Madurai: Vuelta a la India

Madurai me devuelve a la India.

Me explico: Técnicamente, Kerala y Goa pertenecen a la India.

Torre del Templo de Meenakshi

Torre del Templo de Meenakshi

Si lo son, el resto es otra cosa, y si lo de aquí es la auténtica India, Kerala y Goa solo lo son en cierta medida.

Nada más bajarme del tren, acoso y derribo por parte de los taxistas de autorickshaw tratando de arrastrarme al hotel que ellos quieren aunque sea más caro que el que yo elegí y conserven cadáveres milenarios de cucarachas del tamaño de mi pie en la puerta de cada habitación dejando bien patente que hace mucho, MUCHO, que nadie ha pasado una escoba por ahí.

El ataque es normal, el estilo… diferente, y el que queda de recogerme para llevarme al aeropuerto a la mañana siguiente, ni se presenta.

Las calles, muchas sin asfaltar o tapadas con la tierra que va cubriendo lo que en su día fue asfalto.

Vaca Sagrada

Vaca Sagrada

El hedor… del que me había olvidado porque en la costa sudoeste de India puede oler mal pero no es lo mismo, ni en variedad de registros, ni en constancia, ni en la agresividad. Aquí la podredumbre la respiras antes de verla.

Hay baños públicos cada pocos metros que delatan su falta de presencia en muchas viviendas. Los ves cuando los buscas. Los buscas porque los hueles. Las vacas pastan basura sagrada.

Los puestos callejeros diversifican su oferta: Lo mismo cosen que planchan que proveen de alimento o bebida.

Y la estridencia… El oído sufre… las bocinas suenan tenaces como si su sonido fuera vara de Moisés abriendo camino como ésta en su día separó el mar y te aturden más que te orientan sobre los vehículos que se aproximan.

Calle de Madurai

Calle de Madurai

La estación de tren oculta, tras su moderna entrada, esa India en la que la gente se tira por el suelo de forma anárquica dibujando pasillos sinuosos y cambiantes.

En gran parte es una cuestión de intensidad, no cabe duda, pero no sólo. La actitud de sus gentes ante el viajero extranjero, y en particular ante una mujer sola es diferente. Hacer no hacen nada, pero no te miran igual ni te hablan igual. Es cultural y educacional, y e n Kerala y Goa te lo dicen… es otra cosa.

Madurai me ha devuelto a esa India y me ha abofeteado con ella, dos veces… al ir desde Kerala, y aún más fuerte al volver de Sri Lanka: en quince días el contraste me pilló con la guardia baja

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Nandi Mirando Hacia el Templo

En su defensa, diré que el sopapo iba teñido del contundente azul del cielo que se funde con el del fondo de las torres del Templo de Meenakshi y del rojo, amarillo y blanco de la cúrcuma que adorna las frentes de los fieles y las estatuas, de los miles de brazos de los cientos de dioses que gobiernan la capital cultural y religiosa de Tamil Nadu, del olor a jazmín y sándalo que anuncia la proximidad al templo, del sabor de los deliciosos thalis y del zumo de caña de azúcar, de la mirada atenta de Ganesha y Nandi y de los saris festivos que visten las indias que desde todas partes del país y del mundo se acercan junto a curiosos turistas a visitar el templo más sorprendente que haya pisado.

Celebración en una Callejuela

Celebración en una Callejuela

He de añadir que con sus pros y sus contras la magia no decae y a la vuelta de la esquina, en una angosta callejuela lateral puedes encontrar una verbena popular ante un humilde altar a la sombra del grandioso Meenakshi. … y lo que no te gusta se aminora o se desvanece…

El viajero que venga de la India del norte encontrará en Madurai una ciudad  de ambiente más amable, con buena comida y cierta infraestructura hotelera ya que recibe constantemente viajeros por motivos culturales y religiosos.

Palacio de Thirumalai

Palacio de Thirumalai

Si bien para mi Madurai tiene poco que ofrecer al viajero fuera del Templo de Meenakshi y el Pudhu Mandapam, mercado que se sitúa tras su fachada Este, éstos justifican más que de sobra una o más visitas, y su propia entrada en este blog.

El Palacio de Thirumalai, no es nada impresionante, o al menos no después de visitar Meenakshi, salvo por el precio de la entrada, que promete más de lo que da, y el museo de Gandhi es un recorrido interesante por la historia de India, sus dominaciones y revoluciones en que no se andan con chiquitas acerca del papel jugado por el Imperio Británico. Pero para leer, y en inglés… bien puedes consultar la Wikipedia sin salir de casa.

