Panjim: Viajes Espacio-Temporales

“Campal Miramar Market Market Miramar Market”, con acento en la “e”. Probad a repetirlo sin respirar. Ese fue mi primer contacto con Panjim en la estación de autobuses de Kadamba. A razón de 5 rupias por trayecto, vayas a donde vayas, esta línea en concreto recorre toda la costa urbana, y no tarda mucho, salvo que el cobrador haya decidido que el bus no está suficientemente lleno.

Por supuesto la encuentras preguntado, porque no entiendes ni una palabra de la cantinela, pero da igual. Subes, les dices a donde vas, tres veces, claro, y ellos te indican cual es tu parada.

Campal

Campal

Anclados en el mar, los barcos casino, que como siempre, me resistí a visitar y ahora me pregunto como serán… y en la costa pequeñas tabernas propias de la versión más luminosa del barrio viejo de Oporto.

Campal, barrio sossegado como el que más, alterna edificios modernos y anodinos con cuadrículas de casonas coloniales conservadas irregularmente a la sombra de árboles frondosos y añejos como la arquitectura a la que dan cobijo. Curioseando y tomando fotos a hurtadillas de una hermosa mansión amarilla, salió a mi encuentro su dueño un veterano profesor de violín, enamorado de la música española que me invitó a visitar la mansión también en su interior.

Techos altos, muebles y paños de los que ya no se fabrican. Suelos de baldosín. Y en cuanto me oye hablar en inglés adivina mi acento y me contesta en portugués, y para su sorpresa, yo a él en gallego.

Brindis con Vinho de Goa

Brindis con Vinho de Goa

Amigos ya, me ofrece un vaso de vino de Goa, no tan contundente como un buen Alentejo, pero sin duda un tinto más que digno.

El Profesor Antonio Peregrino da Costa puso a funcionar todos mis sentidos con su afable introducción al sossegado y a su hogar: Mis ojos no queriendo dejar escapar detalles que me trasladaban a otro tiempo, el tacto de los muebles, del vino y del aire, el gusto y el olor de la bebida, primer trago alcohólico en más de un mes, y mis oídos, tratando de retener los pormenores de una vida que se movió por más de medio mundo cuando no era tan sencillo como hoy, de Macao a Brasil para finalmente reposar en la tranquila casa familiar de este curioso reducto de India, donde su nuera, residente en Londres y encinta, nos hace una foto para conmemorar el encuentro.

Agradecida, prometí dedicar unas palabras a su cortesía, así como volver a visitarle si regreso alguna vez a las tierras de Goa.

En el centro de Panjim se encuentra la Iglesia de la Inmaculada Concepción. Blanca, con esas escaleras cruzadas tan portuguesas…

Y subí, para comprobar que estaba cerrada.

Y al darme la vuelta, para contemplar una postal digna de la Sicilia de los años 50. Desde el color del cielo a los scooters con pilotos sin casco, y a falta del cartel de Martini, el rojo de la coca-cola no se sabe si compitiendo o acompañando al azul pepsi.

Centro de Panjim

Centro de Panjim

Las casas coloniales en mejor o peor estado rivalizan en un desigual rango de siempre bien combinados colores… eso, o es que todos ellos quedan bien con el azul del cielo.

Pero en cuanto caminas unos metros, Panjim se vuelve a transformar, al aparecer ante tus ojos una mezquita y carteles en árabe jalonando los Lakshmi Electronics o los Rodrigues y Menendes, y unos metros más adelante un templo hindú en honor a Krishna que oculta de la visión el verdaderamente importante, el Templo de Mahalakshmi, con multitud de pequeños altares a Ganesha, Hanuman y otros tantos., y enseguida, dos templos de Sai Baba. Grandes Higueras y abundante vegetación entre edificios puede hacer pensar que has abandonado el centro urbano, pero no.

Pero hay más, si desde aquí caminas hacia el mar todo cambia de nuevo. La actividad crece y alcanzas la zona del Mercado, con varias manzanas dedicadas a la mercadería de flores, anacardos, alcohol, adornos para fiestas, el mercado de verduras y el de pescado. Sardinas, pez espada, almejas, gambas raras y descoloridas. Mucho muy fresco y parte no tanto. Es difícil decir si sorprenden más los parecidos o las diferencias: Las pescas reclaman tu atención igual, y preparan cucuruchos de periódico para entregarte la mercancía, da igual si les has dicho que no unas treinta veces. Demuestran allí mismo su habilidad para pelar gambas y pescado crudo, exponiéndolo con alegría a las moscas, pero, al parecer, haciéndolo más atractivo al comprador. No llegué a descubrir el por qué.

El de vegetales, esclarece al instante el interés que despertaba controlar las rutas comerciales. El olor y color de las infinitas especias, hierbas, frutas y flores inundan los sentidos, y por una vez, la cámara no hace justicia a la realidad.

