LA MANZANA ORIGINAL / THE ORIGINAL APPLE

LA MANZANA ORIGINAL

Érase una vez según cuentan antiguas leyendas, un hermoso jardín, puro, verde y brillante ya que la Madre Tierra, el Sol y los espíritus del agua, juntos en armonía se ocupaban de cuidarlo.

Según algunos, había allí un árbol sabio cuyos frutos contenían todo el saber que fue, es y será. Y tiene sentido, puesto que hasta la más humilde de sus manzanas  florecía enraizada en la tierra, nutrida por el agua y repleta de la energía del sol.

Dicen algunos que había una mujer que nació de un hombre y que eran compañeros. Que ambos comieron de la manzana, pero en lugar de volverse sabios, se avergonzaron y fueron expulsados del jardín. La mujer fue culpada y castigada por este “pecado original”

Y así seguimos.

Miles de años atrás, el nacimiento del sistema patriarcal alteró dramáticamente el equilibrio entro lo femenino y lo masculino, Yin y Yang. La reescritura de los mitos fue uno de los primeros pasos en esta dirección:

Lilith, anterior esposa de Adán fue hecha desaparecer de las historias “oficiales” y reinventada en demonio por no ser sumisa. Las mujeres pasaron a ser propiedad y el abuso una normalizada expresión de poder.

La razón en oposición a la intuición en lugar de servirse como mutuas guías y una separación forzada entre cuerpo y mente que ha esclavizado a las mujeres, explotado a la Madre Tierra y en definitiva perjudicado a toda la humanidad y a nuestro planeta.

¿Suena dramático? Bueno, porque lo es. Pero basta ya de lecciones de historia y vamos a lo que vamos.

¿Qué clase de herida soporta la humanidad y encarnan las mujeres tras la frustrante repetición de infames conductas aceptadas y perpetuadas por la razón pero imposibles de asumir por nuestra intuición, espíritu y nuestro ser emocional?

Estas preguntas me impactaron con tanta claridad como sus respuestas. El poder femenino debe ser restaurado no para “ganar” o para derrotar a un enemigo sino para sanar a la humanidad y a la tierra equilibrando energías opuestas: Yin y Yang.

¿Y cómo hacer algo así? ¿Cómo cambiar la energía del planeta? ¿Es tan siquiera posible o tan sólo un sueño? La respuesta es sencilla: La herida femenina necesita sanar. Es una herida auto infligida y hemos perdido la pista de su origen, aunque sabemos que está ahí.

La sanación individual es la clave:

  • Debemos reconectar nuestros desatendidos cuerpos, emociones y anhelos con una mente egocéntrica y aprensiva, perdida desde hace tiempo en sus propias divagaciones.

  • Aceptar con compasión dónde estamos y quiénes somos, afrontándolo, aceptando el duelo si es necesario para liberarnos y seguir adelante.

  • Trabajar con intuición y fe en nuestra sabiduría interior, permitiendo que el cuerpo nos guíe en ese proceso.

Y tan pronto como suficientes individuos hayan sanado, como células en un cuerpo dañado, la curación integral sucederá espontáneamente y sin esfuerzo. Ninguna acción por la fuerza (Yang) nos conducirá a ello. Hemos tenido suficientes y no están funcionando. Es necesario un amor atento y constante, capaz de esperar paciente a que las cosas sucedan a su debido tiempo (Yin), empezando por nosotros mismos.

Esta posibilidad de cuento de hadas ha prendido en mí trayéndome esperanza y fe. Nunca antes había sentido algo así y me pilló por sorpresa. He explorado personalmente ese proceso de sanación desde el cuerpo con excelentes y reconfortantes resultados. Empecé a buscar a otros haciéndose las mismas preguntas y he encontrado unos cuantos, así que hay más.