Fotos: http://www.flickr.com/photos/afuerasyalrededores/sets/72157633492890965/

Datos prácticos: Para dormir, me quedé en el TM Lodge, recomendado como opción barata en Lonely Planet, tiene habitaciones individuales por 400 rupias. El baño es al estilo indio pero está limpio al igual que las sábanas, y en el desagüe ponen una tabletita de esas anti-cucarachas que me hizo suspirar de alivio. La situación tanto para la estación de tren como para el templo es estupenda y es fácil y barato encontrar donde comer justo al lado.

http://www.madurai.com/tmlodge/

La web es genial, abajo del todo a la derecha, la habitación individual, tan básica como es. Los precios no están actualizados. La individual es de 400 rupias, pero lo mejor es la foto como si fuera una torre exenta con cielo alrededor. No lo es. Está en una calle atestada de edificios.

Aquí os dejo también el enlace de tripadvisor:

http://www.tripadvisor.in/Hotel_Review-g297677-d1947807-Reviews-TM_Lodge-Madurai_Tamil_Nadu.html

Sobre comida y transporte, más detalles en sus propias entradas de este blog.

La parte más vívida e interesante de Madurai se recorre perfectamente andando, y es además lo más recomendable para captar la particular naturaleza de esta ciudad que se extiende alrededor de un templo excepcional en todos los aspectos.

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Varkala: La Roca, la Arena y el Mar

Varkala es una localidad costera de Kerala no muy grande al norte de Thiruvananthapuram a la que es fácil llegar en autobús, aunque tarda al menos hora y media, o en tren, desde media hora en adelante.

Varkala Beach

Varkala Beach

Pero no es el pueblo o la visita a su curioso templo lo que atrae masivamente a turistas extranjeros o incluso a los locales, sino las playas que tendidas a los pies de un escarpado acantilado, se extienden hacia el norte, ajenas sus blancas arenas y las olas azules que las golpean a todo lo que ocurre arriba, en el paseo del acantilado.

Y es que en la primera y mayor de las playas de Varkala conviven mundos complementarios e independientes… en su primer tramo, ocupado mayoritariamente por la población local, los bañistas se alternan con los creyentes que se acercan a los manantiales que nacen en la roca y se bañan en ellos ya que este agua se considera sagrada.

Más adelante. la palidez en la piel de los bañistas así como la escasez de tela en sus trajes de baño evidencian el cambio de público. Aunque hay tumbonas, y sobre todo sombrillas, la cantidad es significativamente menor que en Kovalam, y el perfil del visitante más heterodoxo: familias con niños pequeños, esqueléticos practicantes de yoga, hippies añejos; aunque en general, con escasa tendencia al sobrepeso y en bastante buena forma, probablemente porque las escaleras que a cada tramo comunican la arena con el paseo, allá en lo alto, no son aptas para todas las piernas.

Costa de Varkala Hacia el Norte

Costa de Varkala Hacia el Norte

A las siguientes playas, más pequeñas, se llega caminando por el acantilado. Son tranquilas y el entorno resulta mucho más natural, relajante y atractivo que el de Kovalam, y para gustos, más que el de la playa grande. Por si fuera poco, los pescadores faenan cantando y las águilas y las garzas te sobrevuelan con una familiaridad que impresiona y no quieres pestañear para fijar en la retina tanta belleza, y retener en la cámara cada detalle con la seguridad de que no has tenido que añadir nada, porque era perfecto.

El acantilado es otro mundo. Desde la arena no se aprecia porque se confunde con la vegetación y las pasarelas de madera, pero desde el comienzo del paseo, restaurantes, comercios de artesanía, ropa, sastres, resorts, hoteles, centros de belleza y masaje, ofertas de yoga, ayurveda o reiki se suceden no sólo en primera línea sino bastantes metros hacia el interior.

Despidiéndome del Sol en Varkala

Despidiéndome del Sol en Varkala

Los precios varían según la categoría de hoteles y restaurantes y dependiendo de la temporada. Como en Kovalam, todo es más caro que en la ciudad, pero el alojamiento cuando la afluencia baja y la competencia aumenta, puede llegar a ser bastante económico, desde unas 300 rupias, eso sí, sin lujos.

