Edimburgo. El Tartán Cosmopolita

North BridgeA pesar del frío, a pesar del viento, y no sólo el meteorológico, sino el que soplaba en mi pecho congelando mi corazón cuando la capital cultural de Escocia me sirvió de refugio. A pesar de la noche eterna que se instala en los meses de invierno, Edimburgo dispone de su propia luz, blanca y misteriosa, vívida y cálida, que junto con la naturaleza amable de sus gentes acoge por igual al aborigen que al foráneo.

Cosmopolita y moderna, trendy y alternativa sin renunciar a su esencia y remotas raíces, la niebla invernal que se cuela veloz por entre sus tejados escalonados transporta músicas de países lejanos lo mismo que tonadas tradicionales, conferencias de sesudos intelectuales de allende los mares y coloquios sobre cultura y costumbres ancestrales, el aroma de los haggis, el curry indio, la sopa del día y galletas de jengibre.

El Castillo en Castle RockTodo cabe en una ciudad encantada en las que las colinas se alzan con majestad en la verde llanura y los árboles, con hojas de mil colores, contemplan su castillo de cuento de hadas en lo alto de una de ellas.

 En la que pudo ser (y lo es en espíritu) capital de Escocia, los hilos del tartán son infinitos y multicolor conformando un entramado sociocultural que rivaliza por derecho propio con el “melpot” neoyorquino y cualquier otra metrópoli multirracial. Con grupos de tan diversas procedencias como propósitos, sus castas se superponen y entrecruzan reinventando día a día esta moderna urbe medieval y decimonónica, independiente y enraizada, cultureta y hipster, académica y mundana.

Personalmente, y diga lo que diga siempre me va a parecer que no le hago justicia. Muchas son ya las ciudades que me han tratado bien y he sentido mi casa, pero creo que ninguna ha sido tan cálida y maternal tan deprisa arropando mi escogido desarraigo geográfico en un abrazo cómplice y comprensivo. Reconozco que debí haber disfrutado del mismo con más intensidad, pero mi corazón, frágil aún y mi alma en rehabilitación no estaban para tantos trotes. Con todo, es de lejos una de las ciudades más recomendables para no sentirse ajeno, en la que es extremadamente sencillo encontrar actividades, grupos o intereses a los que unirse si es que se quiere saborear a Edimburgo más en profundidad. Si no, basta con echar a andar para toparse con todas sus sorpresas, bellos rincones, museos y paisajes.En el suelo

Puesto que mi visita al norte tenía como objetivo preparar un examen de inglés, y aunque me quedé durante todo un mes, seguí hilos del tartán escasamente transitados por turistas estudiantes o emigrantes dejando barrios enteros, paisajes y atracciones turísticas de lado para dedicarme a actividades que me facilitaran la practica de la conversación.

De este modo espontáneo y casual y al tomar contacto con la población local descubrí facetas menos evidentes y lugares curiosos que me habría perdido en una visita más convencional. Trataré de no dejar ninguno atrás y así aprovecharé la oportunidad que la escritura me brinda para revivir esos extraños días en que el una capital del norte a la que quedo eternamente agradecida se convirtió en mi centro y mi sur, y su frio en mi calor.

Algunas imágenes en https://flic.kr/s/aHsk6kMgHq

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