La India en Tren

El sistema de transporte por antonomasia de la India. Imprescindible por útil y barato, y recomendable como experiencia, es sin duda el tren.

He aquí algunos enlaces, comentarios y consejos que os pueden ser de utilidad:

Lo primero, cuando no tienes experiencia y necesitas más información es consultar ésta página:

http://www.seat61.com/India.htm

Adjunto el enlace de India, pero tiene toda la información relevante y actualizada de los ferrocarriles de todo el mundo. Un lujo.

Oficina de Reservas en la Estación de Trivandrum

Oficina de Reservas en la Estación de Trivandrum

Para largas y a veces no tan largas distancias, es recomendable reservar con antelación, en determinadas fechas y líneas, bastante antelación, para lo que se puede acudir a la Oficina de Reservas de la Estación Central más cercana y rellenar un formulario a entregar en la ventanilla y pagar.

Existe la opción de reservar por Internet, al parecer no es complicado, pero para compensar, darse de alta en el sistema, paso previo imprescindible, es un calvario indesentrañable que además funciona mal en muchas ocasiones (o yo he tenido mala suerte, que puede ser). Además, exige tener activo un número de teléfono local.

Como al fin y al cabo es la página oficial, aquí os la dejo:

Vías del Tren

Vías del Tren

http://www.indianrail.gov.in/

Otra opción, en mi opinión más sencilla, es consultar ésta página:

http://www.cleartrip.com/trains

Clarísima y fiable, puedes comprar directamente o anotar la información y dirigirte a la Oficina de Reservas sabiendo exactamente lo que quieres. Te informa de si hay plazas disponibles para el tren, fecha y clase que buscas y te informa del precio del billete y horarios, con lo que ya no tienes que preguntarle a nadie.

Otra cosas, ante la duda, en India, siempre es mejor comprar el billete, ya que además de ser muy baratos, se puede cancelar y recuperar si no todo gran parte del importe incluso después de la salida del tren.

 Un par de consejos más basados en mi experiencia personal, así que seguramente discutibles pero que espero que os sirvan:

  • Para trayectos de más de cinco horas, es mejor viajar de noche y tratar de dormir, elijas la clase que elijas.
  • Las clases superiores cuentan con baño al estilo occidental, y es una de las cosas que nos suelen atraen a los viajeros occidentales, sin embargo no es buena idea. Los indios no lo saben usar y siempre está mucho más sucio que los de estilo indio.
  • Literas Laterales en un Vagón Sleeper

    Literas Laterales en un Vagón Sleeper

    Las mujeres que viajan solas, van más seguras en el clásico vagón de sleeper que en algunos de primera, y es que son compartimentos que se pueden cerrar desde dentro de 2, 4 o 6 literas. La privacidad, que es una ventaja viajando en compañía, pude ser un problema cuando compartes con desconocidos.

  • Pregunta antes de la hora de llegada cuanto queda para tu parada… estos trenes llegan muchas veces con adelanto de hasta 15 o 20 minutos a las paradas principales.
  • Lleva algo para cubrirte y para taparte el cuello y la cabeza especialmente si duermes en la litera superior. Los ventiladores están muy cerca, y se nota.
  • Para gustos las mejores y peores literas, pero la del medio es sin duda la peor. Las preferidas de algunos son las de pasillo, pero no creo que sean las ideales para los extranjeros… sólo te hace quedar más expuesto a las curiosas miradas del resto del pasaje.

 Por supuesto se podría entrar en muchísimo más detalle, pero con esto hay más que suficiente para tomar una primera decisión informada. Luego se trata de disfrutar la experiencia de pasar veinte horas en un tren y descubrir que no era para tanto…

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Sultanahmet

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Marca de Vía Romana

Corazón del Estambul más turístico, es transitado a diario no solo por toda suerte de visitantes, desde excursiones guiadas persiguiendo una banderita al mochilerismo más independiente, y es que por su arteria principal pasa la línea T1 del tranvía, una de las más utilizadas por locales y foráneos. Quizás por eso, hasta que no te adentras en las callejas repletas de restaurantes, no es tan evidente que cada tienda, casa de cambio o negocio existe por y para el visitante.

La competencia es feroz y la oferta, en general, magnífica. La comida Turca es espectacular, y presumen de haber inventado cualquier receta que se consuma desde Grecia hasta Irán… Si tanto es cierto no lo sé, pero sí que poseen restaurantes lujosos y aparentemente bien atendidos, a los que no fui, y menos para comer sola, que luego no da el bolsillo. Comer con un presupuesto ajustado es más complicado sin salir de Sultanahmet, pero no imposible. El secreto resside, como siempre, en perderse un ratito por las calles de atrás.