La vida nocturna, que la hay, aunque yo no la fui a buscar, se concentra en unos cuantos locales con música en directo. No hay toda una industria de la noche como en Goa, y es que aquí, la mayoría busca levantarse temprano para hacer yoga, recibir un tratamiento o simplemente ir a la playa.

La oferta gastronómica es amplia y normalmente, tirando a cara. Yo tuve suerte y comí muy bien y a precio razonable en el Hungry Eye.

Varkala es seguramente la mejor opción cerca de Trivandrum para pasar unos días en la playa para casi todos los gustos. La comodidad se combina con la belleza del lugar igual que la solidez ocre de la roca se funde con la mullida alfombra beige que la arena tiende hacia el océano.

La puesta de sol desde lo alto permite mirar al sol cara a cara, incluso por encima del hombro. Un sol, que como en las Rías Baixas, duerme cada noche en el mar, tiñendo el cielo de naranja y rosa cuando toca el agua.

 Unas fotos de Varkala,

Estanque del Templo / Temple Pond

Y un álbum sólo de pájaros… esa mañana mi cámara no pudo tener más suerte…

Garzas / Cranes

Kovalam y su Entorno: Benidorm en la India y Otras Opciones

Playa, paseo, tiendas y restaurantes en primera línea, hamacas, sombrillas, todo por y para el turista, para el turista… extranjero.

Esta playa del sur muy al sur de las Islas Británicas o puede que de Rusia acoge no solo a estas nacionales pero si en una aplastante mayoría en temporada alta. Puedes oír hablar sueco, alemán, francés inglés o ruso e incluso chino en cuestión de metros. Y como suele ocurrir en estos casos la playa no es gran cosa, y además tiene cierto peligro. Todos los años el mar se traga algún visitante que se fía de unas olas potentes y traidoras.

Kovalam, Playa del Faro . Hay gente, pero la tengo detrás.

Kovalam, Playa del Faro . Hay gente, pero la tengo detrás.

Aquí, acercarse a la playa después de las 10 de la mañana requiere mucho valor y poco cerebro. El sol es abrasador de una forma agresiva… en cuestión de minutos puedes tener quemaduras que a los dos días se manifiestan en forma de ampollas en la piel.

Los residentes locales, que no se terminan de acostumbrar a la presencia de “suecas” y no suecas enseñando tantas carnes, pasean y pasman embobados o hacen chistes entre ellos a prudente distancia (algo más de lo que alcanzaría una piedra lanzada certeramente) y se ríen como si tuvieran cinco años y alguien hubiera mencionado los cuartos traseros usando la palabra de cuatro letras.

Los más acostumbrados a tratar con las turistas, que a veces dominan varios idiomas, no pierden oportunidad de tener una conversación por muy absurda que pueda ser. Me pregunto si fantasean con la idea de la rendición romántica de la extranjera de turno como si fuera una cuestión estadística… van 782… ¡La próxima cae!.

Barca de Pesca. Kovalam

Barca de Pesca. Kovalam

Ofertan ropa, fruta, agua, te alquilan hamacas y sombrillas y te las instalan donde quieras, una y otra vez… y en comparación con la ciudad, es bastante caro. Un zumo puede costar desde tres veces más que en Trivandrum hasta… vete a saber. Y es que el turismo de esta ciudad costera con magnífico pescado pasa de una semana a un mes aquí pensando que todo es muy barato, en una burbuja en la que no dejan de medir el gasto por su moneda de origen.

Es además uno de los pocos lugares de Kerala donde es fácil conseguir alcohol (caro) y lícito consumirlo abiertamente.

Y no es que no se acerquen indios a estas playas. Muchos, y especialmente los domingos. Familias enteras se bañan y juegan con las olas. Ellas con la ropa que lleven, da igual, lentejuelas submarinas… ellos desde camiseta y dothi hasta minúsculos bañadores, todo vale. Lo que no hacen es tomar el sol.

Dicho todo esto, Kovalam tiene auténticos devotos que vuelven año tras año. Yo no le acabo de ver la gracia, como a Benidorm y en general al turismo playero y clásico residencial, pero existe alguna otra opción.

En Kovalam hay tres playas seguidas desde la parada del autobús: La negra, la del faro y Rockholm (el nombre de un hotel que hay encima). A la primera acude masivamente la población local.

La segunda es la del paseo, donde no dejarán de ofrecerte de todo ni por un instante.

