Varkala: La Roca, la Arena y el Mar

Varkala es una localidad costera de Kerala no muy grande al norte de Thiruvananthapuram a la que es fácil llegar en autobús, aunque tarda al menos hora y media, o en tren, desde media hora en adelante.

Varkala Beach

Varkala Beach

Pero no es el pueblo o la visita a su curioso templo lo que atrae masivamente a turistas extranjeros o incluso a los locales, sino las playas que tendidas a los pies de un escarpado acantilado, se extienden hacia el norte, ajenas sus blancas arenas y las olas azules que las golpean a todo lo que ocurre arriba, en el paseo del acantilado.

Y es que en la primera y mayor de las playas de Varkala conviven mundos complementarios e independientes… en su primer tramo, ocupado mayoritariamente por la población local, los bañistas se alternan con los creyentes que se acercan a los manantiales que nacen en la roca y se bañan en ellos ya que este agua se considera sagrada.

Más adelante. la palidez en la piel de los bañistas así como la escasez de tela en sus trajes de baño evidencian el cambio de público. Aunque hay tumbonas, y sobre todo sombrillas, la cantidad es significativamente menor que en Kovalam, y el perfil del visitante más heterodoxo: familias con niños pequeños, esqueléticos practicantes de yoga, hippies añejos; aunque en general, con escasa tendencia al sobrepeso y en bastante buena forma, probablemente porque las escaleras que a cada tramo comunican la arena con el paseo, allá en lo alto, no son aptas para todas las piernas.

Costa de Varkala Hacia el Norte

Costa de Varkala Hacia el Norte

A las siguientes playas, más pequeñas, se llega caminando por el acantilado. Son tranquilas y el entorno resulta mucho más natural, relajante y atractivo que el de Kovalam, y para gustos, más que el de la playa grande. Por si fuera poco, los pescadores faenan cantando y las águilas y las garzas te sobrevuelan con una familiaridad que impresiona y no quieres pestañear para fijar en la retina tanta belleza, y retener en la cámara cada detalle con la seguridad de que no has tenido que añadir nada, porque era perfecto.

El acantilado es otro mundo. Desde la arena no se aprecia porque se confunde con la vegetación y las pasarelas de madera, pero desde el comienzo del paseo, restaurantes, comercios de artesanía, ropa, sastres, resorts, hoteles, centros de belleza y masaje, ofertas de yoga, ayurveda o reiki se suceden no sólo en primera línea sino bastantes metros hacia el interior.

Despidiéndome del Sol en Varkala

Despidiéndome del Sol en Varkala

Los precios varían según la categoría de hoteles y restaurantes y dependiendo de la temporada. Como en Kovalam, todo es más caro que en la ciudad, pero el alojamiento cuando la afluencia baja y la competencia aumenta, puede llegar a ser bastante económico, desde unas 300 rupias, eso sí, sin lujos.

La vida nocturna, que la hay, aunque yo no la fui a buscar, se concentra en unos cuantos locales con música en directo. No hay toda una industria de la noche como en Goa, y es que aquí, la mayoría busca levantarse temprano para hacer yoga, recibir un tratamiento o simplemente ir a la playa.

La oferta gastronómica es amplia y normalmente, tirando a cara. Yo tuve suerte y comí muy bien y a precio razonable en el Hungry Eye.

Varkala es seguramente la mejor opción cerca de Trivandrum para pasar unos días en la playa para casi todos los gustos. La comodidad se combina con la belleza del lugar igual que la solidez ocre de la roca se funde con la mullida alfombra beige que la arena tiende hacia el océano.

La puesta de sol desde lo alto permite mirar al sol cara a cara, incluso por encima del hombro. Un sol, que como en las Rías Baixas, duerme cada noche en el mar, tiñendo el cielo de naranja y rosa cuando toca el agua.

