Los Habitantes de las Arenas

Son muchos los motivos por los que mis opiniones sobre las playas de Goa son las más gratuitas que se han vertido en este blog. Por descontado, el filtro por el que pasan lugares, personas y eventos aquí reflejados, no es otro que el de mis sentidos y por tanto, el relato es siempre mi opinión personal asociada a todas las circunstancias que me acompañaron en unos u otros momentos.

En el bus a Candolim

En el bus a Candolim

Para empezar no las visité todas, muy al contrario, sólo unas pocas y todas hacia el norte de Panjim. Aunque hay transporte público con el que llegar o al menos acercarse a la mayoría de ellas, el tiempo que inviertes en el viaje junto con el calor, el sol y la humedad, redujo enormemente mis ganas de acercarme al mar para quererme marchar a los pocos minutos. Así que mi visión es, para empezar, muy limitada.

Además, los visitantes de estos arenales vienen a pasarlo bien, cada uno a su manera, y todos sin mirar demasiado la cartera, así que con el cuento de que en su lugar de origen las cosas son más caras, el precio de casi todo es aquí desproporcionado y excesivo para mi exiguo presupuesto.

Con una experiencia parcial, mi valoración puede ser de lo más injusta, pero consciente de ello y aclarado este punto, la voy a hacer igual.

Anjuna

Anjuna

Todo aquello que me distanció de disfrutar las playas goanas no les resta ni un ápice de su belleza. Desde calas más bien recogidas y a los pies de un acantilado como Small Vagator, sin duda mi favorita de las que visité, hasta la infinita Candolim, tienen su encanto si consigues suprimir de tu visión el factor humano.

En el mejor de los casos sombrillas y hamacas de alquiler restan espontaneidad al paisaje tropical. En otros, la inoportunidad de las construcciones circundantes daña la vista, pero en todos los casos lo más llamativo es el componente tribal de cada playa.

Small Vagator

Small Vagator

Small Vagator, pequeña y con clase, se puebla de gente guapa y en la onda, y así de día o de noche sus cabañas y sus restaurantes, nada baratos pero de muy buena calidad, como el Thalassa, con impresionantes vistas, están llenos durante toda la temporada.

Candolim está poblada de rusos y británicos en su mayoría con un tono de piel entre blanquecino y rosado. Los anuncios de Vodka y cerveza por toda la playa y las listas de cócteles en las pizarras de cada chiringuito, junto con la música, altísima en cada uno de ellos crea un ambiente en el que al parecer se encuentran comodísimos y que para mi fue como mínimo, alienante.

Me queda Anjuna, la capital playera del Trance, en la que viejas glorias se levantan tarde y comienzan a beber y a colocarse y a bailar hasta que el sol vuelve a asomar. Los arenales de Anjuna son bonitos, y cómodos para nadar, con menos oleaje. Un paraíso de no ser por los locales alineados a pie de playa (aunque los haya bonitos). De día se puede comer o dejarse caer a la sombra tomando un zumo, un lassi, un té, o alcohol, claro, y de noche, los altavoces retumban y hacen temblar rítmicamente las tablas del suelo y las paredes del local y los corazones de los danzantes acelerados ya por el consumo de sustancias ilegales, muy fáciles de conseguir, por cierto.

Flea Market

Flea Market

Los miércoles se celebra el Flea Market, que nacido en los sesenta de manos del espíritu hippie, hace lo posible por conservarlo aunque desprende cierto tufillo a organización y negocio en el que se sustituyen zapatos por chanclas, baldosas por arena y chaqueta y corbata por tatuajes y piercings. Los productos son cada vez menos artesanales, y los que lo son o poseen alguna exclusividad, se ofrecen a precio de galería de arte del SoHo.

En resumidas cuentas, los habitantes de estas arenas, parecen repartirse el territorio por tribus y desdibujarlo a su imagen y semejanza generando una tendencia a la estandarización en el estar y la apariencia de los suyos, cierta fingida apostura con la que no me identifico Seguramente esta resistencia a sentirme integrada en una de ellas o el hecho de no haber encontrado la mía me distanciaron de apreciar la esencia desnuda de localizaciones tan hermosas.

Me queda la espinita de no haber visitado Palolem. Aunque me cuentan que ya no es lo que era, parece que los de esa tribu van buscando paz y tranquilidad, y que se nota.