Pescadores recogiendo las redes en Kovalam

Pescadores recogiendo las redes en Kovalam

En cualquiera de estas dos es más cómodo estar cuando baja la temporada del turismo extranjero a partir de marzo o abril.

Eso sí, si te acercas lo suficientemente temprano, en ellas podrás ver a los pescadores sacando las redes del agua a ritmo de canción, tirando de las cuerdas de las que cuelga la red… una forma de arrastre que pueden ejercer porque el agua está tan caliente que no importa meterse en ella para faenar.

Rockholm está más aislada pero al tiempo, vigilada desde el acceso privado del hotel, así que es segura y tranquila. Rodeada además de rocas y un pequeño acantilado no es fácil darse cuenta de que estás tan cerca de la civilización.

Rockholm Beach

Rockholm Beach

Por si fuera poco, solo una frutera y un encargado de las hamacas suelen andar por allí, y es raro encontrar más de 10 personas, así que impera la calma… menos en el mar, que es bravo y retorcido, pudiendo recibir una embestida de una ola desde la dirección más insospechada y cuando menos te lo esperas.

Se tardan unos quince minutos andando el camino desde Rockholm a la parada del autobús local (14 rupias sin AC y 26 con él) que en media hora escasa te lleva desde el East Fort. Y se hacen bien a la ida cuando el sol todavía no está alto, pero… ¡ay!a la vuelta.

Incluso puedes parar a comer algo en el Sunrise, cogiendo un callejón en el final del paseo de la playa del faro: Vegetariano muy lento pero casero y muy sabroso, es una de las mejores opciones calidad precio (aunque en comparación con la ciudad siga siendo caro). Más a la vista, en un primero, el Fusión es una solución más elegante y de mayor precio, pero no abusivo para lo que da.

Pulinkudi

Pulinkudi

Por el pescado, salvo que tiene muy buena pinta, no me pregunteis, que no está el presupuesto para bromas.

Y claro, también se puede uno quedar a dormir y aprovechar para contemplar la hermosa puesta de sol sobre el Mar de las Laquedivas.

Hay otras playas más bonitas y salvajes aunque algo más a desmano como Pulinkudi o Chowara un poco más adelante, a las que normalmente sólo van los turistas que se hospedan en los lujosísimos resorts adyacentes. En el entorno tanto de estas como de Kovalam, es fácil encontrar clínicas de tratamientos ayurvédicos que atraen también a su turismo específico.

Kovalam es una opción cómoda y tranquila con un gran rango de oferta hotelera para descansar unos días o para ir y venir desde Trivandrum, y que en mi opinión gana con la temporada baja aunque (o porque) parte de las tiendas y los locales estén cerrados.

El álbum:

Rockholm Beach

Festivales de Marzo

Caer en Kerala durante el mes de marzo (marzo-abril en realidad según su calendario) sin previo aviso es una vivencia desconcertante para el visitante occidental, como para mi lo fue aquí en Thiruvananthapuram. Si ya de diario nos resulta exótica la expresión de la religiosidad en la India, durante este mes, cada día puedes toparte con una estampa más sorprendente que la anterior.

Templo ataviado para el Aanayoottu

Templo ataviado para el Aanayoottu

Y como dan todo por supuesto, si preguntas lo que está pasando te dirán “festival, festival” y la primera vez, cuela, puede que incluso a la tercera… después te das cuenta de que es imposible que tengas tanta puntería de dar con todos los festivales, y sospechas que no trabajan porque están todo el día de juerga (y toda la noche) para finalmente descubrir que durante este mes hay toda una escalada de celebraciones religiosas por barrios, por templos, con procesiones, con bendiciones de puerta en puerta con elefantes, comida, flores pórticos hechos de troncos de banana con los racimos aún verdes que maduran día a día ante tus ojos, música, tambores, ornamentos, gente rezando, lámparas votivas, pujas, fuego sagrado, sándalo, jazmín, representaciones, procesiones, elefantes… y seguro que me estoy olvidando de cosas…

Y la progresión continúa para culminar en los días de luna llena.

Así, un día reparas en unos dibujos geométricos hechos con tiza en el suelo ante la entrada de cada casa. Por la noche, cuando buscas la tormenta, te das cuenta de que esta vez no son truenos y el cielo está estrellado, pero no libran los petardos y fuegos artificiales ni una sola noche, ciudad por ciudad, barrio por barrio, templo por templo.

