Madurai. Motor Humano

No me quedé en la capital espiritual de Tamil Nadu lo suficiente como para poder dar más que unas cuantas pinceladas sobre sus opciones de transporte.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAAún así aquí aún funciona una que se nos hace especialmente extraña a los occidentales y genera un conflicto moral y social, de pensamientos y sentimientos contradictorios al que es un desafío hacer frente.

Para el visitante esporádico, lo más cómodo en Madurai es caminar. El centro tiene una dimensión que lo permite. Para hacer frente a distancias más largas, los autobuses funcionan al estilo de Kerala pero peor, y entenderse con la gente es más complicado, así que no son una opción tan viable y menos para un par de días.

Los taxis solo tienen sentido para más de dos pasajeros o abundante equipaje. Además gran parte del centro es incómoda para el tráfico de automóviles.

El tradicional rickshaw

El tradicional rickshaw

Quedan como alternativa los autorickshaw y los rickshaw, los primeros a motor de gasolina y los segundos a pedales: Sí, aquí como en otros lugares de India (no en Kerala) sigue existiendo el carrito traccionado por una bicicleta, impulsados sus pedales por los pies cansados de algunos miembros privilegiados dentro de las castas más bajas de la estratificada sociedad hindú. Privilegiados, sí, porque han conseguido acceder a un medio de ganarse la vida, y no debe ser fácil. De hecho, sorprende lo mayores que son o que parecen estos ciclotaxistas hasta que reparas en el hecho de que sólo pueden trabajar en labores mal remuneradas y peor consideradas que las otras castas rechazan. Ahorrar debe ser casi un sueño imposible.

Me abordaron en la calle un conductor de ciclotaxi y otro de rickshaw, ambos ofreciéndome sus vehículos. Todo en ellos habla de mundos diferentes, pero lo que más llama la atención es que el conductor motorizado se dirige al ciclista con enorme desprecio, gran violencia verbal y gestual y mientras, me lanza miradas entrecortadas como de disculpa dándome a entender que enseguida me lo quita de encima.

Me aparto… no quiero saber nada de ellos. Incómoda y disgustada me sorprendo conversando conmigo misma:

– Yo no quiero subir en la bicicarro de ese señor… es mayor… lo     deshumanizo si lo convierto en mi mula de carga.

– Pues no te subas, pero es la única forma de ganarse la vida que tiene.

– Pero no está bien.

– Claro que no, pero si no le permites trabajar, puede que no coma. Eso sí, tu puedes quedarte a gusto porque no lo habrás desprovisto de su humanidad. La situación no va a cambiar… si quieres contribuír, hazlo donde puedes… ahora.

Admitido mi egoísmo disfrazado de compasión, le llamé con un gesto y negocié un precio que me pareció justo (como con cualquier otra persona quise pagarle por su trabajo, no regalarle el dinero) Aún no muy convencida a pesar de su cara de satisfacción, me instalé en la carrocita.

A pedales

A pedales

Mi conclusión lógica de estar haciendo lo correcto no me liberó en absoluto del sentimiento de culpa, de la sensación de ser una desalmada por permitir que el pobre taxista cargara conmigo, y cada pedalada se hacía más y más pesada en mi pecho. En mitad de una cuesta en que su esfuerzo físico me estaba impidiendo respirar le pedí que se detuviera para hacer un par de fotos. Él recobró el aliento y yo me recompuse prometiéndome tratar de enfocar el paseo desde alguna perspectiva más positiva.

Con el calor aumentando y el sol bien alto sobre su cabeza, que yo tenía bien a la sombra, la decisión de no torturarme por mi decisión estaba resultando difícil de mantener cuando encontré una solución de compromiso. Le ordené detenerse de nuevo, esta vez junto a un puesto de zumo de caña, que abundan en Madurai. Me pedí uno y le pregunté si él también quería. Aún sorprendido se apresuró a asentir, así que fueron dos.

Camino del mercado

Camino del mercado

El chaval del puesto y sus amigotes me miraban divertidos y nos preguntaban cosas que él contestaba tímidamente, y yo no, porque no entendía nada. Así tras acabar mi zumo mirando al infinito retomamos la marcha.

Otra vez le pedí que parara en el mercado para comprar algo de fruta y aproveché para preguntarle si él quería algo. Murmuró: ¿Te? Así que fuimos a un chiringo de té. Yo pedí, ya que pagaba, y él cogió su vasito y se lo tomó a tres pasos de distancia aceptando discretamente la invitación pero sin mezclarse.

Sin embargo antes de despedirse sí que habló conmigo y me recomendó que regresara a Madurai a tiempo para asistir a un festival para el que ya se estaban preparando y me preguntó de donde era.