La visita a las playas de Goa es obligada, y sin duda todo un crisol para la observación del comportamiento del humano vacacional ejerciendo de lo que probablemente no es el resto del año.

Por ahora me quedo con el carácter particular y entrañable de Panjim, y dejo los arenales a sus moradores con la condición de que de vez en cuando me permitan acercarme a darme un baño. Cuando vuelva, que lo haré, será a practicar yoga al estilo occidental, y tendré una visión nueva y diferente (o no)… y os lo haré saber.

Algunas fotos más aquí: https://flic.kr/s/aHsjF1crzb

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Ponda: La Goa Interior, los Templos y el Notas

Es inevitable, hay ciertos conceptos fuertemente ligados a Goa, como la playa y el mar, pero con solo desplazarse unos kilómetros hacia el interior se revelan nuevos y fascinantes aspectos de estas tierras con poco en común con la costa turística o el centro urbano de Panjim.

Colina arriba y abajo en dirección a Ponda con la excusa de visitar un par de templos, el paisaje, tropical todo él, alterna tonos de verde de plantaciones de especias o caña con palmeras, cocoteros, bananeros y frutales, ríos que cruzan una y otra vez los caminos y el sol que tan pronto te vigila con rigor como desaparece oculto tras la frondosa vegetación.

La población de Ponda no tiene gran interés. Es un cruce de caminos en el que se puede encontrar un poco de todo, hasta un zumito de caña. Nosotros encontramos al notas.

¿Coca Cola o Pepsi? en Ponda.

¿Coca Cola o Pepsi? en Ponda.

Privilegios de contar con amigos en tantos rincones del mundo (gracias, muchas, todas y más Uxi y Óscar) esta fue una excursión en coche, yo al mapa y Óscar, experto ya en las normas no escritas del caótico tráfico indio, al volante.

El notas, que hacía nada por la calle o eso parecía, se ofreció a guiarnos a algún sitio donde Óscar pudiera encontrar tabaco. Menudo y sonriente, daba instrucciones lacónicas y repetitivas en su escaso inglés desde el asiento de atrás: ahead, ahead. Slow, slow…

Al preguntarle como llegar a Mardol y Priol para visitar sus templos, se volvió a subir al coche. Y así con un guía improvisado, nos dirigimos primero al templo de Mahalasa Narayani.

El recinto es grande y estaban en fiestas, por lo que estaba rodeado de puestos en que se vendían desde esencias o sándalo hasta ribetes de ganchillo de todos los colores. Una gran vaca blanca yacía a la sombra a uno de los lados del templo, al que nos estaba vedada la entrada,

Vaca Sagrada en Mardol

Vaca Sagrada en Mardol

contemplando con tranquilidad unos carros con figuras de animales para los desfiles religiosos que en occidente serían la atracción de la feria girando en un tiovivo.

El notas vagaba adelante y atrás, todo sonrisa, puede que divertido por nuestro acento o porque de algún modo entendía nuestra conversación… y es que, por inquietante que resulte, a veces eso era lo que parecía.

Si en principio creímos que ahí se acababa su misión, resultó que no, y resuelto regresó a su puesto de mando en el asiento trasero del coche, para retomar la letanía de indicaciones y una conversación con Óscar en que ambos hablaban respetando turnos pero la comunicación brillaba por su ausencia y yo aún lamento no haber grabado.

Así llegamos al Templo de Shree Manguesh en Priol y su enorme estanque a la entrada.

Templo de Mahalasa Narayani

Templo de Mahalasa Narayani

En éste sí nos dejaron entrar… y salir, y allí seguía el notas, que ya había rehusado a decirnos su nombre al menos una docena de veces.

A estas altura y a punto de iniciar el camino de retorno ya nos preguntábamos si querría algo, pero rechazó la propina cada vez que se la ofrecimos y de vuelta al coche nos pidió que le lleváramos a la estación de autobuses de Panjim… puede que solo quisiera dar un paseo en coche…

No hubo forma de sacarle una foto o de averiguar su nombre, no aceptó dinero o que lo acercáramos a donde le recogimos, y allí se quedaron la expresión divertida y la mirada traviesa como riéndose de nosotros mientras nos alejábamos dejando atrás Ponda, los templos, la selva, y como no, al notas.

Cosas que pasan en la India…

Para que os hagais una idea de  casi todo…  unas pocas fotos… ninguna del notas.

