.

Otra vez le pedí que parara en el mercado para comprar algo de fruta y aproveché para preguntarle si él quería algo. Murmuró: ¿Te? Así que fuimos a un chiringo de té. Yo pedí, ya que pagaba, y él cogió su vasito y se lo tomó a tres pasos de distancia aceptando discretamente la invitación pero sin mezclarse.

Sin embargo antes de despedirse sí que habló conmigo y me recomendó que regresara a Madurai a tiempo para asistir a un festival para el que ya se estaban preparando y me preguntó de donde era.

Nuestras sociedades parten de valores tan diferentes que nuestra concepción de la realidad no es la misma, y en ocasiones como ésta se hace tan patente que duele.

Así que en resumidas cuentas sólo pude comprobar que aún decidiendo libremente y con la mejor intención no encontré una respuesta que apaciguara a mi corazón ni a mi cabeza completamente,

A él se le veía satisfecho con dinero en el bolsillo para un par de días ganados muy dignamente, y nunca mejor dicho, con el sudor de su frente. Supongo que eso también cuenta.

 Otros datos prácticos:

Un taxi desde el aeropuerto al centro anda alrededor de las 400 rupias. Un poco menos sin el A/C, pero no paguéis hasta llegar o corréis el riesgo de que no lo enciendan. Por un autorickshaw no se debe pagar más de 200 y seguramente se puede conseguir por algo menos.

Meenakshi. El Templo Indescriptible

Y otra vez las palabras se me van a quedar cortas. Hay lugares en que no hay foto, retrato o descripción que les haga justicia, tal es su belleza natural. Hay otros en que la impronta de la creación humana deja una huella sensible: A veces es majestad, otras las cicatrices de los avatares de su historia, otras las plegarias con que los fieles veneraron o aún veneran deidades y poderes espirituales. Meenakshi es, sin duda, uno de éstos.

Torre Oeste

Torre Oeste

La aproximación al templo es de entrada desconcertante. Las calles que lo bordean por sus cuatro costados son peatonales, e incluso las que llegan a ellas, al carecer de salida, no tienen un tráfico ruidoso y atroz como el resto de la ciudad, de modo que a medida que se acerca, una de sus cuatro torres crece con cada paso en tamaño y detalle ante tus cada vez más asombrados ojos.

Cada punto cardinal tiene su torre y bajo ella, su entrada y todas son diferentes. Inabarcables, más que barrocas, repletas de dioses y demonios, de ojos que te observan y brazos que se alargan hacia ti, de rosas, amarillos, verdes y rojos, las torres se yerguen con orgullo tocando el cielo, fundiendo azules.

Insólitos Detalles Repletos de Brazos

Insólitos Detalles Repletos de Brazos

No importa si entras directamente o si rodeas sus costados, ni siquiera si te invitan a subir a la terraza de alguna de las tiendas de artesanía circundantes (No hace falta comprar, sólo mirar, es gratis, es gratis. Y gratis es, pero son pesados) y vislumbras las dimensiones del complejo. Aún no has visto nada.

 Enfrente de su puerta Este te topas con lo que parece otro templo: El Pudhu Mandapam no es sino un mercado textil y de sastres rodeado de nuevo de columnas repletas de dioses y bellas estatuas, que por lo que he podido comprobar la mayoría de los turistas y las guías pasan por alto… una lástima… y que en su día tuvo otras funciones y categoría. Arte, historia y vida diaria se confunden en sus galerías. Por lo pronto recorrerlo es fantástico y una experiencia poco común

Parte del Interior del Pudu Mandapam

Parte del Interior del Pudu Mandapam

Si lo atraviesas y sigues andando, llegas en pocos metros a las calles comerciales donde puedes encontrar frutos secos, especias, esencias de olor, fuegos artificiales y un millón de cosas más y que bien merece un paseo en el que seguro encontrarás algún detalle nuevo y sorprendente.

Las puertas dan a un amplio corredor descubierto y un gran patio, profusamente adornado si se acerca alguna festividad. Tiendas con recuerdos, ofrendas, pintura, velas, quemadores, aceite, lámparas votivas, comida y dulces, así como la solidez y frialdad de las enormes losas de piedra, le dan un aspecto medieval, o incluso muy anterior…Y nuevas puertas encarando a las exteriores muestran los accesos al santuario.

