Aukana, Ritigala y Sigiriya: El Mito Hecho Piedra

Dicen que es prerrogativa de los narradores de historias el dotar de misterio a lugares y personajes, y puede ser cierto en algunos casos, pero no en el de Sigiriya o sus alrededores.

Lago con la Roca del León al Fondo

Lago con la Roca del León al Fondo

La magia se te cuela por los poros. El cielo se confunde con el cristal de sus lagos, repletos de vida, tanto que resulta atrevido afirmar que las nubes surcan el aire y se reflejan en el agua. Bien pudiera ser al revés.

La luz es intensa y define cada árbol, cada flor de loto, las plumas de un pavo real y los colores de las milenarias formaciones rocosas que emergen como poderosas columnas reclamando su espacio en un paisaje dominado por marismas y manantiales.

Plantaciones de arroz en distintas etapas de crecimiento dan cobijo a garzas y otras acuáticas vigiladas desde pequeñas casetas en que espantapájaros humanos se preparan para ahuyentarlas con petardos si la cosecha peligra.

Leopardos y elefantes, monos y todo tipo de animales grandes y pequeños pueblan sus tupidos arbolados a caballo entre jungla y

Restos de Ritigala

Restos de Ritigala

bosque, bajo los que duermen, a veces aún sin desenterrar, los suelos que un día pisaron hombres y mujeres de otros tiempos y creencias olvidadas. El oído se agudiza, rodeado por sonidos nuevos para el visitante, a veces aterradores a la sombra de las hojas y puedes sentir pequeños ojos clavados en la espalda al adentrarte en Ritigala y sus ruinas mientras te preguntas si has cambiado de continente y visitas de nuevo el mundo maya.

Buda de Aukana

Buda de Aukana

Y de pronto Buda se yergue en Aukana del paranirvana en el que dormita en los templos excavados en las montañas que circundan el área, y desde su serena dignidad contempla a los fieles que le rezan como así ha sido por siglos

Pero nadie viene a Sigiriya por su sobrecogedora belleza o el atractivo de su fauna, sino porque hace mucho, mucho tiempo, los hombres culminaron la montaña para establecer su trono, y para aumentar su majestad tallaron las garras de un león y en su trono se asentaron. Y desde allí dominaban los cuatro puntos cardinales y eran amos del viento y del sol, y del rocío y las estrellas.

Ciudad en la Cima de la Roca del León

Ciudad en la Cima de la Roca del León

Y a los pies de la roca hicieron jardines y canales y horadaron la piedra para que el agua más pura besara la tierra y la germinara para el deleite de sus sentidos.

De aquellos tiempos casi nada está entero, quedan los cimientos, las sombras, los recuerdos; pero la grandeza no se ha ido, la grandeza permanece.

Desde la cima de la roca del León se respira la realidad del mito, se percibe la existencia irrefutable de animales que no existen, de la magia en la vida diaria, y el misterio que no ha de añadir el narrador porque está ahí, de un entendimiento divino y distinto de la razón impregnado en el aire y en el agua, pero sobre todo porque te lo dicen los pies, enraizados en la piedra, que late a un ritmo más antiguo que la vida, sabio y poderoso, y que seguirá ahí cuando todos nos hayamos marchado.

Aquí os dejo unas fotos que no hacen justicia a la belleza del lugar, y a continuación algunos consejos prácticos para quienes os animeis a visitar la zona.

Roca de la Cobra / Cobra's Rock

 Datos Prácticos:

Entrar a Aukana cuesta 750 rupias con cámara. La visita es rápida pero es mejor agenciarse un medio de transporte porque no es un destino cómodo en transporte público. Los paisajes por el camino lo compensan con creces.

En Ritigala no hay tarifa, y puedes recorrerla por tu cuenta o con guía. Están a la entrada. Es habitual dejar una donación para la conservación del parque (o eso dicen, porque no lo reflejan en ningún sitio). 500 rupias es más que de sobra. Recorrer las ruinas lleva bien una hora.

La entrada a Sigiriya cuesta nada menos que 30 $. Conviene llevar algo para secar el sudor, mucha agua y una gorra. Los guías probablemente te persigan durante un rato y todo el mundo espera propina por todo. La cara oculta de esta tierra mítica y maravillosa es la falsa sonrisa de la clase media local que fagocita y se apropia del turismo, en especial del extranjero, asumiendo que todos tenemos el mismo poder adquisitivo y que no vas a visitarlos una segunda vez. Por si acaso hay que preguntar cuanto cuesta todo y por adelantado no menos de un par de veces. El museo merece la pena y verlo con calma puede llevar bien 45 minutos. La ascensión otro tanto, especialmente si te paras un poco en los frescos y algunas de las rocas que se salen de lo común.

Detenerse en la cima y disfrutarla es una experiencia única e indescriptible. Recomiendan las guías ir a primera o última hora, y es un buen consejo. Yo me quedo con la puesta de sol desde la cima del mundo y descender cuando se va apagando la luz, para lo que hay que reservar media horita, no más tarde de las 6. Si primero vas al museo, es buena idea empezar la visita hacia las tres como tarde y comenzar a subir no más tarde de las cuatro para poder parar con calma por el camino y en la cima.

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