Shree Mangueshi Temple, Priol

Panjim: Viajes Espacio-Temporales

“Campal Miramar Market Market Miramar Market”, con acento en la “e”. Probad a repetirlo sin respirar. Ese fue mi primer contacto con Panjim en la estación de autobuses de Kadamba. A razón de 5 rupias por trayecto, vayas a donde vayas, esta línea en concreto recorre toda la costa urbana, y no tarda mucho, salvo que el cobrador haya decidido que el bus no está suficientemente lleno.

Por supuesto la encuentras preguntado, porque no entiendes ni una palabra de la cantinela, pero da igual. Subes, les dices a donde vas, tres veces, claro, y ellos te indican cual es tu parada.

Campal

Campal

Anclados en el mar, los barcos casino, que como siempre, me resistí a visitar y ahora me pregunto como serán… y en la costa pequeñas tabernas propias de la versión más luminosa del barrio viejo de Oporto.

Campal, barrio sossegado como el que más, alterna edificios modernos y anodinos con cuadrículas de casonas coloniales conservadas irregularmente a la sombra de árboles frondosos y añejos como la arquitectura a la que dan cobijo. Curioseando y tomando fotos a hurtadillas de una hermosa mansión amarilla, salió a mi encuentro su dueño un veterano profesor de violín, enamorado de la música española que me invitó a visitar la mansión también en su interior.

Techos altos, muebles y paños de los que ya no se fabrican. Suelos de baldosín. Y en cuanto me oye hablar en inglés adivina mi acento y me contesta en portugués, y para su sorpresa, yo a él en gallego.

Brindis con Vinho de Goa

Brindis con Vinho de Goa

Amigos ya, me ofrece un vaso de vino de Goa, no tan contundente como un buen Alentejo, pero sin duda un tinto más que digno.

El Profesor Antonio Peregrino da Costa puso a funcionar todos mis sentidos con su afable introducción al sossegado y a su hogar: Mis ojos no queriendo dejar escapar detalles que me trasladaban a otro tiempo, el tacto de los muebles, del vino y del aire, el gusto y el olor de la bebida, primer trago alcohólico en más de un mes, y mis oídos, tratando de retener los pormenores de una vida que se movió por más de medio mundo cuando no era tan sencillo como hoy, de Macao a Brasil para finalmente reposar en la tranquila casa familiar de este curioso reducto de India, donde su nuera, residente en Londres y encinta, nos hace una foto para conmemorar el encuentro.

Agradecida, prometí dedicar unas palabras a su cortesía, así como volver a visitarle si regreso alguna vez a las tierras de Goa.

En el centro de Panjim se encuentra la Iglesia de la Inmaculada Concepción. Blanca, con esas escaleras cruzadas tan portuguesas…

Y subí, para comprobar que estaba cerrada.

Y al darme la vuelta, para contemplar una postal digna de la Sicilia de los años 50. Desde el color del cielo a los scooters con pilotos sin casco, y a falta del cartel de Martini, el rojo de la coca-cola no se sabe si compitiendo o acompañando al azul pepsi.

Centro de Panjim

Centro de Panjim

Las casas coloniales en mejor o peor estado rivalizan en un desigual rango de siempre bien combinados colores… eso, o es que todos ellos quedan bien con el azul del cielo.

Pero en cuanto caminas unos metros, Panjim se vuelve a transformar, al aparecer ante tus ojos una mezquita y carteles en árabe jalonando los Lakshmi Electronics o los Rodrigues y Menendes, y unos metros más adelante un templo hindú en honor a Krishna que oculta de la visión el verdaderamente importante, el Templo de Mahalakshmi, con multitud de pequeños altares a Ganesha, Hanuman y otros tantos., y enseguida, dos templos de Sai Baba. Grandes Higueras y abundante vegetación entre edificios puede hacer pensar que has abandonado el centro urbano, pero no.

Pero hay más, si desde aquí caminas hacia el mar todo cambia de nuevo. La actividad crece y alcanzas la zona del Mercado, con varias manzanas dedicadas a la mercadería de flores, anacardos, alcohol, adornos para fiestas, el mercado de verduras y el de pescado. Sardinas, pez espada, almejas, gambas raras y descoloridas. Mucho muy fresco y parte no tanto. Es difícil decir si sorprenden más los parecidos o las diferencias: Las pescas reclaman tu atención igual, y preparan cucuruchos de periódico para entregarte la mercancía, da igual si les has dicho que no unas treinta veces. Demuestran allí mismo su habilidad para pelar gambas y pescado crudo, exponiéndolo con alegría a las moscas, pero, al parecer, haciéndolo más atractivo al comprador. No llegué a descubrir el por qué.