Uno de los Pandavas ante Padmanabhawasmy

Uno de los Pandavas ante Padmanabhawasmy

Otro día, señores con lámparas de fuego tocando tambores raros siguen algo que parece un cisne de papel grande como una carroza.

Al siguiente, un templo está profusamente adornado y todo huele a flores por los pétalos que han arrojado hace sólo unos minutos.

Los elefantes circulan con relativa normalidad de camino a algún templo o ya ataviados, desfilando en procesión.

Cuando ya te han avisado de que dentro de un par de días es la luna llena y te puedes preparar porque ese festival es gordo, pasas por delante del Templo de Padmanabhaswamy y hay cuatro muñecos gigantescos con la mirada fija vestidos de rojo.

Preguntas. Responden: “Festival, festival”. Pero… ¿no era en un par de días?… “Otro, otro, mm, mm” y le dan a la cabeza con el consabido meneíto. Todo claro.

Aanayoottu

Aanayoottu

La víspera de la luna llena hay una calle cortada cerca del templo donde según me cuentan van a representar una escena de caza relacionada con alguna leyenda de la épica hindú. Debe ser digna de ver pero me pilla cansada para esperar y aún más para volver.

La progresión de celebraciones alcanza su cenit, llega la luna llena y cabalgatas y funciones se suceden en todas partes y a todas horas.

Llega el gran día y me van a llevar a la procesión que es por la tarde, pero casi a empujones me sacan de casa a eso de las once de la mañana:

“Elefantes, elefantes”… las trabajadoras de la clínica donde vivo estos días han descubierto que me gusta ver a los paquidermos y me llevan al Templo a ver cómo les dan de comer y los bendicen antes de que por la tarde salgan en procesión con el Rey de Kerala… pero todo esto lo descubro al llegar al Templo… yo solo las seguí.

Soldadesca Tradicional

Soldadesca Tradicional

Hay fotos, y muchas, del evento, el Aanayoottu, que es un lujo poder vivir a pesar del apelotonamiento. Absolútamente exótico e incomprensible a nuestros ojos, describirlo resulta más que difícil. Parece cualquier cosa menos espiritual, pero allí la gente reza mientras los elefantes comen.

Por la tarde, cerca del templo comienza la procesión con bandas de música soldados con lanzas, imágenes de dioses y los elefantes en sus mejores galas, y continuará durante unos cuantos kilómetros para rematar en una playa al norte.

Desafortunadamente, uno de los elefantes se enfadó por el camino y aplastó rickshaws y coches, y no me extraña, encadenados y con la gente achuchando todo el día… Tranquilos, yo me enteré por el periódico a la mañana siguiente.

Por la noche, convencida de que ya había asistido a la “Traca Final” de las fiestas, paso junto a las carrozas más divertidas que he visto en mi vida. Un señor gira sobre si mismo. No sé si se marea pero no se cae.

Cosa Brillante Propulsada por Señor Giratorio

Cosa Brillante Propulsada por Señor Giratorio

Sobre su cabeza, papeles plateados y de colores en una estructura ruedan con él y desprenden reflejos. Niños y jóvenes bailan alrededor. De una carroza sale un rugido… ¡No! Es una risa: “Mmmmuaaahahahaha” y un gigante alza los brazos  en el aire atrapando a los arqueros azules que le disparan.

Los ojos no me caben en la cara, la carroza es digna de un Parque de Atracciones en los años setenta y me oigo musitar encandilada… “Tenemos que llevar esta fiesta a España”

Los festivales de marzo, ahora sí,  se han acabado, y han superado todas mis expectativas. Sólo puedo recomendar a quien tenga oportunidad, que no se los pierda.

Mientras llega el año que viene, aquí teneis unas imágenes de los festivales de este año:

Pandavas: Painkuni Festival. Padmanabhaswamy Temple

Panjim: Viajes Espacio-Temporales

“Campal Miramar Market Market Miramar Market”, con acento en la “e”. Probad a repetirlo sin respirar. Ese fue mi primer contacto con Panjim en la estación de autobuses de Kadamba. A razón de 5 rupias por trayecto, vayas a donde vayas, esta línea en concreto recorre toda la costa urbana, y no tarda mucho, salvo que el cobrador haya decidido que el bus no está suficientemente lleno.

Por supuesto la encuentras preguntado, porque no entiendes ni una palabra de la cantinela, pero da igual. Subes, les dices a donde vas, tres veces, claro, y ellos te indican cual es tu parada.