 Unas fotos de Varkala,

Estanque del Templo / Temple Pond

Y un álbum sólo de pájaros… esa mañana mi cámara no pudo tener más suerte…

Garzas / Cranes
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Kovalam y su Entorno: Benidorm en la India y Otras Opciones

Playa, paseo, tiendas y restaurantes en primera línea, hamacas, sombrillas, todo por y para el turista, para el turista… extranjero.

Esta playa del sur muy al sur de las Islas Británicas o puede que de Rusia acoge no solo a estas nacionales pero si en una aplastante mayoría en temporada alta. Puedes oír hablar sueco, alemán, francés inglés o ruso e incluso chino en cuestión de metros. Y como suele ocurrir en estos casos la playa no es gran cosa, y además tiene cierto peligro. Todos los años el mar se traga algún visitante que se fía de unas olas potentes y traidoras.

Kovalam, Playa del Faro . Hay gente, pero la tengo detrás.

Kovalam, Playa del Faro . Hay gente, pero la tengo detrás.

Aquí, acercarse a la playa después de las 10 de la mañana requiere mucho valor y poco cerebro. El sol es abrasador de una forma agresiva… en cuestión de minutos puedes tener quemaduras que a los dos días se manifiestan en forma de ampollas en la piel.

Los residentes locales, que no se terminan de acostumbrar a la presencia de “suecas” y no suecas enseñando tantas carnes, pasean y pasman embobados o hacen chistes entre ellos a prudente distancia (algo más de lo que alcanzaría una piedra lanzada certeramente) y se ríen como si tuvieran cinco años y alguien hubiera mencionado los cuartos traseros usando la palabra de cuatro letras.

Los más acostumbrados a tratar con las turistas, que a veces dominan varios idiomas, no pierden oportunidad de tener una conversación por muy absurda que pueda ser. Me pregunto si fantasean con la idea de la rendición romántica de la extranjera de turno como si fuera una cuestión estadística… van 782… ¡La próxima cae!.

Barca de Pesca. Kovalam

Barca de Pesca. Kovalam

Ofertan ropa, fruta, agua, te alquilan hamacas y sombrillas y te las instalan donde quieras, una y otra vez… y en comparación con la ciudad, es bastante caro. Un zumo puede costar desde tres veces más que en Trivandrum hasta… vete a saber. Y es que el turismo de esta ciudad costera con magnífico pescado pasa de una semana a un mes aquí pensando que todo es muy barato, en una burbuja en la que no dejan de medir el gasto por su moneda de origen.

Es además uno de los pocos lugares de Kerala donde es fácil conseguir alcohol (caro) y lícito consumirlo abiertamente.

Y no es que no se acerquen indios a estas playas. Muchos, y especialmente los domingos. Familias enteras se bañan y juegan con las olas. Ellas con la ropa que lleven, da igual, lentejuelas submarinas… ellos desde camiseta y dothi hasta minúsculos bañadores, todo vale. Lo que no hacen es tomar el sol.

Dicho todo esto, Kovalam tiene auténticos devotos que vuelven año tras año. Yo no le acabo de ver la gracia, como a Benidorm y en general al turismo playero y clásico residencial, pero existe alguna otra opción.

En Kovalam hay tres playas seguidas desde la parada del autobús: La negra, la del faro y Rockholm (el nombre de un hotel que hay encima). A la primera acude masivamente la población local.

La segunda es la del paseo, donde no dejarán de ofrecerte de todo ni por un instante.

Pescadores recogiendo las redes en Kovalam

Pescadores recogiendo las redes en Kovalam

En cualquiera de estas dos es más cómodo estar cuando baja la temporada del turismo extranjero a partir de marzo o abril.

Eso sí, si te acercas lo suficientemente temprano, en ellas podrás ver a los pescadores sacando las redes del agua a ritmo de canción, tirando de las cuerdas de las que cuelga la red… una forma de arrastre que pueden ejercer porque el agua está tan caliente que no importa meterse en ella para faenar.

Rockholm está más aislada pero al tiempo, vigilada desde el acceso privado del hotel, así que es segura y tranquila. Rodeada además de rocas y un pequeño acantilado no es fácil darse cuenta de que estás tan cerca de la civilización.