El de vegetales, esclarece al instante el interés que despertaba controlar las rutas comerciales. El olor y color de las infinitas especias, hierbas, frutas y flores inundan los sentidos, y por una vez, la cámara no hace justicia a la realidad.

De camino hacia Miramar, todo se diluye menos los grandes árboles y el calor. Menos actividad, y empiezan a escasear las tiendas aumentando las viviendas. Alternando calles menores con la vía principal, paso junto a una iglesia católica, blanca, achatada y repleta de feligreses y ventiladores, y me doy cuenta de lo que echo en falta: el incesante sonido de fondo de las chicharras, y estoy en el Mar Menor

Iglesia del Espíritu Santo

Iglesia del Espíritu Santo

Y Panjim, continúa su metamorfosis si al salir de la Iglesia de la Inmaculada Concepción vuelves a la estación de Kadamba, a unos quince minutos andando. Bajando hacia el río que hay que cruzar, sólo el vendedor de zumo de caña me despista. Bien podría estar en el Perú amazónico: casitas bajas, calles estrechas, mucho color y más calor.

De vuelta en la estación, llego preguntando a la oficina de reservas de ferrocarril y de nuevo consigo un billete para dentro de unos días. Coge número, paga, rellena un formulario que no entiendes, dirígete a ventanilla cuando anuncien tu número y mientras tratas de entenderte con la funcionaria, ayuda desde tu ignorancia a la buena señora que quiere sacar un montón de billetes a no sé dónde y que por lo visto, me confunde con una profesional.

Conseguido el billete, este ya es terreno conocido: “Campal Miramar Market Market Miramar Market”, y con calma, camino de vuelta.

Aquí os dejo el enlace para unas cuantas fotos más:

Coctelería de Eufemia Rita / Eufemia Rita's Cocktail Bar

Goa Velha: Catolicismo portugués y colonial

No es fácil adivinar que sigues en la India paseando por Goa Velha, ni siquiera que estás en los trópicos. Tan sólo pequeños detalles lo delatan, pero no la arquitectura, y tampoco la vegetación que no es aquí tan obvia… salvo por un detalle, especialmente si como yo la visitas a mediodía: El calor es abrasador y agradeces que el aire se mueva por caliente que esté.

Al norte de Panjim y bordeando el mar se accede a este reducto católico y colonial, en el que las notas exóticas y cierta sencillez compensan el habitual exceso de los templos lusos.

En pocos metros se alzan tres iglesias muy diferentes:

Losa en Santa Catalina

Losa en Santa Catalina

La pequeña y recogida capilla de Santa Catalina, vacía por dentro y rodeada de restos de tumbas y piedras talladas en una mezcla de iconografía y caligrafías de oriente y occidente.

La Catedral de Goa, la más grande de Asia. Blanca y sencilla, amplia y colonial, .

Y por fin la Iglesia de San Francisco Javier, que evangelizó estas tierras goanas y al que se le tiene especial devoción, ya que falleció aquí y su cuerpo permanece incorrupto y conservado en el ala derecha de la iglesia, que solo abandona en fechas señaladas. El año que viene le toca salir en procesión.

Es ésta sin duda, y no sólo por la momia, la más interesante de las tres. Su fachada es inhabitual en Asia o en cualquier colonia. No es blanca, no es lisa, desde el rosetón hasta la piedra te traslada a Europa.

Una vez dentro hay multitud de detalles sorprendentes: Desde la disposición de las velas que recuerda a los templos chinos más que a una iglesia católica, a la expresión naif de alguna de sus imágenes o la violencia que refleja su cristo crucificado en la cantidad de sangre que mancha su cuerpo.

Se reserva un ala del claustro para el descanso de los peregrinos, y es que vienen de lejos y tienen poco, pero aquí, entre el calor y las costumbres, lo mismo te sientas en el suelo que en una silla para charlar con una señora de sesenta años. Y si tienes sueño, pues donde estés te echas a dormir. El patio es fresco y ofrece cobijo del sol y de la lluvia, que más se puede pedir.