Campal

Campal

Anclados en el mar, los barcos casino, que como siempre, me resistí a visitar y ahora me pregunto como serán… y en la costa pequeñas tabernas propias de la versión más luminosa del barrio viejo de Oporto.

Campal, barrio sossegado como el que más, alterna edificios modernos y anodinos con cuadrículas de casonas coloniales conservadas irregularmente a la sombra de árboles frondosos y añejos como la arquitectura a la que dan cobijo. Curioseando y tomando fotos a hurtadillas de una hermosa mansión amarilla, salió a mi encuentro su dueño un veterano profesor de violín, enamorado de la música española que me invitó a visitar la mansión también en su interior.

Techos altos, muebles y paños de los que ya no se fabrican. Suelos de baldosín. Y en cuanto me oye hablar en inglés adivina mi acento y me contesta en portugués, y para su sorpresa, yo a él en gallego.

Brindis con Vinho de Goa

Brindis con Vinho de Goa

Amigos ya, me ofrece un vaso de vino de Goa, no tan contundente como un buen Alentejo, pero sin duda un tinto más que digno.

El Profesor Antonio Peregrino da Costa puso a funcionar todos mis sentidos con su afable introducción al sossegado y a su hogar: Mis ojos no queriendo dejar escapar detalles que me trasladaban a otro tiempo, el tacto de los muebles, del vino y del aire, el gusto y el olor de la bebida, primer trago alcohólico en más de un mes, y mis oídos, tratando de retener los pormenores de una vida que se movió por más de medio mundo cuando no era tan sencillo como hoy, de Macao a Brasil para finalmente reposar en la tranquila casa familiar de este curioso reducto de India, donde su nuera, residente en Londres y encinta, nos hace una foto para conmemorar el encuentro.

Agradecida, prometí dedicar unas palabras a su cortesía, así como volver a visitarle si regreso alguna vez a las tierras de Goa.

En el centro de Panjim se encuentra la Iglesia de la Inmaculada Concepción. Blanca, con esas escaleras cruzadas tan portuguesas…

Y subí, para comprobar que estaba cerrada.

Y al darme la vuelta, para contemplar una postal digna de la Sicilia de los años 50. Desde el color del cielo a los scooters con pilotos sin casco, y a falta del cartel de Martini, el rojo de la coca-cola no se sabe si compitiendo o acompañando al azul pepsi.

Centro de Panjim

Centro de Panjim

Las casas coloniales en mejor o peor estado rivalizan en un desigual rango de siempre bien combinados colores… eso, o es que todos ellos quedan bien con el azul del cielo.

Pero en cuanto caminas unos metros, Panjim se vuelve a transformar, al aparecer ante tus ojos una mezquita y carteles en árabe jalonando los Lakshmi Electronics o los Rodrigues y Menendes, y unos metros más adelante un templo hindú en honor a Krishna que oculta de la visión el verdaderamente importante, el Templo de Mahalakshmi, con multitud de pequeños altares a Ganesha, Hanuman y otros tantos., y enseguida, dos templos de Sai Baba. Grandes Higueras y abundante vegetación entre edificios puede hacer pensar que has abandonado el centro urbano, pero no.

Pero hay más, si desde aquí caminas hacia el mar todo cambia de nuevo. La actividad crece y alcanzas la zona del Mercado, con varias manzanas dedicadas a la mercadería de flores, anacardos, alcohol, adornos para fiestas, el mercado de verduras y el de pescado. Sardinas, pez espada, almejas, gambas raras y descoloridas. Mucho muy fresco y parte no tanto. Es difícil decir si sorprenden más los parecidos o las diferencias: Las pescas reclaman tu atención igual, y preparan cucuruchos de periódico para entregarte la mercancía, da igual si les has dicho que no unas treinta veces. Demuestran allí mismo su habilidad para pelar gambas y pescado crudo, exponiéndolo con alegría a las moscas, pero, al parecer, haciéndolo más atractivo al comprador. No llegué a descubrir el por qué.

El de vegetales, esclarece al instante el interés que despertaba controlar las rutas comerciales. El olor y color de las infinitas especias, hierbas, frutas y flores inundan los sentidos, y por una vez, la cámara no hace justicia a la realidad.