Rockholm Beach

Rockholm Beach

Por si fuera poco, solo una frutera y un encargado de las hamacas suelen andar por allí, y es raro encontrar más de 10 personas, así que impera la calma… menos en el mar, que es bravo y retorcido, pudiendo recibir una embestida de una ola desde la dirección más insospechada y cuando menos te lo esperas.

Se tardan unos quince minutos andando el camino desde Rockholm a la parada del autobús local (14 rupias sin AC y 26 con él) que en media hora escasa te lleva desde el East Fort. Y se hacen bien a la ida cuando el sol todavía no está alto, pero… ¡ay!a la vuelta.

Incluso puedes parar a comer algo en el Sunrise, cogiendo un callejón en el final del paseo de la playa del faro: Vegetariano muy lento pero casero y muy sabroso, es una de las mejores opciones calidad precio (aunque en comparación con la ciudad siga siendo caro). Más a la vista, en un primero, el Fusión es una solución más elegante y de mayor precio, pero no abusivo para lo que da.

Pulinkudi

Pulinkudi

Por el pescado, salvo que tiene muy buena pinta, no me pregunteis, que no está el presupuesto para bromas.

Y claro, también se puede uno quedar a dormir y aprovechar para contemplar la hermosa puesta de sol sobre el Mar de las Laquedivas.

Hay otras playas más bonitas y salvajes aunque algo más a desmano como Pulinkudi o Chowara un poco más adelante, a las que normalmente sólo van los turistas que se hospedan en los lujosísimos resorts adyacentes. En el entorno tanto de estas como de Kovalam, es fácil encontrar clínicas de tratamientos ayurvédicos que atraen también a su turismo específico.

Kovalam es una opción cómoda y tranquila con un gran rango de oferta hotelera para descansar unos días o para ir y venir desde Trivandrum, y que en mi opinión gana con la temporada baja aunque (o porque) parte de las tiendas y los locales estén cerrados.

El álbum:

Rockholm Beach

Festivales de Marzo

Caer en Kerala durante el mes de marzo (marzo-abril en realidad según su calendario) sin previo aviso es una vivencia desconcertante para el visitante occidental, como para mi lo fue aquí en Thiruvananthapuram. Si ya de diario nos resulta exótica la expresión de la religiosidad en la India, durante este mes, cada día puedes toparte con una estampa más sorprendente que la anterior.

Templo ataviado para el Aanayoottu

Templo ataviado para el Aanayoottu

Y como dan todo por supuesto, si preguntas lo que está pasando te dirán “festival, festival” y la primera vez, cuela, puede que incluso a la tercera… después te das cuenta de que es imposible que tengas tanta puntería de dar con todos los festivales, y sospechas que no trabajan porque están todo el día de juerga (y toda la noche) para finalmente descubrir que durante este mes hay toda una escalada de celebraciones religiosas por barrios, por templos, con procesiones, con bendiciones de puerta en puerta con elefantes, comida, flores pórticos hechos de troncos de banana con los racimos aún verdes que maduran día a día ante tus ojos, música, tambores, ornamentos, gente rezando, lámparas votivas, pujas, fuego sagrado, sándalo, jazmín, representaciones, procesiones, elefantes… y seguro que me estoy olvidando de cosas…

Y la progresión continúa para culminar en los días de luna llena.

Así, un día reparas en unos dibujos geométricos hechos con tiza en el suelo ante la entrada de cada casa. Por la noche, cuando buscas la tormenta, te das cuenta de que esta vez no son truenos y el cielo está estrellado, pero no libran los petardos y fuegos artificiales ni una sola noche, ciudad por ciudad, barrio por barrio, templo por templo.

Uno de los Pandavas ante Padmanabhawasmy

Uno de los Pandavas ante Padmanabhawasmy

Otro día, señores con lámparas de fuego tocando tambores raros siguen algo que parece un cisne de papel grande como una carroza.

Al siguiente, un templo está profusamente adornado y todo huele a flores por los pétalos que han arrojado hace sólo unos minutos.