Nuestras sociedades parten de valores tan diferentes que nuestra concepción de la realidad no es la misma, y en ocasiones como ésta se hace tan patente que duele.

Así que en resumidas cuentas sólo pude comprobar que aún decidiendo libremente y con la mejor intención no encontré una respuesta que apaciguara a mi corazón ni a mi cabeza completamente,

A él se le veía satisfecho con dinero en el bolsillo para un par de días ganados muy dignamente, y nunca mejor dicho, con el sudor de su frente. Supongo que eso también cuenta.

 Otros datos prácticos:

Un taxi desde el aeropuerto al centro anda alrededor de las 400 rupias. Un poco menos sin el A/C, pero no paguéis hasta llegar o corréis el riesgo de que no lo enciendan. Por un autorickshaw no se debe pagar más de 200 y seguramente se puede conseguir por algo menos.

Meenakshi. El Templo Indescriptible

Y otra vez las palabras se me van a quedar cortas. Hay lugares en que no hay foto, retrato o descripción que les haga justicia, tal es su belleza natural. Hay otros en que la impronta de la creación humana deja una huella sensible: A veces es majestad, otras las cicatrices de los avatares de su historia, otras las plegarias con que los fieles veneraron o aún veneran deidades y poderes espirituales. Meenakshi es, sin duda, uno de éstos.

Torre Oeste

Torre Oeste

La aproximación al templo es de entrada desconcertante. Las calles que lo bordean por sus cuatro costados son peatonales, e incluso las que llegan a ellas, al carecer de salida, no tienen un tráfico ruidoso y atroz como el resto de la ciudad, de modo que a medida que se acerca, una de sus cuatro torres crece con cada paso en tamaño y detalle ante tus cada vez más asombrados ojos.

Cada punto cardinal tiene su torre y bajo ella, su entrada y todas son diferentes. Inabarcables, más que barrocas, repletas de dioses y demonios, de ojos que te observan y brazos que se alargan hacia ti, de rosas, amarillos, verdes y rojos, las torres se yerguen con orgullo tocando el cielo, fundiendo azules.

Insólitos Detalles Repletos de Brazos

Insólitos Detalles Repletos de Brazos

No importa si entras directamente o si rodeas sus costados, ni siquiera si te invitan a subir a la terraza de alguna de las tiendas de artesanía circundantes (No hace falta comprar, sólo mirar, es gratis, es gratis. Y gratis es, pero son pesados) y vislumbras las dimensiones del complejo. Aún no has visto nada.

 Enfrente de su puerta Este te topas con lo que parece otro templo: El Pudhu Mandapam no es sino un mercado textil y de sastres rodeado de nuevo de columnas repletas de dioses y bellas estatuas, que por lo que he podido comprobar la mayoría de los turistas y las guías pasan por alto… una lástima… y que en su día tuvo otras funciones y categoría. Arte, historia y vida diaria se confunden en sus galerías. Por lo pronto recorrerlo es fantástico y una experiencia poco común

Parte del Interior del Pudu Mandapam

Parte del Interior del Pudu Mandapam

Si lo atraviesas y sigues andando, llegas en pocos metros a las calles comerciales donde puedes encontrar frutos secos, especias, esencias de olor, fuegos artificiales y un millón de cosas más y que bien merece un paseo en el que seguro encontrarás algún detalle nuevo y sorprendente.

Las puertas dan a un amplio corredor descubierto y un gran patio, profusamente adornado si se acerca alguna festividad. Tiendas con recuerdos, ofrendas, pintura, velas, quemadores, aceite, lámparas votivas, comida y dulces, así como la solidez y frialdad de las enormes losas de piedra, le dan un aspecto medieval, o incluso muy anterior…Y nuevas puertas encarando a las exteriores muestran los accesos al santuario.

Rodeando este pasillo exterior, y entre los olores a sándalo y flores, de pronto se alza uno inesperado, y allí están, claro… vacas, sagradas sí, y de cornamenta verde y roja. Las puedes alimentar comprando espinacas sagradas, lo que te proporcionará toda una lista de beneficios bien documentados como salud, larga vida y un buen matrimonio. El olor, claro, era sagrado excremento…

En teoría pagas por entrar… yo quise, pero me preguntaron si era india, y me pareció tan insólita la pregunta que respondí… ¿sí? Y pasé. Lo cierto es que no prestan mucha atención salvo en el Salón de las Mil Columnas y el Museo, son sólo 50 rupias y las estatuas son dignas de ver.