 No me interesa el pecado original, la culpa o el remordimiento, sino la manzana. Esa manzana original que condensa la sabiduría absoluta, completa y equilibrada. Está ahí, dentro de nosotros y a nuestro alrededor, esperando a ser mordida de nuevo para sanarnos a todos.

Incluso como sueño, es poderoso.

(Mención especial a la Dra. Sharon Mijares cuyas elocuentes palabras me han servido de apoyo e inspiración. Su página está en inglés y está llena de cosas interesantes. Y a Neil Gaiman, forjador de sueños, cuya historia “el sueño de un millar de gatos” ha sido clave en el nacimiento de estas soñadoras creencias)

Links en la versión en inglés bajo estas líneas

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THE ORIGINAL APPLE

Once upon a time and according to most ancient traditions, there was a beautiful garden, pure, green and bright with Mother Earth, the Sun and Water deities, together in harmony supporting its growth.

According to some, there was a wise tree whose fruits held all the knowledge that was, is and will be. And it well might be since the humblest apple thrived rooted in Earth, nourished by Water and energized by the Sun.

Some say there was a woman that was born from a man and they were together. That both ate from the apple but instead of becoming wiser they became ashamed and were cast out from the garden. The woman was blamed and punished for this “original sin”

And we still are.

Thousands of years ago, the onset of patriarchy dramatically changed the balance between feminine and masculine, Yin and Yang. Rewriting myths was one of the first steps in this direction:

Lilith, the former Adam’s partner was erased from the “official” stories and turned into a demon for not being submissive. Women became property and abuse a normalized expression of power.

Reason opposing intuition instead of guiding each other and a forced separation between body and mind that has slaved women, exploited Mother Earth and ultimately damaged the whole humanity and the planet.

Does it sound dramatic? Well, it is. But, enough of history lessons. Let’s cut to the chase.

What kind of wound does humanity carry and women embody after the frustrating repetition of injuring behaviors accepted and perpetuated by reason but impossible to assume by intuition, spirit and our emotional bodies?

These questions impacted me as clearly as their answers. The feminine power needs to be restored not to “win” or to defeat an enemy, but to heal humanity and the Earth by balancing the opposite energies of Yin and Yang.

And how to do such a thing? How to shift the energy of the planet? Is that even possible or just a dream? The answer is simple: The feminine wound needs to be healed. It’s been self-inflicted and we’ve lost track of its origin although we know it is there.

Individual healing is the clue:

  • We need to reconnect our neglected bodies, emotions and craves with a selfish mind, full of fears, and longtime lost in its own wandering.

  • To accept with compassion where we are and who we are, facing it, grieving if necessary to be able to release and move forward.

  • To work with intuition and faith in our inner wisdom, allowing the body to guide us in that journey.

And as soon as enough individuals have healed, like cells in a damaged body, the whole cure will happen spontaneously and effortlessly. No strong action (Yang) will get us there, we’ve had plenty and it’s not working. We need a caring and constant love that patiently waits for things to manifest on due time (Yin), starting with ourselves.

This fairy tale possibility has engrained inside of me giving me hope and faith. I’ve never felt that before and it came as a surprise. I have personally explored this healing journey through the body with excellent and reassuring results. I started searching for others inquiring in the same direction and I found some, therefore there are more.

I am not interested in the original sin, guilt or blame, but in the apple. The original apple that condenses the holistic wisdom, complete and balanced. It is there, inside and around, ready to be bitten again and heal us all.

Even if it’s is a dream. It is a powerful one.

(Special mention and endless gratitude to Dr. Sharon Mijares whose eloquent discourse feels overwhelmingly supportive and inspiring. Read “Tales of the Goddess” and more in her website http://www.psychospiritual.org/ if you want to know more, and to Neil Gaiman http://www.neilgaiman.com/, dream maker, whose story “A Dream of a Thousand Cats” was key in the rising of this dreamy beliefs. Thank You!) 