Los elefantes circulan con relativa normalidad de camino a algún templo o ya ataviados, desfilando en procesión.

Cuando ya te han avisado de que dentro de un par de días es la luna llena y te puedes preparar porque ese festival es gordo, pasas por delante del Templo de Padmanabhaswamy y hay cuatro muñecos gigantescos con la mirada fija vestidos de rojo.

Preguntas. Responden: “Festival, festival”. Pero… ¿no era en un par de días?… “Otro, otro, mm, mm” y le dan a la cabeza con el consabido meneíto. Todo claro.

Aanayoottu

Aanayoottu

La víspera de la luna llena hay una calle cortada cerca del templo donde según me cuentan van a representar una escena de caza relacionada con alguna leyenda de la épica hindú. Debe ser digna de ver pero me pilla cansada para esperar y aún más para volver.

La progresión de celebraciones alcanza su cenit, llega la luna llena y cabalgatas y funciones se suceden en todas partes y a todas horas.

Llega el gran día y me van a llevar a la procesión que es por la tarde, pero casi a empujones me sacan de casa a eso de las once de la mañana:

“Elefantes, elefantes”… las trabajadoras de la clínica donde vivo estos días han descubierto que me gusta ver a los paquidermos y me llevan al Templo a ver cómo les dan de comer y los bendicen antes de que por la tarde salgan en procesión con el Rey de Kerala… pero todo esto lo descubro al llegar al Templo… yo solo las seguí.

Soldadesca Tradicional

Soldadesca Tradicional

Hay fotos, y muchas, del evento, el Aanayoottu, que es un lujo poder vivir a pesar del apelotonamiento. Absolútamente exótico e incomprensible a nuestros ojos, describirlo resulta más que difícil. Parece cualquier cosa menos espiritual, pero allí la gente reza mientras los elefantes comen.

Por la tarde, cerca del templo comienza la procesión con bandas de música soldados con lanzas, imágenes de dioses y los elefantes en sus mejores galas, y continuará durante unos cuantos kilómetros para rematar en una playa al norte.

Desafortunadamente, uno de los elefantes se enfadó por el camino y aplastó rickshaws y coches, y no me extraña, encadenados y con la gente achuchando todo el día… Tranquilos, yo me enteré por el periódico a la mañana siguiente.

Por la noche, convencida de que ya había asistido a la “Traca Final” de las fiestas, paso junto a las carrozas más divertidas que he visto en mi vida. Un señor gira sobre si mismo. No sé si se marea pero no se cae.

Cosa Brillante Propulsada por Señor Giratorio

Cosa Brillante Propulsada por Señor Giratorio

Sobre su cabeza, papeles plateados y de colores en una estructura ruedan con él y desprenden reflejos. Niños y jóvenes bailan alrededor. De una carroza sale un rugido… ¡No! Es una risa: “Mmmmuaaahahahaha” y un gigante alza los brazos  en el aire atrapando a los arqueros azules que le disparan.

Los ojos no me caben en la cara, la carroza es digna de un Parque de Atracciones en los años setenta y me oigo musitar encandilada… “Tenemos que llevar esta fiesta a España”

Los festivales de marzo, ahora sí,  se han acabado, y han superado todas mis expectativas. Sólo puedo recomendar a quien tenga oportunidad, que no se los pierda.

Mientras llega el año que viene, aquí teneis unas imágenes de los festivales de este año:

Pandavas: Painkuni Festival. Padmanabhaswamy Temple

Attuka Pongala: El día de las diosas

¿Cómo describir una celebración a la que ni siquiera las fotos hacen justicia? Las palabras se me van a quedar también pequeñas, me tendréis que perdonar. Sin embargo, haré lo posible por describir lo que vi, lo que entendí y lo que sentí como mejor sepa.OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Esta es la fiesta de las mujeres. Dedicada a Devi, que representa lo femenino en la divinidad dentro del hinduismo. Para ponerlo en términos sencillos, cualquier diosa es Devi, pero al referirse a ella se recogen todos los aspectos femeninos en lo divino. Es un concepto similar al de la Virgen del cristianismo y cada una de sus versiones.