Torre

Torre

El tráfico humano es constante: Brahmines, fieles caminando en círculos recitando plegarias alrededor de las figuras de los nueve planetas o yaciendo boca abajo con los brazos en cruz frente a un santuario, aplicando cúrcuma a la cabeza de Hanuman o prendiendo la mecha de una lamparita de aceite. Grupos grandes y pequeños, familiares o no, con vestimenta tradicional o moderna pellizcándose las orejas frente a la gran estatua de Ganesha o sentados por el suelo junto al estanque de gradas rojiblancas contemplando las pinturas de los techos o las columnas labradas, un séquito nupcial con banda de música, otros músicos sentados ante Narayana tocando y cantando kirtans devocionales ante un micrófono sofocando con sus letanías los cantos en movimiento de otras pequeñas compañías.

Los techos son más altos en algunas zonas permitiendo a las palomas apoderarse de pasillos enteros. En los rincones más oscuros los sonidos cambian y rebotan los agudos chillidos de los murciélagos que sobrevuelan las cabezas de quienes oran o meditan sentados en postura de loto.

Detalle

Detalle

Altares en las paredes, las columnas, en medio de ellas, deidades pintadas, labradas, exentas, de bronce o piedra, de colores o lisas, grandes y pequeñas, fieras o amables, informes o de figura humana o animal, adornados con guirnaldas de flores, rodeados de frutas y billetes… hasta al ateo más recalcitrante le invade la sensación de que quizás no había buscado a dios en el sitio adecuado y puede que aquí lo encuentre. Y en cualquier caso no es sólo su apasionante exotismo lo que te embriaga, sino una espiritualidad tangible, fe incondicional depositada entre esas paredes por siglos que evoca algún otro templo de distintas confesiones.

Los visitantes miramos desconcertados en todas direcciones con tanto que ver, que oír, que oler y que tocar. El templo es misterioso y la algarabía no le resta ni un ápice a su particular ambiente y la mezcla de olores contribuye: Huele a jazmín y gardenia, a aceite y a sándalo a comida y a especias. La distribución es laberíntica y te desorienta haciéndote pasar varias veces por el mismo sitio, que cada vez parece distinto porque reparas en nuevos detalles. Quedan zonas sin explorar, claro, a las que solo están autorizados a entrar los hindúes, y ni una foto del interior. Está prohibido. Te registran antes de entrar y no puedes llevar ni el móvil, aunque los locales sí que lo llevan y disparan sin ton ni son…

Al Anochecer

Al Anochecer

Cuando crees que has superado el umbral de la estupefacción, ves pasar un elefante lujosamente ataviado delante de tus narices. Sí, dentro del templo.

Me resisto a salir y me prometo volver, y lo hago a la mañana siguiente para fijar en mi memoria todo lo que no podré conservar en la de mi cámara. Las torres esta vez se hacen pequeñas y su contenido borroso, me giro a cada poco, no quiero darle la espalda. Impresionada para siempre, no hay palabras suficientes para relatar las sensaciones que te traspasan al visitarlo… Venid y haced la prueba.

Unas cuantas fotos para tratar de mostrar el exterior de Meenakshi, aunque me temo que la cámara no hace justicia en esta ocasión a la realidad:

http://www.flickr.com/photos/afuerasyalrededores/sets/72157633509027744/

Y éste artículo para quien quiera saber algo más del origen e historia del Pudhu Mandapam, hoy mercado de sastres:

http://articles.timesofindia.indiatimes.com/2012-11-01/travel/33678163_1_shops-chithirai-maduraiites

Las fotos de este lugar sorprendente se encuentran entre las de las calles de Madurai en el siguiente enlace:

http://www.flickr.com/photos/afuerasyalrededores/sets/72157633492890965/

Madurai: Vuelta a la India

Madurai me devuelve a la India.

Me explico: Técnicamente, Kerala y Goa pertenecen a la India.

Torre del Templo de Meenakshi

Torre del Templo de Meenakshi

Si lo son, el resto es otra cosa, y si lo de aquí es la auténtica India, Kerala y Goa solo lo son en cierta medida.

Nada más bajarme del tren, acoso y derribo por parte de los taxistas de autorickshaw tratando de arrastrarme al hotel que ellos quieren aunque sea más caro que el que yo elegí y conserven cadáveres milenarios de cucarachas del tamaño de mi pie en la puerta de cada habitación dejando bien patente que hace mucho, MUCHO, que nadie ha pasado una escoba por ahí.

El ataque es normal, el estilo… diferente, y el que queda de recogerme para llevarme al aeropuerto a la mañana siguiente, ni se presenta.

Las calles, muchas sin asfaltar o tapadas con la tierra que va cubriendo lo que en su día fue asfalto.

Vaca Sagrada

Vaca Sagrada

El hedor… del que me había olvidado porque en la costa sudoeste de India puede oler mal pero no es lo mismo, ni en variedad de registros, ni en constancia, ni en la agresividad. Aquí la podredumbre la respiras antes de verla.