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Un Buen Periodo

Hace un año reflexionaba sobre el día de la mujer, que lo son todos aunque solo nos den uno y hace sólo dos me mordía los labios con disgusto y fruncía las cejas esforzándome en comprender el anuncio que me miraba a dos metros de mi nariz.

Colgado en el vagón de un tren en Londres podía haberlo leído seguramente en cualquier gran capital occidental y moderna, multirracial, integradora e igualitaria y en este caso, además, pionera de movimientos asociativos como el feminismo.

Me miraban los ojos grandes y tristes de una joven mujer de color (negro) con la siguiente leyenda sobre su cabeza: “El peor periodo de su vida”. Al margen de la foto explicaba cómo en situaciones de conflicto armado, tras una catástrofe natural y en campos de refugiados suelen escasear productos higiénico-sanitarios para la mujer. (Vamos, que no hay compresas desechables)

Y añadía que así, las mujeres en tal situación “se ven obligadas a sufrir esa humillación cada mes” y solicitaban un pequeño donativo para “comprar algo de dignidad” para esas mujeres.

Y me quieren salir las palabras a borbotones porque no sé por donde empezar ante semejante despropósito…

Como firme defensora de la copa vaginal y por motivos tanto de salud como ecológicos, no voy a entrar a desglosar por qué las compresas desechables no me parecen lo más indicado en este caso (las reutilizables quizás…) y no pretendo cuestionar las iniciativas caritativas o solidarias.

Pero ninguna de esas es la verdadera cuestión.

No se compra dignidad con una “toalla sanitaria” (hasta el nombrecito se las trae), ni el sangrado cíclico femenino es una humillación. Al parecer no hemos avanzado nada desde que griegos, romanos y judíos apartaban a la mujer cuando esta era impura, cuando lo que su sangre o ellas mismas tocaran arruinaba cosechas y era en general causa inequívoca de todo tipo de males y desastres. Y menciono esas tres por ser grandes civilizaciones en que se sustenta la sociedad occidental, pero no son las únicas en esa línea.

La humillación es un concepto humano, social, cultural, consensuado o impuesto y finalmente transmitido… así que  resulta que siglos o milenios de tradición pesan más que la evidencia. La menstruación es un proceso natural, la sangre el fluido que corre por las venas de ricos y pobres, de hombres y mujeres, y la vagina (sí he escrito vagina) al parecer es tabú, especialmente según lo que entre o salga de ella.

La etiqueta, la vergüenza, la humillación y la indignidad la hemos sufrido, y la sufrimos aun de distintas maneras pero no por sangrar sino por sentir lo que nos han indicado como correcto, por tragar con roles establecidos por una cultura que se permite aún anuncios en esos términos sin sonrojarse, revelando inocente que ciertos patrones siguen ahí, enganchados como sangujuelas, a veces latentes, a veces activas y cebonas pero perfundiendo ponzoña tenaces en nuestra realidad desde que los hombres empezaron a reescribir las normas sobre las de la Madre Naturaleza, y ya carece de importancia si el origen fue la necesidad de control o el estupor al contemplar a un género que sangra y no se muere…  ¿Cómo pueden seguir estos esquemas  tan inmóviles ?

La sociedad, en lo esencial, si ha cambiado muchas veces no se siente. Hombres y mujeres recibimos con naturalidad estos mensajes, ajenos al chirriante aviso de que pisamos sobre cimientos corrompidos que hay que restaurar, y callamos, y al callar consentimos, y al consentir refrendamos y perpetuamos.

Esta visto que la mujer necesita un día, pero para dejar de avergonzarse por serlo, y todos los siguientes para estar orgullosas de su femineidad, y generaciones para educar desde ella a sus hijos y a sus hijas y a sus padres y a sus madres y a sus familias parejas y amantes.

Y hoy en nuestros tiempos, pero sobre todo hoy, en el día de hoy, ambos géneros deberían tomarse un tiempo para reflexionar y renovar algunas cosas.

Ese sería un buen periodo para empezar.

¡Feliz día!

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