Esta fiesta, nace como casi todas de un mito: “Queriendo Devi darse un baño detrás del templo de Attuka, en las afueras de la ciudad, pidió a una mujer musulmana un poco de aceite aromático, aquella se disculpó alegando que no tenía, cuando en realidad poseía una refinería de aceite. Mejor hubiera hecho accediendo a la sencilla petición, ya que para su sorpresa, descubrió que en efecto todo el aceite que tenía había desaparecido”.

Desde entonces, mujeres de toda religión y condición ofrecen a la diosa una cocción de arroz con melaza y especias parecida al arroz con leche que hay que dejar subir y salirse de la misma en su ebullición. Este desbordamiento que simboliza la abundancia que se pretende es Pongala.

A punto de hervor y de que se produzca el Ponggala

A punto de hervor y de que se produzca el Pongala

Como si de una romería gallega se tratara, las mujeres piden el favor de la diosa, y si lo atiende, preparan un número de potes al año siguiente, y no cualquier cantidad, sino alguna que suponga un buen auspicio. Una señora que conozco preparó 108, y para ello como mucho pudo contar con la familia cercana.

Y como en los milagros de Amil, la cosa se va dejando sentir desde días antes. Primero, los cacharros de barro se amontonan por millares junto a los muros del East Fort, y es que de allí salen autobuses urbanos e interurbanos y es muy buen lugar para cruzarse con posibles compradoras.

Un par de días antes empiezan a montar altares y adornarlos por todas partes, y a colocar altavoces más grandes que los de la Panorama alrededor… no sabíamos bien la que se nos venía encima.

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Altares y altavoces como estos cada treinta metros. Una locura.

El día anterior a las cinco de la mañana dieron el pistoletazo de salida. Aquí las romerías comienzan con la salida del sol, y son muy serios al respecto, así que encendieron la música por lo menos al 11… Creí que literalmente tenía que saltar por la ventana detrás de mi corazón. Para morirse los temazos y qué decir del volumen.

Día y medio ininterrumpido de canciones religiosas, de las de aquí, que si bien pueden ser a veces más alegres… ¡qué tonos de voz!

Si sales a la calle en la víspera, te das cuenta de que algo grande está pasando: hay mucha más gente de lo normal por la calle. Puestos callejeros y vendedores que aprovechan el aumento de público y el ambiente festivo.

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Las mujeres toman las calles.
Vista de MG Road.

Comienzan a formarse hileras de mujeres, leña y potes pegados a cualquier muro, a cualquier edificio, tanto que se hace aún más difícil circular.

Las mujeres toman el mando por día y medio. La jerarquía hoy si acaso, la mantiene la edad, y las matriarcas que me ven con la cámara me preguntan o me explican (aunque yo no me entere) de que va la fiesta, exclusiva de Thiruvananthapuram, y que atrae incluso a expatriadas desde todos los rincones del mundo.

Los kirtan continúan desaforados repitiéndose hasta que me los aprendo, con extrañas alternancias como el Gangnam Style, que ya me lo sé. Los tapones no sirven. Sólo los cascos a un volumen mayor me permiten dormir algo para acudir mañana a la fiesta.

Una de las protagonistas.

Una de las protagonistas.

Abro la ventana de la ducha y en el descampado, donde normalmente no hay nada, una veintena de mujeres sentadas frente a sus ollas agita los brazos invitándome a acompañarlas. Saludo, pero además de no tener ni idea de por donde llegar, quiero acercarme de nuevo al East Fort y al templo.

Tan solo doblar la esquina del callejón y tienes que pasar de puntillas ante las ollitas ordenadamente dispuestas ante las puertas de las casas, pero dejando muy poco espacio. No es más que un anuncio, la punta del iceberg.