Rodeando este pasillo exterior, y entre los olores a sándalo y flores, de pronto se alza uno inesperado, y allí están, claro… vacas, sagradas sí, y de cornamenta verde y roja. Las puedes alimentar comprando espinacas sagradas, lo que te proporcionará toda una lista de beneficios bien documentados como salud, larga vida y un buen matrimonio. El olor, claro, era sagrado excremento…

En teoría pagas por entrar… yo quise, pero me preguntaron si era india, y me pareció tan insólita la pregunta que respondí… ¿sí? Y pasé. Lo cierto es que no prestan mucha atención salvo en el Salón de las Mil Columnas y el Museo, son sólo 50 rupias y las estatuas son dignas de ver.

Torre

Torre

El tráfico humano es constante: Brahmines, fieles caminando en círculos recitando plegarias alrededor de las figuras de los nueve planetas o yaciendo boca abajo con los brazos en cruz frente a un santuario, aplicando cúrcuma a la cabeza de Hanuman o prendiendo la mecha de una lamparita de aceite. Grupos grandes y pequeños, familiares o no, con vestimenta tradicional o moderna pellizcándose las orejas frente a la gran estatua de Ganesha o sentados por el suelo junto al estanque de gradas rojiblancas contemplando las pinturas de los techos o las columnas labradas, un séquito nupcial con banda de música, otros músicos sentados ante Narayana tocando y cantando kirtans devocionales ante un micrófono sofocando con sus letanías los cantos en movimiento de otras pequeñas compañías.

Los techos son más altos en algunas zonas permitiendo a las palomas apoderarse de pasillos enteros. En los rincones más oscuros los sonidos cambian y rebotan los agudos chillidos de los murciélagos que sobrevuelan las cabezas de quienes oran o meditan sentados en postura de loto.

Detalle

Detalle

Altares en las paredes, las columnas, en medio de ellas, deidades pintadas, labradas, exentas, de bronce o piedra, de colores o lisas, grandes y pequeñas, fieras o amables, informes o de figura humana o animal, adornados con guirnaldas de flores, rodeados de frutas y billetes… hasta al ateo más recalcitrante le invade la sensación de que quizás no había buscado a dios en el sitio adecuado y puede que aquí lo encuentre. Y en cualquier caso no es sólo su apasionante exotismo lo que te embriaga, sino una espiritualidad tangible, fe incondicional depositada entre esas paredes por siglos que evoca algún otro templo de distintas confesiones.

Los visitantes miramos desconcertados en todas direcciones con tanto que ver, que oír, que oler y que tocar. El templo es misterioso y la algarabía no le resta ni un ápice a su particular ambiente y la mezcla de olores contribuye: Huele a jazmín y gardenia, a aceite y a sándalo a comida y a especias. La distribución es laberíntica y te desorienta haciéndote pasar varias veces por el mismo sitio, que cada vez parece distinto porque reparas en nuevos detalles. Quedan zonas sin explorar, claro, a las que solo están autorizados a entrar los hindúes, y ni una foto del interior. Está prohibido. Te registran antes de entrar y no puedes llevar ni el móvil, aunque los locales sí que lo llevan y disparan sin ton ni son…

Al Anochecer

Al Anochecer

Cuando crees que has superado el umbral de la estupefacción, ves pasar un elefante lujosamente ataviado delante de tus narices. Sí, dentro del templo.

Me resisto a salir y me prometo volver, y lo hago a la mañana siguiente para fijar en mi memoria todo lo que no podré conservar en la de mi cámara. Las torres esta vez se hacen pequeñas y su contenido borroso, me giro a cada poco, no quiero darle la espalda. Impresionada para siempre, no hay palabras suficientes para relatar las sensaciones que te traspasan al visitarlo… Venid y haced la prueba.