Velas católicas al estilo asiático

Velas católicas al estilo asiático

Para los hindúes es costumbre que las poojas u ofrendas tengan un precio fijo. Aquí igual, y si quieres ofrecer una misa, o dos, o que se diga el nombre de alguien una vez, o más… tienes que cubrir el formulario con los datos y la pasta adjunta en el cepillo, y tus plegarias será atendidas.

Para bien o para mal lo espiritual en la India es cotidiano, así que nadie oculta que toma decisiones en función de costumbres ancestrales, supersticiones o la opinión del astrólogo. Igualmente, a los Brahmines y a los curas hay que mantenerlos para que puedan realizar sus labores sin preocuparse de asuntos mundanos. La transparencia y normalidad con lo que todo ello sucede hace que nuestra forma de hacer las cosas  parezca a veces un tanto absurda.

Tendré que volver en otra ocasión en cualquier caso porque al parecer hay un par de lugares más dignos de visitar, como un museo de cera que se promete horripilante.

Fotos:

Lápida / Gravestone

Goa: Influencias a la Carta

Era de esperar que en una región tan particular como lo es Goa dentro de la India, las diferencias se hicieran notar a la hora de comer, y así es.

 Por supuesto, en gran parte se debe a la influencia portuguesa, y por obra y gracia de su colonización, el alcohol no está prohibido, y el vino se consume con normalidad acompañando a la comida en los restaurantes de comida goesa o internacional. Incluso elaboran tintos locales, unos con más fortuna que otros… Por lo poco que probé, los secos se pueden beber aunque no sean sensacionales. No puedo decir lo mismo de sus “Porto”. El que probé era un moscatel tan vulgar que aquí no lo querríamos ni para vino de misa.

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Comida en el Spynick

Hasta tienen Arrak, una especie de aguardiente, de caña o de anacardo que tiene pinta de ser bastante peligroso.

También el consumo de carne y pescado es mayor así como las especialidades en su preparación. Hay restaurantes estilosos y caros cuya carta se limita a las recetas locales pero mi bolsillo me aconsejó limitarme a opciones más asequibles.

En general, al pescado y al marisco lo esconden bajo tal cantidad de especias que casi no se les reconoce, y curiosamente, no es porque no lo puedas encontrar fresco fresquísimo en el mercado. Fan como soy de la cocina india, admito que con el marisco no me han conquistado, y con el pescado… poco, diría que la galleguidad costera me ha acostumbrado a unos estándares de calidad y sabor en estado puro que me hacen poco proclive a otros experimentos si no fuera porque lo que hacen chinos y japoneses con los animalitos del mar al llevarlos a la mesa sí me gusta.

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Máquina de Zumo de Caña

Pero mi descubrimiento gastronómico en Goa no fue tanto la comida o el Masala Chai, de los que no tengo queja gracias al buen hacer de mi amigo Edmond, del Spynick en Miramar, sino el zumo de caña… Quién me iba a decir que cuando espachurras bien la caña de azúcar sale un líquido espeso, casi transparente y dulce aunque menos de lo que podrías esperar. Hay puestos ambulantes por doquier. Mecánica colorista digna de Willy Wonka, en la que a la golosa bebida le mezclan lima, si quieres hielo y a veces jengibre, todo un aporte energético y bastante sano, ya que el dulce está sin refinar y a él se unen no pocos minerales y vitaminas. Un vaso por tan solo 10 rupias (aunque discriminándote por el color de tu piel te pueden pedir bastante más)

Eso,  y la lima dulce y salada, que viene siendo echarle sal y lima a un refresco de soda, vamos un Acuarius menos dulzón y de andar por casa… y el té con leche y jengibre, por el que no habría apostado jamás y resulta que está bueno.

La zona es además la principal productora de anacardos de la India. Los frutos secos de calidad no son baratos y quien tiene buen producto, vende el anacardo de Goa. Es fácil encontrar tiendas dedicadas casi en exclusiva a esta semilla comestible y sus derivados.

Verduras en el Mercado de Panjim

Verduras en el Mercado de Panjim

También el tamarindo y las especias abundan y se venden en el mercado a granel o envasadas.