De camino hacia Miramar, todo se diluye menos los grandes árboles y el calor. Menos actividad, y empiezan a escasear las tiendas aumentando las viviendas. Alternando calles menores con la vía principal, paso junto a una iglesia católica, blanca, achatada y repleta de feligreses y ventiladores, y me doy cuenta de lo que echo en falta: el incesante sonido de fondo de las chicharras, y estoy en el Mar Menor

Iglesia del Espíritu Santo

Iglesia del Espíritu Santo

Y Panjim, continúa su metamorfosis si al salir de la Iglesia de la Inmaculada Concepción vuelves a la estación de Kadamba, a unos quince minutos andando. Bajando hacia el río que hay que cruzar, sólo el vendedor de zumo de caña me despista. Bien podría estar en el Perú amazónico: casitas bajas, calles estrechas, mucho color y más calor.

De vuelta en la estación, llego preguntando a la oficina de reservas de ferrocarril y de nuevo consigo un billete para dentro de unos días. Coge número, paga, rellena un formulario que no entiendes, dirígete a ventanilla cuando anuncien tu número y mientras tratas de entenderte con la funcionaria, ayuda desde tu ignorancia a la buena señora que quiere sacar un montón de billetes a no sé dónde y que por lo visto, me confunde con una profesional.

Conseguido el billete, este ya es terreno conocido: “Campal Miramar Market Market Miramar Market”, y con calma, camino de vuelta.

Aquí os dejo el enlace para unas cuantas fotos más:

Coctelería de Eufemia Rita / Eufemia Rita's Cocktail Bar

Goa Velha: Catolicismo portugués y colonial

No es fácil adivinar que sigues en la India paseando por Goa Velha, ni siquiera que estás en los trópicos. Tan sólo pequeños detalles lo delatan, pero no la arquitectura, y tampoco la vegetación que no es aquí tan obvia… salvo por un detalle, especialmente si como yo la visitas a mediodía: El calor es abrasador y agradeces que el aire se mueva por caliente que esté.

Al norte de Panjim y bordeando el mar se accede a este reducto católico y colonial, en el que las notas exóticas y cierta sencillez compensan el habitual exceso de los templos lusos.

En pocos metros se alzan tres iglesias muy diferentes:

Losa en Santa Catalina

Losa en Santa Catalina

La pequeña y recogida capilla de Santa Catalina, vacía por dentro y rodeada de restos de tumbas y piedras talladas en una mezcla de iconografía y caligrafías de oriente y occidente.

La Catedral de Goa, la más grande de Asia. Blanca y sencilla, amplia y colonial, .

Y por fin la Iglesia de San Francisco Javier, que evangelizó estas tierras goanas y al que se le tiene especial devoción, ya que falleció aquí y su cuerpo permanece incorrupto y conservado en el ala derecha de la iglesia, que solo abandona en fechas señaladas. El año que viene le toca salir en procesión.

Es ésta sin duda, y no sólo por la momia, la más interesante de las tres. Su fachada es inhabitual en Asia o en cualquier colonia. No es blanca, no es lisa, desde el rosetón hasta la piedra te traslada a Europa.

Una vez dentro hay multitud de detalles sorprendentes: Desde la disposición de las velas que recuerda a los templos chinos más que a una iglesia católica, a la expresión naif de alguna de sus imágenes o la violencia que refleja su cristo crucificado en la cantidad de sangre que mancha su cuerpo.

Se reserva un ala del claustro para el descanso de los peregrinos, y es que vienen de lejos y tienen poco, pero aquí, entre el calor y las costumbres, lo mismo te sientas en el suelo que en una silla para charlar con una señora de sesenta años. Y si tienes sueño, pues donde estés te echas a dormir. El patio es fresco y ofrece cobijo del sol y de la lluvia, que más se puede pedir.

Velas católicas al estilo asiático

Velas católicas al estilo asiático

Para los hindúes es costumbre que las poojas u ofrendas tengan un precio fijo. Aquí igual, y si quieres ofrecer una misa, o dos, o que se diga el nombre de alguien una vez, o más… tienes que cubrir el formulario con los datos y la pasta adjunta en el cepillo, y tus plegarias será atendidas.

Para bien o para mal lo espiritual en la India es cotidiano, así que nadie oculta que toma decisiones en función de costumbres ancestrales, supersticiones o la opinión del astrólogo. Igualmente, a los Brahmines y a los curas hay que mantenerlos para que puedan realizar sus labores sin preocuparse de asuntos mundanos. La transparencia y normalidad con lo que todo ello sucede hace que nuestra forma de hacer las cosas  parezca a veces un tanto absurda.