De camino hacia Miramar, todo se diluye menos los grandes árboles y el calor. Menos actividad, y empiezan a escasear las tiendas aumentando las viviendas. Alternando calles menores con la vía principal, paso junto a una iglesia católica, blanca, achatada y repleta de feligreses y ventiladores, y me doy cuenta de lo que echo en falta: el incesante sonido de fondo de las chicharras, y estoy en el Mar Menor

Iglesia del Espíritu Santo

Iglesia del Espíritu Santo

Y Panjim, continúa su metamorfosis si al salir de la Iglesia de la Inmaculada Concepción vuelves a la estación de Kadamba, a unos quince minutos andando. Bajando hacia el río que hay que cruzar, sólo el vendedor de zumo de caña me despista. Bien podría estar en el Perú amazónico: casitas bajas, calles estrechas, mucho color y más calor.

De vuelta en la estación, llego preguntando a la oficina de reservas de ferrocarril y de nuevo consigo un billete para dentro de unos días. Coge número, paga, rellena un formulario que no entiendes, dirígete a ventanilla cuando anuncien tu número y mientras tratas de entenderte con la funcionaria, ayuda desde tu ignorancia a la buena señora que quiere sacar un montón de billetes a no sé dónde y que por lo visto, me confunde con una profesional.

Conseguido el billete, este ya es terreno conocido: “Campal Miramar Market Market Miramar Market”, y con calma, camino de vuelta.

Aquí os dejo el enlace para unas cuantas fotos más:

Coctelería de Eufemia Rita / Eufemia Rita

Goa: Influencias a la Carta

Era de esperar que en una región tan particular como lo es Goa dentro de la India, las diferencias se hicieran notar a la hora de comer, y así es.

 Por supuesto, en gran parte se debe a la influencia portuguesa, y por obra y gracia de su colonización, el alcohol no está prohibido, y el vino se consume con normalidad acompañando a la comida en los restaurantes de comida goesa o internacional. Incluso elaboran tintos locales, unos con más fortuna que otros… Por lo poco que probé, los secos se pueden beber aunque no sean sensacionales. No puedo decir lo mismo de sus “Porto”. El que probé era un moscatel tan vulgar que aquí no lo querríamos ni para vino de misa.

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Comida en el Spynick

Hasta tienen Arrak, una especie de aguardiente, de caña o de anacardo que tiene pinta de ser bastante peligroso.

También el consumo de carne y pescado es mayor así como las especialidades en su preparación. Hay restaurantes estilosos y caros cuya carta se limita a las recetas locales pero mi bolsillo me aconsejó limitarme a opciones más asequibles.

En general, al pescado y al marisco lo esconden bajo tal cantidad de especias que casi no se les reconoce, y curiosamente, no es porque no lo puedas encontrar fresco fresquísimo en el mercado. Fan como soy de la cocina india, admito que con el marisco no me han conquistado, y con el pescado… poco, diría que la galleguidad costera me ha acostumbrado a unos estándares de calidad y sabor en estado puro que me hacen poco proclive a otros experimentos si no fuera porque lo que hacen chinos y japoneses con los animalitos del mar al llevarlos a la mesa sí me gusta.

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Máquina de Zumo de Caña

Pero mi descubrimiento gastronómico en Goa no fue tanto la comida o el Masala Chai, de los que no tengo queja gracias al buen hacer de mi amigo Edmond, del Spynick en Miramar, sino el zumo de caña… Quién me iba a decir que cuando espachurras bien la caña de azúcar sale un líquido espeso, casi transparente y dulce aunque menos de lo que podrías esperar. Hay puestos ambulantes por doquier. Mecánica colorista digna de Willy Wonka, en la que a la golosa bebida le mezclan lima, si quieres hielo y a veces jengibre, todo un aporte energético y bastante sano, ya que el dulce está sin refinar y a él se unen no pocos minerales y vitaminas. Un vaso por tan solo 10 rupias (aunque discriminándote por el color de tu piel te pueden pedir bastante más)

Eso,  y la lima dulce y salada, que viene siendo echarle sal y lima a un refresco de soda, vamos un Acuarius menos dulzón y de andar por casa… y el té con leche y jengibre, por el que no habría apostado jamás y resulta que está bueno.

La zona es además la principal productora de anacardos de la India. Los frutos secos de calidad no son baratos y quien tiene buen producto, vende el anacardo de Goa. Es fácil encontrar tiendas dedicadas casi en exclusiva a esta semilla comestible y sus derivados.

Verduras en el Mercado de Panjim

Verduras en el Mercado de Panjim

También el tamarindo y las especias abundan y se venden en el mercado a granel o envasadas.

Otro punto a favor de Goa es el chocolate… la producción repostera de la zona no se limita al repertorio indio, de por sí amplio pero cuyo repertorio de sabores se nos antoja extraño mucha veces a los paladares occidentales, con lo que es fácil encontrar brownies, galletas y otros pasteles, como los de banana, muy sabrosos, y que si no son caseros y naturales, desde luego lo parecen.

En resumen, en Goa es fácil encontrar el repertorio clásico de la comida india, ya no tan del sur, y no sólo vegetariana, pero también la fusión autóctona de la cocina goesa, los pescados y mariscos, una buena oferta de cocina internacional tanto en el casco urbano como en las playas, y para quien le guste, restaurantes de “comida rápida” de varias marcas muy conocidas.

Vamos, que en Goa podrás comer aunque no te guste la comida india o te hayas cansado del arroz, acompañarlo de una copa de vino o una cervecita, y además tomar un buen postre. ¿Qué más se puede pedir? Ah sí, un zumito de caña a media tarde.

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