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Historia en Piedra

Ya sé que lo normal sería hablar sobre los monumentos que allí se ubican, los más importantes y conocidos, pero me resistí a la tentación de asomar la cabeza para obligarme a hacer una visita pausada que me permita paladear hasta el último rincón de sus palacios y templos.

A cambio, paseé sin rumbo hasta desorientarme en un par de ocasiones, aunque es fácil retomar la pista en este barrio y los  circundantes.

Aún así, imposible no reparar en la silueta de Santa Sofía, o en los milenarios restos romanos que aún lado de la calle advierten al viajero de la dimensión histórica del vecindario.

El Old City Hostel, que reservé por internet, tiene una situación difícil de igualar. Está bien, y no es caro para el barrio. Dicho esto tengo que añadir que puede mejorar algunas cosas, como lo de pasar la escoba solo por donde se ve… Como aún está nuevo se ve muy limpio. Habrá que ver como lo trata el tiempo. El minúsculo baño que compartí sólo con una persona cada vez, tiene que dar servicio a 8 personas si el dormitorio está completo, lo que parece un poco excesivo… no me querría ver en esa situación. El hostal dispone de wifi, que con los que estábamos, funcionaba bien.

El Hostal

El Hostal

Desde las callejuelas repletas de restaurantes y tiendas de dulces, bajando hacia el mar, es fácil llegar a la zona de bazares. Por allí anda el mercado de especias, donde se hablan todos los idiomas conocidos y se venden desde caramelos hasta caviar. Es una visita turística obligada, supongo, pero a mi, personalmente, me resultó mucho más divertido recorrer la multitud de tiendas de relojes y móviles que como galerías de un hormiguero zigzagueaban no muy lejos bajo un par de edificios.

Necesitaba un reloj para mi viaje y me dije: a por él. La primera sorpresa fue que si en el mercado de especias se dirigen a ti con igual facilidad en ruso que en español, no ocurre lo mismo en los bazares no consagrados al turismo… allí encontrar a alguien que hable bien inglés es más que difícil, lo que no impidió que me pidieran según las tiendas, desde 10 hasta 30 euros por exactamente el mismo reloj, y sin regateos…

De regreso al hostal con un frío de nieve y por calles poco transitadas descubrí tres locales en los que valió la pena entrar a comer: El Namli, el Azayma y el Arse Döner Dostlar Büfe, donde, por fin me decidí a tomar un kebab, y es que la mayoría de los locales de comida rápida en primera línea comparten demasiado con las hamburgueserías occidentales.

Ralentizado sin duda por las bajas temperaturas y el escaso flujo de turistas, Sultanahmet me pareció un atinado compendio de negocio turístico, encanto arquitectónico, y solemnidad histórica. Una buena fachada para las excursiones fugaces y un agradable paseo entre la lluvia y la nieve. Ya veremos si opino lo mismo cuando parezca un hormiguero humano este verano.

Eminönü

Es uno de los puertos de Estambul, el más cercano al centro histórico, y muy transitado, así como las calles que lo rodean, donde se ubica el mercado de Especias.

A Eminönü se llega fácilmente en tranvía desde Sultanahmet si es que llevas equipaje o no quieres andar, porque no lleva más de 15 minutos a pie, y salvo por el frío de este enero, es un paseo apetecible y cuesta abajo.

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Eminönü desde el Ferry

Puestos de comida, pescadores con caña, turistas y transeúntes se mezclan y cruzan. Es curioso como todos los puertos tienen similitudes hasta que desciendes a los detalles, y vete a saber si por la barandilla o por las amplias aceras, recordé San Francisco. Solo hay que darse la vuelta mirando hacia la carretera: La silueta de minaretes y cúpulas bizantinas no deja lugar a dudas.

El lugar es agradable e invita a sentarse y observar, tanto hacia el mar como hacia quienes por innumerables motivos se encuentran en el área.

Ricos panes con sésamo, zumos de granada y naranja, el fish sándwich, que no sé por qué no conseguí, son algunas de las viandas que se pueden encontrar, y con el envidiable sistema de transporte público de que disfruta esta capital, es normal que gran parte de la población urbana use el ferry para desplazarse a Kadiköy, en la parte asiática de la urbe. Pocos turistas estábamos en el puerto y menos aún en el barco.

