Dambulla: Los Budas en las Cuevas del Cielo

El bullicio de Dambulla transcurre a espaldas de los budas. Esta población, cruce de caminos entre Sigiriya, Pollonaruwa y Kandy mueve por igual a turistas y locales. Las cuevas monasterio, cerca del cielo en lo alto de una escarpada roca a la salida del pueblo, contemplan estáticas desde sus brillantes colores y su divina serenidad el hormiguero humano que trajina a sus pies se ocupa de asuntos mundanos y grises

El acceso desde la carretera es anodino primero, mostrando un discreto templo budista y después directamente kitsch: coronada por un buda enorme y dorado, la entrada al museo es tan grosera y falta de gusto que más parece propia de uno de cera que de budismo.

Aunque en el museo, que no merece la pena, venden la entrada para las cuevas, lo hacen de modo conjunto con la de la propia colección, por lo que es mejor rodear el edificio que queda a mano derecha al entrar, y en el que hay otra taquilla en la que se pueden adquirir las entradas solo para las cuevas. Además se puede dejar allí la mochila si hace falta.

Buda Yacente

Buda Yacente

El ascenso es empinado y las vistas mejoran a medida que se gana altura. Familias de monos escoltan los pasos de turistas y fieles. Los vendedores de flores de loto ofrecen su mercancía ya que las cuevas son un activo monasterio del que la gente es muy devota.

Incluso al traspasar la entrada la autentica belleza del lugar permanece oculta. A principios del siglo XX se construyó una estructura encalada que convirtió las cuevas en habitaciones protegiéndolas de las inclemencias del tiempo y de los animales. Se percibe la paz del refugio de buda, casi entre las nubes, y la magnificencia de la roca que le acoge pero lo que hace especial a este lugar habita en el corazón de la piedra.

Cada atrio es diferente y reside su encanto en esa luz tenue que no revela el auténtico brillo de los amarillos, rojos y negros con que están delicadamente cubiertas paredes y figuras.

Policromía

Policromía

Aunque el número de cuevas es de hasta 80, se visitan y conforman el complejo solo cinco. Pertenecientes a diferentes etapas, todas ella han sufrido retoques y repintados en sus dibujos y estatuas.

Budas grandes y pequeños, yacentes y en pie o sentados te miran siempre de frente y su mirada te traspasa porque el buda desde su Nirvana ve las cosas de manera distinta. El lugar invita al silencio y la reflexión, y la sensación de paz que transmite es rota tan solo por los primates, rateros oportunistas, que no pierden ocasión de colarse en cualquiera de las cuevas para escaquear su cuota de la comida ofrecida a santos y dioses seguido del sonido de una piedra o un palo arrojado por el monje o feligrés más cercano mientras le grita algún improperio.

Las flores, el incienso, los rezos, la piel de los budas amarilla casi dorada, su giocondesca sonrisa y su mirada puesta en la eternidad, hace de estas cuevas una genuina burbuja espiritual.

Estados Contemplativos

Estados Contemplativos

Algunas deidades hindúes se encuentran representadas junto a los budas y sus discípulos y son veneradas por igual. Los monjes realizan ofrendas a cambio de pequeñas donaciones en efectivo o bienes, y atan un hilo blanco en la muñeca del bendecido mientras murmuran mantras protectores.

De vuelta en el mundo real, los monos vigilan el descenso, por el mismo camino, y vendedores de recuerdos tratan de hacer negocio.

Las fotos muestran parte de la belleza de un espacio que es mucho más que una imagen porque este es uno de esos lugares en que la verdadera memoria queda impresa en los sentidos y deja una huella en el alma. Aún así, ahí están.

https://www.flickr.com/photos/afuerasyalrededores/sets/72157633516726331/

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Attuka Pongala: El día de las diosas

¿Cómo describir una celebración a la que ni siquiera las fotos hacen justicia? Las palabras se me van a quedar también pequeñas, me tendréis que perdonar. Sin embargo, haré lo posible por describir lo que vi, lo que entendí y lo que sentí como mejor sepa.OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Esta es la fiesta de las mujeres. Dedicada a Devi, que representa lo femenino en la divinidad dentro del hinduismo. Para ponerlo en términos sencillos, cualquier diosa es Devi, pero al referirse a ella se recogen todos los aspectos femeninos en lo divino. Es un concepto similar al de la Virgen del cristianismo y cada una de sus versiones.

Esta fiesta, nace como casi todas de un mito: “Queriendo Devi darse un baño detrás del templo de Attuka, en las afueras de la ciudad, pidió a una mujer musulmana un poco de aceite aromático, aquella se disculpó alegando que no tenía, cuando en realidad poseía una refinería de aceite. Mejor hubiera hecho accediendo a la sencilla petición, ya que para su sorpresa, descubrió que en efecto todo el aceite que tenía había desaparecido”.

Desde entonces, mujeres de toda religión y condición ofrecen a la diosa una cocción de arroz con melaza y especias parecida al arroz con leche que hay que dejar subir y salirse de la misma en su ebullición. Este desbordamiento que simboliza la abundancia que se pretende es Pongala.

A punto de hervor y de que se produzca el Ponggala

A punto de hervor y de que se produzca el Pongala

Como si de una romería gallega se tratara, las mujeres piden el favor de la diosa, y si lo atiende, preparan un número de potes al año siguiente, y no cualquier cantidad, sino alguna que suponga un buen auspicio. Una señora que conozco preparó 108, y para ello como mucho pudo contar con la familia cercana.