Hay baños públicos cada pocos metros que delatan su falta de presencia en muchas viviendas. Los ves cuando los buscas. Los buscas porque los hueles. Las vacas pastan basura sagrada.

Los puestos callejeros diversifican su oferta: Lo mismo cosen que planchan que proveen de alimento o bebida.

Y la estridencia… El oído sufre… las bocinas suenan tenaces como si su sonido fuera vara de Moisés abriendo camino como ésta en su día separó el mar y te aturden más que te orientan sobre los vehículos que se aproximan.

Calle de Madurai

Calle de Madurai

La estación de tren oculta, tras su moderna entrada, esa India en la que la gente se tira por el suelo de forma anárquica dibujando pasillos sinuosos y cambiantes.

En gran parte es una cuestión de intensidad, no cabe duda, pero no sólo. La actitud de sus gentes ante el viajero extranjero, y en particular ante una mujer sola es diferente. Hacer no hacen nada, pero no te miran igual ni te hablan igual. Es cultural y educacional, y e n Kerala y Goa te lo dicen… es otra cosa.

Madurai me ha devuelto a esa India y me ha abofeteado con ella, dos veces… al ir desde Kerala, y aún más fuerte al volver de Sri Lanka: en quince días el contraste me pilló con la guardia baja

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Nandi Mirando Hacia el Templo

En su defensa, diré que el sopapo iba teñido del contundente azul del cielo que se funde con el del fondo de las torres del Templo de Meenakshi y del rojo, amarillo y blanco de la cúrcuma que adorna las frentes de los fieles y las estatuas, de los miles de brazos de los cientos de dioses que gobiernan la capital cultural y religiosa de Tamil Nadu, del olor a jazmín y sándalo que anuncia la proximidad al templo, del sabor de los deliciosos thalis y del zumo de caña de azúcar, de la mirada atenta de Ganesha y Nandi y de los saris festivos que visten las indias que desde todas partes del país y del mundo se acercan junto a curiosos turistas a visitar el templo más sorprendente que haya pisado.

Celebración en una Callejuela

Celebración en una Callejuela

He de añadir que con sus pros y sus contras la magia no decae y a la vuelta de la esquina, en una angosta callejuela lateral puedes encontrar una verbena popular ante un humilde altar a la sombra del grandioso Meenakshi. … y lo que no te gusta se aminora o se desvanece…

El viajero que venga de la India del norte encontrará en Madurai una ciudad  de ambiente más amable, con buena comida y cierta infraestructura hotelera ya que recibe constantemente viajeros por motivos culturales y religiosos.

Palacio de Thirumalai

Palacio de Thirumalai

Si bien para mi Madurai tiene poco que ofrecer al viajero fuera del Templo de Meenakshi y el Pudhu Mandapam, mercado que se sitúa tras su fachada Este, éstos justifican más que de sobra una o más visitas, y su propia entrada en este blog.

El Palacio de Thirumalai, no es nada impresionante, o al menos no después de visitar Meenakshi, salvo por el precio de la entrada, que promete más de lo que da, y el museo de Gandhi es un recorrido interesante por la historia de India, sus dominaciones y revoluciones en que no se andan con chiquitas acerca del papel jugado por el Imperio Británico. Pero para leer, y en inglés… bien puedes consultar la Wikipedia sin salir de casa.

Fotos: http://www.flickr.com/photos/afuerasyalrededores/sets/72157633492890965/

Datos prácticos: Para dormir, me quedé en el TM Lodge, recomendado como opción barata en Lonely Planet, tiene habitaciones individuales por 400 rupias. El baño es al estilo indio pero está limpio al igual que las sábanas, y en el desagüe ponen una tabletita de esas anti-cucarachas que me hizo suspirar de alivio. La situación tanto para la estación de tren como para el templo es estupenda y es fácil y barato encontrar donde comer justo al lado.

http://www.madurai.com/tmlodge/

La web es genial, abajo del todo a la derecha, la habitación individual, tan básica como es. Los precios no están actualizados. La individual es de 400 rupias, pero lo mejor es la foto como si fuera una torre exenta con cielo alrededor. No lo es. Está en una calle atestada de edificios.

Aquí os dejo también el enlace de tripadvisor:

http://www.tripadvisor.in/Hotel_Review-g297677-d1947807-Reviews-TM_Lodge-Madurai_Tamil_Nadu.html

Sobre comida y transporte, más detalles en sus propias entradas de este blog.

La parte más vívida e interesante de Madurai se recorre perfectamente andando, y es además lo más recomendable para captar la particular naturaleza de esta ciudad que se extiende alrededor de un templo excepcional en todos los aspectos.

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