Otro punto a favor de Goa es el chocolate… la producción repostera de la zona no se limita al repertorio indio, de por sí amplio pero cuyo repertorio de sabores se nos antoja extraño mucha veces a los paladares occidentales, con lo que es fácil encontrar brownies, galletas y otros pasteles, como los de banana, muy sabrosos, y que si no son caseros y naturales, desde luego lo parecen.

En resumen, en Goa es fácil encontrar el repertorio clásico de la comida india, ya no tan del sur, y no sólo vegetariana, pero también la fusión autóctona de la cocina goesa, los pescados y mariscos, una buena oferta de cocina internacional tanto en el casco urbano como en las playas, y para quien le guste, restaurantes de “comida rápida” de varias marcas muy conocidas.

Vamos, que en Goa podrás comer aunque no te guste la comida india o te hayas cansado del arroz, acompañarlo de una copa de vino o una cervecita, y además tomar un buen postre. ¿Qué más se puede pedir? Ah sí, un zumito de caña a media tarde.

Goa y el Sossegado. La India a Cámara Lenta.

Se reía el vecino de Óscar, un vigués que dirige con éxito las filas del Sporting de Goa y que fue mi anfitrión en Panjim. Se reía cuando ante la pregunta de si había disfrutado mi corta estancia en Goa, le respondía sin apenas pensarlo: “Oh, yes, it has a different rhythm. Goa is slow motion India” (tiene un ritmo diferente, Goa es India a cámara lenta). Y es que no sé si es la tropicalidad o el burgués toque colonial portugués, pero por momentos no sabes si estás en India o en cualquier otro país selvático y tropical.

¿Trópico? Claro, pero ¿Asia o América?

¿Trópico? Claro, pero ¿Asia o América?

 Aquí la polución es menor, los atascos de tráfico, más llevaderos, hay más motos y menos rickshaws y coches. Y si bien hay cosas en cualquier parte de la India para las que te van a hacer esperar, que duda cabe, aquí puedes tardar más en que se llene el autobús que te lleva al otro extremo del casco urbano en Panjim de lo que tardarías en ir andando, pero es lo normal.

 Y no debo andar muy desencaminada en mi apreciación, ya que fue Eufemia Rita, la Testigo de Jehová que regenta una colorista coctelería junto al mercado de pescado la que me recordó el término “sossegado” cuando le mencioné mi sensación sobre el particular ritmo de Goa. Los lugareños están orgullosos de una expresión que les define como  relajados y multiculturales desde la etnia a la religión,

Coctelería junto al mercado de pescado de Panjim

Coctelería junto al mercado de pescado de Panjim

tolerantes con el vestir, las costumbres y el alcohol, que, parte de la cultura local por obra y gracia de la influencia lusitana, mantiene un estatus, presencia y permisividad desconocidos en el resto de la India, contando incluso con producción propia.

La carne se presenta hasta en embutido, el pescado y el marisco enriquecen el paladar de pudientes y turistas y el bolsillo de florecientes negocios a pie de mar.

Los nativos de Goa te invitan a conocer sus espacios en un intercambio de curiosidades que las buenas maneras han condenado en la mayor parte del mundo a la desaparición basada en una absurda desconfianza.

Y todo esto sin salir de lo que en otros lugares de India sería el ritmo frenético del tráfico urbano.

Las playas más o menos cercanas, hermosos paisajes y refugio de hippies, ex hippies, neo hippies, pijippies, hipsters y yoguis, iluminados, seguidores del trance, drogadictos de todas las especies y rusos y británicos fofos, blancos y rosados, me convencen

Campal, en Panjim

Campal, en Panjim

menos que la autenticidad del “sossegado” donde la esencia de cada cultura se ha conjugado a la perfección en una combinación encantadora y fluida, tanto que remeda a la naturaleza y cuesta imaginar que Goa no haya sido siempre así.

Es fácil tener la sensación aquí de que el tiempo se detiene. Es fácil también que cada día se parezca al anterior. Y aunque existe la cara oscura de Goa (vertederos a una calle de la avenida principal, chabolismo semi urbano junto a la estación de autobuses…) todo se difumina. A cámara lenta y observando el “sossegado”, se puede disfrutar de cada color y cada aroma, de los árboles exóticos de un jardín botánico en medio de la ciudad que pasa desapercibido en el trayecto de autobús, de la amable curiosidad de los habitantes de una ciudad cortés luminosa y cordial, donde la vida parece lo que es: fácil.

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