Llegando a MG Road bajamos por una calle secundaria y aún así empezamos a vislumbrar las dimensiones del asunto: Hoy la ciudad se paraliza, no hay espacio para coches, autobuses, motos o rickshaws, sólo vehículos oficiales o de emergencias pueden transitar las vías.

la foto

En plena acción

Una vez en la arteria principal, la impresión es sobrecogedora. Imposibles de contar, infinitas mujeres, pacíficamente sentadas frente a sus ollas, hojas de plátano, lamparitas de aceite, fruta.

Sinfonía de color entre comida, artilugios, ropa y las flores que adornan los cabellos. No hay edad ni religión, no hay clases sociales. Todas están en la calle codo con codo charlando y pidiendo ser fotografiadas mientras esperan.

Todo está listo. En los caminos adyacentes al templo, un camión reparte calderitos de agua anunciando que el momento se acerca, y en un afortunado encuentro cruzo la mirada de mi objetivo con la de Seema, fotógrafa local que lleva años documentando la fiesta: “Tápate bien la boca cuando empiece el humo, me advierte”.

Once y cuarto en punto

Once y cuarto en punto

Ascenso de vuelta por MG Road. El calor empieza a apretar, pero a ellas no les afecta, tan solo ultiman detalles: Adornos para la hoja de plátano, la leña bien dispuesta, la pulpa de otro coco lista para añadir a alguna mezcla. Muchas se han levantado ya.

Once y cuarto en punto. Las mujeres llevan en pie un par de minutos. Ya no hay música como antes, distinta cada diez minutos. Ahora es el silencio el que sobrecoge. Eso, y que ya no estás rodeada de infinitas mujeres sentadas, sino en pie, ¿cuándo ha pasado? ¿por qué no las hemos oído? Y sin embargo ahí están, erguidas y preparadas para inclinarse de nuevo, pero solo ante Ella. Asombrosamente a la vez prenden la leña. Incontables ollas de infinitas mujeres comienzan a calentarse sobre las llamas. Las mujeres remueven. El humo lo inunda todo.

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El humo que oculta el sol por unas horas.

Me lloran los ojos, no veré mucho más. Las mujeres han hecho que se oculte el sol cerca del mediodía como lo hacen cada año aquí en Trivandrum, porque ellas son la diosa y han tomado el control aunque apenas sea por poco más de un día. Tres horas después todo se acaba.

Disipada la nube ofrecen la comida y recogen los restos. Esa misma tarde nadie podrá recordar lo que ha ocurrido mirando las calles. No será tan fácil borrarlo de mi memoria…

Algunos se preguntan que ocurriría si las mujeres tomaran las calles. En Kerala lo hacen una vez al año, y lo hacen para rendir pleitesía al poder femenino de la nutrición, para pedir abundancia para todos, con música y risas, tranquilas y afables. Eso ocurre, que siguen cuidando y alimentando al mundo.

Yo las he visto alzarse en silencio, no las hagamos enfadar.

Os dejo  a continuación los enlaces a dos álbumes:

Attuka Pongala

Cocinando / Cooking

Mujeres del Attuka Pongala

Mujeres / Women

Religión, comunismo y tradición en la India tropical

Thiruvananthapuram, Trivandrum, atendiendo a su nombre colonial, y el que usa todo el mundo en la calle, es una ciudad extensa, extremadamente ordenada para ser India, con barrios similares y diferentes y que siendo mi hogar adoptivo durante los pasados dos meses, aún no he tenido ocasión de conocer como me gustaría.

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Casa de arquitectura popular. No se ven demasiadas. Es una de las cosas en las que un mal entendido progreso arrincona la belleza.

La capital comunista de Kerala alterna alegremente banderas encarnadas con la hoz y el martillo con coloridos templos o las hermosas casas con tejados de madera, típica arquitectura popular hoy dejada en el olvido pero de la que aún se pueden encontrar dignos ejemplares.

Independentista y defensora de una cultura propia tienen un idioma exclusivo, el malayalam, de hermosa caligrafía redondeada, tanto que resulta difícil pensar que puedan tener ni una sola palabra ofensiva.