Y como en los milagros de Amil, la cosa se va dejando sentir desde días antes. Primero, los cacharros de barro se amontonan por millares junto a los muros del East Fort, y es que de allí salen autobuses urbanos e interurbanos y es muy buen lugar para cruzarse con posibles compradoras.

Un par de días antes empiezan a montar altares y adornarlos por todas partes, y a colocar altavoces más grandes que los de la Panorama alrededor… no sabíamos bien la que se nos venía encima.

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Altares y altavoces como estos cada treinta metros. Una locura.

El día anterior a las cinco de la mañana dieron el pistoletazo de salida. Aquí las romerías comienzan con la salida del sol, y son muy serios al respecto, así que encendieron la música por lo menos al 11… Creí que literalmente tenía que saltar por la ventana detrás de mi corazón. Para morirse los temazos y qué decir del volumen.

Día y medio ininterrumpido de canciones religiosas, de las de aquí, que si bien pueden ser a veces más alegres… ¡qué tonos de voz!

Si sales a la calle en la víspera, te das cuenta de que algo grande está pasando: hay mucha más gente de lo normal por la calle. Puestos callejeros y vendedores que aprovechan el aumento de público y el ambiente festivo.

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Las mujeres toman las calles.
Vista de MG Road.

Comienzan a formarse hileras de mujeres, leña y potes pegados a cualquier muro, a cualquier edificio, tanto que se hace aún más difícil circular.

Las mujeres toman el mando por día y medio. La jerarquía hoy si acaso, la mantiene la edad, y las matriarcas que me ven con la cámara me preguntan o me explican (aunque yo no me entere) de que va la fiesta, exclusiva de Thiruvananthapuram, y que atrae incluso a expatriadas desde todos los rincones del mundo.

Los kirtan continúan desaforados repitiéndose hasta que me los aprendo, con extrañas alternancias como el Gangnam Style, que ya me lo sé. Los tapones no sirven. Sólo los cascos a un volumen mayor me permiten dormir algo para acudir mañana a la fiesta.

Una de las protagonistas.

Una de las protagonistas.

Abro la ventana de la ducha y en el descampado, donde normalmente no hay nada, una veintena de mujeres sentadas frente a sus ollas agita los brazos invitándome a acompañarlas. Saludo, pero además de no tener ni idea de por donde llegar, quiero acercarme de nuevo al East Fort y al templo.

Tan solo doblar la esquina del callejón y tienes que pasar de puntillas ante las ollitas ordenadamente dispuestas ante las puertas de las casas, pero dejando muy poco espacio. No es más que un anuncio, la punta del iceberg.

Llegando a MG Road bajamos por una calle secundaria y aún así empezamos a vislumbrar las dimensiones del asunto: Hoy la ciudad se paraliza, no hay espacio para coches, autobuses, motos o rickshaws, sólo vehículos oficiales o de emergencias pueden transitar las vías.

la foto

En plena acción

Una vez en la arteria principal, la impresión es sobrecogedora. Imposibles de contar, infinitas mujeres, pacíficamente sentadas frente a sus ollas, hojas de plátano, lamparitas de aceite, fruta.

Sinfonía de color entre comida, artilugios, ropa y las flores que adornan los cabellos. No hay edad ni religión, no hay clases sociales. Todas están en la calle codo con codo charlando y pidiendo ser fotografiadas mientras esperan.

Todo está listo. En los caminos adyacentes al templo, un camión reparte calderitos de agua anunciando que el momento se acerca, y en un afortunado encuentro cruzo la mirada de mi objetivo con la de Seema, fotógrafa local que lleva años documentando la fiesta: “Tápate bien la boca cuando empiece el humo, me advierte”.

Once y cuarto en punto

Once y cuarto en punto

Ascenso de vuelta por MG Road. El calor empieza a apretar, pero a ellas no les afecta, tan solo ultiman detalles: Adornos para la hoja de plátano, la leña bien dispuesta, la pulpa de otro coco lista para añadir a alguna mezcla. Muchas se han levantado ya.

Once y cuarto en punto. Las mujeres llevan en pie un par de minutos. Ya no hay música como antes, distinta cada diez minutos. Ahora es el silencio el que sobrecoge. Eso, y que ya no estás rodeada de infinitas mujeres sentadas, sino en pie, ¿cuándo ha pasado? ¿por qué no las hemos oído? Y sin embargo ahí están, erguidas y preparadas para inclinarse de nuevo, pero solo ante Ella. Asombrosamente a la vez prenden la leña. Incontables ollas de infinitas mujeres comienzan a calentarse sobre las llamas. Las mujeres remueven. El humo lo inunda todo.

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El humo que oculta el sol por unas horas.

Me lloran los ojos, no veré mucho más. Las mujeres han hecho que se oculte el sol cerca del mediodía como lo hacen cada año aquí en Trivandrum, porque ellas son la diosa y han tomado el control aunque apenas sea por poco más de un día. Tres horas después todo se acaba.

Disipada la nube ofrecen la comida y recogen los restos. Esa misma tarde nadie podrá recordar lo que ha ocurrido mirando las calles. No será tan fácil borrarlo de mi memoria…

Algunos se preguntan que ocurriría si las mujeres tomaran las calles. En Kerala lo hacen una vez al año, y lo hacen para rendir pleitesía al poder femenino de la nutrición, para pedir abundancia para todos, con música y risas, tranquilas y afables. Eso ocurre, que siguen cuidando y alimentando al mundo.

Yo las he visto alzarse en silencio, no las hagamos enfadar.

Os dejo  a continuación los enlaces a dos álbumes:

Attuka Pongala

Cocinando / Cooking

Mujeres del Attuka Pongala

Mujeres / Women

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