Unas cuantas fotos para tratar de mostrar el exterior de Meenakshi, aunque me temo que la cámara no hace justicia en esta ocasión a la realidad:

http://www.flickr.com/photos/afuerasyalrededores/sets/72157633509027744/

Y éste artículo para quien quiera saber algo más del origen e historia del Pudhu Mandapam, hoy mercado de sastres:

http://articles.timesofindia.indiatimes.com/2012-11-01/travel/33678163_1_shops-chithirai-maduraiites

Las fotos de este lugar sorprendente se encuentran entre las de las calles de Madurai en el siguiente enlace:

http://www.flickr.com/photos/afuerasyalrededores/sets/72157633492890965/

El Té Igualador

Ya sé que dicen que la ceremonia del té es patrimonio de la cultura japonesa…

Mi Sitio de Té Favorito. West Fort

Mi Sitio de Té Favorito. West Fort

Será verdad, pero como en casi todo, referirse a algo en términos de exclusividad suele ser un error y en este caso lo es.

Y es que en el sur de la India se realiza también un servicio absolutamente protocolario del té a la par que socializador, ya que es un producto barato que acompañado de las sabrosas “vatas” constituye uno de los tentempiés habituales de la población local cuando no el desayuno o la cena. Y esto incluye al brahmín y al policía, al empresario, al pedigüeño, a la señora y al conductor de rickshaw.

Cacharros para Leche y Agua Hirviendo

Cacharros para Leche y Agua Hirviendo

Todos, sin excepción, son iguales ante la ollas plateadas y las gotas de chai salpicando en el vaso al caer.

Lo primero es pedirlo: “Chaia” y tienes un té con leche, que no con especias pues no se estila en el sur el masala chai. “strong, medium o light” según lo quieras más o menos cargado, y como no lo digas, siempre con azúcar.

El agua hierve permanentemente en lo que parece  una suerte de olla a presión diseñada por un niño, con un pequeño grifo que vierte su contenido sobre un colador de calcetín con una bola de té al fondo que se va sustituyendo por nuevas hojas a cada rato.

Añadiendo el Té

Añadiendo el Té

Repiquetean las dos cucharadas de azúcar blanco en el fondo de un vaso metálico con asa, encima va la leche, que al baño maría: olla sin asas flotando en al agua hirviendo de otra olla sin asas, está siempre lista para su adición y sobre ésto escurren el té desde el calcetín en mayor o menor cantidad.

El oficiante toma entonces tu vaso, de cristal transparente, de los que en Madrid servirían para tirar una caña, y levantando mucho el vasito metálico en el que reposan los ingredientes, los deja caer al vacío para hábilmente atrapar el liquido escanciado en tu vaso. Este proceso se repite dos o tres veces hasta que te entregan el cubilete,

Mezclando

Mezclando

sabedores de que leche, infusión y partículas dulces se han transformado en una bebida diferente y exclusiva.

Todo esto, por tan solo 6 rupias, al igual que las “vatas”, que te envuelven en papel encerado para protegerlas y de periódico por fuera para que no pierdan calor ni se endurezcan si te las quieres llevar. Si las tomas allí, alargas la mano y con o sin servilleta, te sirves. La variedad es amplia, más o menos según el local, y lo mismo ocurre con la calidad, desde la masa hasta el aceite.

La mezcla de harina sazonada para el rebozado de pimientos verdes, largos y picantes, o de plátano verde de freír (absolutamente delicioso),

Vatas Recién Hechas

Vatas Recién Hechas

es distinta de la que mezclada con cebolla, hojas de curry, jengibre, guindilla y otras especias compone una especie de rosquillas, o lo que llamo galletas picantes. La masa en la mayoría de los casos está hecha con la molienda de una legumbre (dahl) que anda entre el garbanzo y el altramuz pero de menor tamaño, y que ponen a remojo allí mismo.

Estos puestos de te en los que apenas paras unos minutos, están en la calle y de cara a la calle congregando como digo a viandantes de toda casta y condición especialmente para desayunar y merendar. En mi humilde opinión no se puede marchar uno del sur de la India sin haber probado el contenido y observado el protocolo del pueblo, entre tostados chorros de infusión y leche rebotando y queriendo escapar del vaso.

Y por tercera vez, el enlace a las fotos de la comida en Kerala donde también están las de este curioso ceremonial,

Pescado / Fish

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