Y lo cierto es que las diferencias con otras partes de la India, son evidentes incluso para el viajero más profano, y no sólo por el lenguaje, con una extensa filmografía de producción propia. Sus danzas Kathakali, representando historias de antiguas escrituras son famosas en el mundo entero, y su arte marcial Kalarippayatu, hermano de las prácticas yóguicas, tiene también origen en Kerala. Por si esto fuera poco, esta es la cuna del Ayurveda, la ciencia de la vida, la “medicina” india, más relacionada con el saber vivir que con los cuidados paliativos.

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Y pasas por delante del templo un día cualquiera y te encuentras con esto.

Y en el terreno social, nada que ver con otras regiones. Aquí la gente se queja de la corrupción de gobierno y sindicatos y como en todas partes, hace lo que puede, pero al menos tienen un sistema de buses urbanos e interurbanos barato y fiable. Eso sí, yo me harto a preguntar porque bastante difícil es aprender a decir Vellayambalam como para entenderlo en grafías malayalam. La alfabetización es mayor que en el resto de la India y también la integración de la mujer aunque de aquella manera (como en todas partes, para qué nos vamos a engañar a estas alturas). Hay muchos estudiantes universitarios y grandes oportunidades para ampliar estudios en el extranjero, aunque sólo para regresar y no tener donde aplicar lo aprendido…

En general la gente es religiosa y tradicional con todo lo que ello conlleva: desde hacer ofrendas hasta consultar al astrólogo, desde acordar los matrimonios hasta respetar escrupulosamente conductas que desde nuestra concepción del mundo se nos antojan impensables. Y compatibilizan esto con el facebook, las carreras universitarias de alto perfil tecnológico, o trabajos de responsabilidad y horarios incompatibles con la observancia estricta de los dogmas escritos o no que rigen esta contradictoria sociedad.

El aire es denso y la temperatura alta, los mosquitos, de todos los tamaños aunque su picadura duele igual, a las cucarachas las podrían sacar a pasear con correa; He visto gatos más pequeños, pero los habitantes de Trivandrum dicen con nostalgia: deberías haber visto la ciudad hace cinco años… sin apenas polución y la ciudad más limpia de la India. Sin duda, y junto con Panjim, lo es, al menos de entre las pocas que conozco.

Como digo, he visto poco, porque me he dedicado a practicar yoga, a estudiar y a vivir, y a mediodía hace demasiado calor para ninguna de las tres cosas, pero he callejeado y sé donde comprar la deliciosa miel de una cooperativa local, donde están los puestos de fruta con mejor calidad, el supermercado donde tienen pan de molde sin azúcar, la tienda de unos frutos secos tan exquisitos que tengo que comprar en cantidades pequeñas o podría comérmelos todos de una sentada.

He encontrado también varios sitios fiables donde comer, una librería con una planta entera de libros dedicados al yoga y la filosofía hindú, y el Centro de Sivananda, en el que alterno clases de yoga con el centro en el que estudié.

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Templo de Padmanabhaswasmy

Zumos naturales, deliciosos thalis (meal, vamos, la comida del mediodía) de los que ya os hablaré, lassi, millones de cosas para picar… Y no hace falta ser vegetariano, pero en mi opinión… el pescado tiene mejor pinta que la carne. Y, ¡por fin! ¡Un sitio en el que existen los refrescos salados!

Y todo esto sin hablar de sus templos, famosos como el de Padmanabhaswamy, o no, coloridos o sencillos, en los que te admiten o no, de su zoo, con tantos defensores como detractores, o sus millares de festivales y otras tantas cosas por descubrir.

Tendré, poco a poco, mucho más que decir. Una ciudad que cada día me sorprende con algo nuevo a la vuelta de la esquina, es para entrar en detalle, y tan sólo me he quedado en la superficie.

A punto de dejarla por unos días, me descubro acostumbrada a Trivandrum, un hogar temporal y tropical, del que ahora mismo me cuesta imaginarme partir.

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