En el día de la mujer mundial

No puedo hacer otra cosa.

Pospongo la narración de viajes, las cuentas, mi lectura sobre Ayurveda y la selección de las fotos que se acumulan en la memoria de mi pequeño archivo portátil.

Ajena a los acontecimientos diarios, y más desde que me incorporé al ritmo colonial y tropical de la embriagadora Goa, acabo de reparar en el calendario por obra y gracias de los comentarios que en su mayoría mujeres, han publicado por el día de hoy en el día de hoy… y tengo algo que decir sobre el día de hoy, en el día de hoy. No lo difiero.

Primero felicito, claro, pero no por hoy, no por el reconocimiento oficial, no para cubrir la papeleta y mañana mirar hacia otro lado. Felicito a la mujer como concepto, como infinidad de arquetipos necesarios, a cada mujer por ella misma y por su lugar, por defenderlo o por no hacerlo, al lado femenino del varón y al del mundo. Y extiendo la felicitación a todos y cada uno de los días y de las horas del día y de la noche.

Dijo Gandhi que si la ley de nuestra existencia es la no violencia el futuro está en las mujeres… y me permito añadir, y el pasado… que ha sobrevivido al instinto destructor del género humano.

Y ahora me pregunto ¿De qué sirve la felicitación? ¿Acaso alguna mujer tendrá mayor respaldo o respeto? ¿Las sociedades en que nos consideran menos que el hombre o casi una propiedad se vuelven más tolerantes? ¿Y las que nos igualan, van a perder los infinitos grados de hipocresía en que se han convertido nuestras nuevas barreras?

Y no pretendo ser cínica, ni renunciar a la reivindicación de lo que es nuestro de pleno derecho: Todo; El mundo, el universo, la vida.

La mujer está en posesión del secreto de la vida, incluso si cree que no, incluso si no lo sabe. Es así y siempre lo ha sido. Da igual a qué se dedique, la mujer vive cada día atendiendo a lo que sucede a su alrededor, nutriendo a sus seres queridos, solucionando, defendiendo. La mujer no ambiciona poder porque en realidad lo tiene y nadie se lo puede arrebatar… el verdadero problema, en mi opinión, es que por querer imitar el modelo masculino, se nos va a acabar olvidando.

De éste, nuestro poder atávico, la dignidad fémina, reivindico la memoria, el grito perenne, la presencia. En mantenerlo vivo radica el futuro.

Porque sigue presente felicito.

Para que no se olvide ni se oculte bajo fingidos pretextos, valgan estas palabras de protesta.

No puedo hacer otra cosa.

Ni quiero.

Otro mar, el mismo mar… y yo

Será que no he visto olas en mi vida… O arena… Yo diría que sí… debo ser yo entonces la que veo el viento, huelo la arena y saboreo el azul del cielo y el verde en las palmeras con algo más que los sentidos, como hacía ya tiempo…

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Las olas en los mares del sur

Y el mar… El mar que es uno solo así lo nombremos de un millar de formas, que es cálido aquí y gélido allá de donde vengo y que siempre activa mi sangre, que me acoge y me mece y me revuelca y juega conmigo asomando entre la espuma los colmillos que han arrastrado tantas almas a sus entrañas en estos mares del sur.

El mar que me conduce a casa y que me deja de nuevo en esta nueva costa. El mar me mira y lo veo, lo oigo y me escucha, lo huelo y lo conozco y me respira hasta cambia mi olor, nos rozamos y nuestras aguas se funden en un abrazo eterno y saboreamos ambos, salado y dulce gustos y sabores que son desde el principio y hasta el final, el mismo.

Mis olas siempre acaban acompasándose con las suyas, y ya no hay nadie más, nada más, agua por dentro, agua por fuera, todo es el mar, y yo también.

(Desde la playa de Rockholm en Kovalam, Kerala, el 16 de febrero de 2013)

Poda y Partida

Extraño comienzo para un blog, ¿no? Suena incluso censurador. La cuestión es que no sabía por dónde empezar, así que el sentido práctico me invitó a hacerlo por el principio.

Nunca me ha gustado la jardinería (o yo a ella), sin embargo hay una disciplina que no se me daba del todo mal: la poda. Cortar para crecer mejor y con más fuerza.

Un día me encontré ensoñada en esta imagen sobre mi misma. Cómo, de alguna manera, sentía la necesidad de librarme de las ramas que ya no suponían más que un peso innecesario para poder crecer de nuevo, igual o diferente. Cómo este sentimiento llevaba acompañándome tanto tiempo que algunas ramas ya se arrastraban por el suelo.

La voluntad de cambio, claramente, se había presentado, y una vez ahí, los supuestos obstáculos que se iban presentando terminaron convirtiéndose, no en problemas sino en acicates impulsores de una renovación que se se reveló como el único camino posible para mantener la integridad.

Y es que si ha habido otro factor determinante es la sensación de ser una planta rara en un jardín ajeno.

No huyo aunque no me quede y no busco nada en particular aunque seguro que algo encontraré.

Y con semejante galimatías os presento el comienzo de este mi periplo interior y exterior… o trato de justificarme.

Sea como sea, trataré de organizarlo para que quienes lo lean puedan acompañarme, aprovechar algún consejo de viaje o lo que vaya surgiendo.

Me disculpo de antemano por mi torpeza en el mundo editorial que procuraré paliar a medida que me vaya equivocando.

Me fui hace unos días con las ramas cortas y la savia nueva. Y aún partida por la partida, por como me va sentando, lo recomiendo.

Podaos y Partid!

Nada más por ahora. Saludos otomanos.

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