Religión, comunismo y tradición en la India tropical

Thiruvananthapuram, Trivandrum, atendiendo a su nombre colonial, y el que usa todo el mundo en la calle, es una ciudad extensa, extremadamente ordenada para ser India, con barrios similares y diferentes y que siendo mi hogar adoptivo durante los pasados dos meses, aún no he tenido ocasión de conocer como me gustaría.

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Casa de arquitectura popular. No se ven demasiadas. Es una de las cosas en las que un mal entendido progreso arrincona la belleza.

La capital comunista de Kerala alterna alegremente banderas encarnadas con la hoz y el martillo con coloridos templos o las hermosas casas con tejados de madera, típica arquitectura popular hoy dejada en el olvido pero de la que aún se pueden encontrar dignos ejemplares.

Independentista y defensora de una cultura propia tienen un idioma exclusivo, el malayalam, de hermosa caligrafía redondeada, tanto que resulta difícil pensar que puedan tener ni una sola palabra ofensiva.

Y lo cierto es que las diferencias con otras partes de la India, son evidentes incluso para el viajero más profano, y no sólo por el lenguaje, con una extensa filmografía de producción propia. Sus danzas Kathakali, representando historias de antiguas escrituras son famosas en el mundo entero, y su arte marcial Kalarippayatu, hermano de las prácticas yóguicas, tiene también origen en Kerala. Por si esto fuera poco, esta es la cuna del Ayurveda, la ciencia de la vida, la “medicina” india, más relacionada con el saber vivir que con los cuidados paliativos.

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Y pasas por delante del templo un día cualquiera y te encuentras con esto.

Y en el terreno social, nada que ver con otras regiones. Aquí la gente se queja de la corrupción de gobierno y sindicatos y como en todas partes, hace lo que puede, pero al menos tienen un sistema de buses urbanos e interurbanos barato y fiable. Eso sí, yo me harto a preguntar porque bastante difícil es aprender a decir Vellayambalam como para entenderlo en grafías malayalam. La alfabetización es mayor que en el resto de la India y también la integración de la mujer aunque de aquella manera (como en todas partes, para qué nos vamos a engañar a estas alturas). Hay muchos estudiantes universitarios y grandes oportunidades para ampliar estudios en el extranjero, aunque sólo para regresar y no tener donde aplicar lo aprendido…

En general la gente es religiosa y tradicional con todo lo que ello conlleva: desde hacer ofrendas hasta consultar al astrólogo, desde acordar los matrimonios hasta respetar escrupulosamente conductas que desde nuestra concepción del mundo se nos antojan impensables. Y compatibilizan esto con el facebook, las carreras universitarias de alto perfil tecnológico, o trabajos de responsabilidad y horarios incompatibles con la observancia estricta de los dogmas escritos o no que rigen esta contradictoria sociedad.

El aire es denso y la temperatura alta, los mosquitos, de todos los tamaños aunque su picadura duele igual, a las cucarachas las podrían sacar a pasear con correa; He visto gatos más pequeños, pero los habitantes de Trivandrum dicen con nostalgia: deberías haber visto la ciudad hace cinco años… sin apenas polución y la ciudad más limpia de la India. Sin duda, y junto con Panjim, lo es, al menos de entre las pocas que conozco.

Como digo, he visto poco, porque me he dedicado a practicar yoga, a estudiar y a vivir, y a mediodía hace demasiado calor para ninguna de las tres cosas, pero he callejeado y sé donde comprar la deliciosa miel de una cooperativa local, donde están los puestos de fruta con mejor calidad, el supermercado donde tienen pan de molde sin azúcar, la tienda de unos frutos secos tan exquisitos que tengo que comprar en cantidades pequeñas o podría comérmelos todos de una sentada.

He encontrado también varios sitios fiables donde comer, una librería con una planta entera de libros dedicados al yoga y la filosofía hindú, y el Centro de Sivananda, en el que alterno clases de yoga con el centro en el que estudié.

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Templo de Padmanabhaswasmy

Zumos naturales, deliciosos thalis (meal, vamos, la comida del mediodía) de los que ya os hablaré, lassi, millones de cosas para picar… Y no hace falta ser vegetariano, pero en mi opinión… el pescado tiene mejor pinta que la carne. Y, ¡por fin! ¡Un sitio en el que existen los refrescos salados!

Y todo esto sin hablar de sus templos, famosos como el de Padmanabhaswamy, o no, coloridos o sencillos, en los que te admiten o no, de su zoo, con tantos defensores como detractores, o sus millares de festivales y otras tantas cosas por descubrir.

Tendré, poco a poco, mucho más que decir. Una ciudad que cada día me sorprende con algo nuevo a la vuelta de la esquina, es para entrar en detalle, y tan sólo me he quedado en la superficie.

A punto de dejarla por unos días, me descubro acostumbrada a Trivandrum, un hogar temporal y tropical, del que ahora mismo me cuesta imaginarme partir.

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