Si bien hice la travesía para acceder al aeropuerto de Sabina Gokcen, es un trayecto más que recomendable por el mero placer de hacerlo. En media hora escasa y por el módico precio de 3 liras turcas, como el capitán pirata de la famosa canción hasta el turista más económico puede tener la sensación de poseer el Mediterráneo con Asia a un lado y al otro Europa.

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Los pájaros

Con la escolta permanente de hordas de pequeñas gaviotas e ignorado en la distancia por un batallón de cormoranes en alineada formación, el ferry alcanza su destino aparentemente ajeno a la perturbadora sensación que me acompañó durante toda la travesía de que las aves han tomado posesión de este pedazo de mar, sin duda estratégico.

Volveré, a respirar el mar y desde luego a comer un bocadillo de pescado, experiencia sobre la que hay acuerdo unánime de que no se debe esquivar. Esperemos que no haya que volver para rescatar a la humanidad de las alas de los pájaros…

Sri Lanka: Preámbulo Original

Con la silueta de una gota de agua, y una historia repleta de mitos entremezclados, la tierra sagrada para tres religiones a la que saltó Hanuman para rescatar a Sita, esposa de Rama, en la que se dice que Adán pisó el suelo por vez primera y que custodia el diente de Buda.

Budas en Sigiriya

Budas en Sigiriya

En la que siendo el budismo la religión predominante, las serpientes, Vishnu o Kali tienen un lugar en el mismo templo, y otras religiones, tanto la cristiana como la musulmana conviven en cada pueblo…

Donde civilizaciones hoy desaparecidas escalaron montañas para establecer avanzadas capitales en su cima y construyen templos en la selva con una disposición que resulta sorprendentemente similar a la de mayas y otras culturas lejanas que se pierden en el tiempo.

Parajes y construcciones mágicas y misteriosas rozando las nubes, en las que parecería más natural ver entrar a Conan o a Indiana Jones que a un grupo de japoneses o rusos quemados por el sol.

Montañas, ríos, lagos, bosques, mares. No menos de cuatro climas diferentes…

El sol naciente desde Adam's Peak

El sol naciente desde Adam’s Peak

Los elementos se presentan en su estado original o en ordenada armonía, y así, el espacio limitado es infinito, la tierra es roca o blanda cuna de arrozal, el agua lago cristalino, ola o nutritiva lluvia, el aire suave y ligero o transporte de nubes negras capaces de someter al fuego solar.

Así no resulta difícil imaginar a Sri Lanka como el Paraíso, donde el hombre fijó su primera residencia, donde el árbol del bien y del mal ha sido erradicado pero las serpientes siguen hablando con los humanos, los monos son reyes, y los murciélagos y las ardillas, gigantes.

Flores de Loto

Flores de Loto

La fauna, infinita, colorida, y a veces violenta, se confunde en una vegetación tan plagada de flores, que solo en los templos el olor de gardenias y jazmines es mayor que en calles y bosques.

Sri Lanka es una lágrima de tierra caída en el agua salada del mar… no me queda sino preguntarme si la lloró Adán

al ser desterrado o fue Dios al terminar lo que en su día fue el Paraíso que creo para el hombre, o al menos, el ensayo general de lo que hoy llamamos la Tierra.

Goa y el Sossegado. La India a Cámara Lenta.

Se reía el vecino de Óscar, un vigués que dirige con éxito las filas del Sporting de Goa y que fue mi anfitrión en Panjim. Se reía cuando ante la pregunta de si había disfrutado mi corta estancia en Goa, le respondía sin apenas pensarlo: “Oh, yes, it has a different rhythm. Goa is slow motion India” (tiene un ritmo diferente, Goa es India a cámara lenta). Y es que no sé si es la tropicalidad o el burgués toque colonial portugués, pero por momentos no sabes si estás en India o en cualquier otro país selvático y tropical.

¿Trópico? Claro, pero ¿Asia o América?

¿Trópico? Claro, pero ¿Asia o América?

 Aquí la polución es menor, los atascos de tráfico, más llevaderos, hay más motos y menos rickshaws y coches. Y si bien hay cosas en cualquier parte de la India para las que te van a hacer esperar, que duda cabe, aquí puedes tardar más en que se llene el autobús que te lleva al otro extremo del casco urbano en Panjim de lo que tardarías en ir andando, pero es lo normal.