Tendré que volver en otra ocasión en cualquier caso porque al parecer hay un par de lugares más dignos de visitar, como un museo de cera que se promete horripilante.

Fotos:

Lápida / Gravestone

Goa: Influencias a la Carta

Era de esperar que en una región tan particular como lo es Goa dentro de la India, las diferencias se hicieran notar a la hora de comer, y así es.

 Por supuesto, en gran parte se debe a la influencia portuguesa, y por obra y gracia de su colonización, el alcohol no está prohibido, y el vino se consume con normalidad acompañando a la comida en los restaurantes de comida goesa o internacional. Incluso elaboran tintos locales, unos con más fortuna que otros… Por lo poco que probé, los secos se pueden beber aunque no sean sensacionales. No puedo decir lo mismo de sus “Porto”. El que probé era un moscatel tan vulgar que aquí no lo querríamos ni para vino de misa.

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Comida en el Spynick

Hasta tienen Arrak, una especie de aguardiente, de caña o de anacardo que tiene pinta de ser bastante peligroso.

También el consumo de carne y pescado es mayor así como las especialidades en su preparación. Hay restaurantes estilosos y caros cuya carta se limita a las recetas locales pero mi bolsillo me aconsejó limitarme a opciones más asequibles.

En general, al pescado y al marisco lo esconden bajo tal cantidad de especias que casi no se les reconoce, y curiosamente, no es porque no lo puedas encontrar fresco fresquísimo en el mercado. Fan como soy de la cocina india, admito que con el marisco no me han conquistado, y con el pescado… poco, diría que la galleguidad costera me ha acostumbrado a unos estándares de calidad y sabor en estado puro que me hacen poco proclive a otros experimentos si no fuera porque lo que hacen chinos y japoneses con los animalitos del mar al llevarlos a la mesa sí me gusta.

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Máquina de Zumo de Caña

Pero mi descubrimiento gastronómico en Goa no fue tanto la comida o el Masala Chai, de los que no tengo queja gracias al buen hacer de mi amigo Edmond, del Spynick en Miramar, sino el zumo de caña… Quién me iba a decir que cuando espachurras bien la caña de azúcar sale un líquido espeso, casi transparente y dulce aunque menos de lo que podrías esperar. Hay puestos ambulantes por doquier. Mecánica colorista digna de Willy Wonka, en la que a la golosa bebida le mezclan lima, si quieres hielo y a veces jengibre, todo un aporte energético y bastante sano, ya que el dulce está sin refinar y a él se unen no pocos minerales y vitaminas. Un vaso por tan solo 10 rupias (aunque discriminándote por el color de tu piel te pueden pedir bastante más)

Eso,  y la lima dulce y salada, que viene siendo echarle sal y lima a un refresco de soda, vamos un Acuarius menos dulzón y de andar por casa… y el té con leche y jengibre, por el que no habría apostado jamás y resulta que está bueno.

La zona es además la principal productora de anacardos de la India. Los frutos secos de calidad no son baratos y quien tiene buen producto, vende el anacardo de Goa. Es fácil encontrar tiendas dedicadas casi en exclusiva a esta semilla comestible y sus derivados.

Verduras en el Mercado de Panjim

Verduras en el Mercado de Panjim

También el tamarindo y las especias abundan y se venden en el mercado a granel o envasadas.

Otro punto a favor de Goa es el chocolate… la producción repostera de la zona no se limita al repertorio indio, de por sí amplio pero cuyo repertorio de sabores se nos antoja extraño mucha veces a los paladares occidentales, con lo que es fácil encontrar brownies, galletas y otros pasteles, como los de banana, muy sabrosos, y que si no son caseros y naturales, desde luego lo parecen.

En resumen, en Goa es fácil encontrar el repertorio clásico de la comida india, ya no tan del sur, y no sólo vegetariana, pero también la fusión autóctona de la cocina goesa, los pescados y mariscos, una buena oferta de cocina internacional tanto en el casco urbano como en las playas, y para quien le guste, restaurantes de “comida rápida” de varias marcas muy conocidas.

Vamos, que en Goa podrás comer aunque no te guste la comida india o te hayas cansado del arroz, acompañarlo de una copa de vino o una cervecita, y además tomar un buen postre. ¿Qué más se puede pedir? Ah sí, un zumito de caña a media tarde.

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