 Y no debo andar muy desencaminada en mi apreciación, ya que fue Eufemia Rita, la Testigo de Jehová que regenta una colorista coctelería junto al mercado de pescado la que me recordó el término “sossegado” cuando le mencioné mi sensación sobre el particular ritmo de Goa. Los lugareños están orgullosos de una expresión que les define como  relajados y multiculturales desde la etnia a la religión,

Coctelería junto al mercado de pescado de Panjim

Coctelería junto al mercado de pescado de Panjim

tolerantes con el vestir, las costumbres y el alcohol, que, parte de la cultura local por obra y gracia de la influencia lusitana, mantiene un estatus, presencia y permisividad desconocidos en el resto de la India, contando incluso con producción propia.

La carne se presenta hasta en embutido, el pescado y el marisco enriquecen el paladar de pudientes y turistas y el bolsillo de florecientes negocios a pie de mar.

Los nativos de Goa te invitan a conocer sus espacios en un intercambio de curiosidades que las buenas maneras han condenado en la mayor parte del mundo a la desaparición basada en una absurda desconfianza.

Y todo esto sin salir de lo que en otros lugares de India sería el ritmo frenético del tráfico urbano.

Las playas más o menos cercanas, hermosos paisajes y refugio de hippies, ex hippies, neo hippies, pijippies, hipsters y yoguis, iluminados, seguidores del trance, drogadictos de todas las especies y rusos y británicos fofos, blancos y rosados, me convencen

Campal, en Panjim

Campal, en Panjim

menos que la autenticidad del “sossegado” donde la esencia de cada cultura se ha conjugado a la perfección en una combinación encantadora y fluida, tanto que remeda a la naturaleza y cuesta imaginar que Goa no haya sido siempre así.

Es fácil tener la sensación aquí de que el tiempo se detiene. Es fácil también que cada día se parezca al anterior. Y aunque existe la cara oscura de Goa (vertederos a una calle de la avenida principal, chabolismo semi urbano junto a la estación de autobuses…) todo se difumina. A cámara lenta y observando el “sossegado”, se puede disfrutar de cada color y cada aroma, de los árboles exóticos de un jardín botánico en medio de la ciudad que pasa desapercibido en el trayecto de autobús, de la amable curiosidad de los habitantes de una ciudad cortés luminosa y cordial, donde la vida parece lo que es: fácil.

Attuka Pongala: El día de las diosas

¿Cómo describir una celebración a la que ni siquiera las fotos hacen justicia? Las palabras se me van a quedar también pequeñas, me tendréis que perdonar. Sin embargo, haré lo posible por describir lo que vi, lo que entendí y lo que sentí como mejor sepa.OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Esta es la fiesta de las mujeres. Dedicada a Devi, que representa lo femenino en la divinidad dentro del hinduismo. Para ponerlo en términos sencillos, cualquier diosa es Devi, pero al referirse a ella se recogen todos los aspectos femeninos en lo divino. Es un concepto similar al de la Virgen del cristianismo y cada una de sus versiones.

Esta fiesta, nace como casi todas de un mito: “Queriendo Devi darse un baño detrás del templo de Attuka, en las afueras de la ciudad, pidió a una mujer musulmana un poco de aceite aromático, aquella se disculpó alegando que no tenía, cuando en realidad poseía una refinería de aceite. Mejor hubiera hecho accediendo a la sencilla petición, ya que para su sorpresa, descubrió que en efecto todo el aceite que tenía había desaparecido”.

Desde entonces, mujeres de toda religión y condición ofrecen a la diosa una cocción de arroz con melaza y especias parecida al arroz con leche que hay que dejar subir y salirse de la misma en su ebullición. Este desbordamiento que simboliza la abundancia que se pretende es Pongala.

A punto de hervor y de que se produzca el Ponggala

A punto de hervor y de que se produzca el Pongala

Como si de una romería gallega se tratara, las mujeres piden el favor de la diosa, y si lo atiende, preparan un número de potes al año siguiente, y no cualquier cantidad, sino alguna que suponga un buen auspicio. Una señora que conozco preparó 108, y para ello como mucho pudo contar con la familia cercana.

Y como en los milagros de Amil, la cosa se va dejando sentir desde días antes. Primero, los cacharros de barro se amontonan por millares junto a los muros del East Fort, y es que de allí salen autobuses urbanos e interurbanos y es muy buen lugar para cruzarse con posibles compradoras.

Un par de días antes empiezan a montar altares y adornarlos por todas partes, y a colocar altavoces más grandes que los de la Panorama alrededor… no sabíamos bien la que se nos venía encima.

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Altares y altavoces como estos cada treinta metros. Una locura.

El día anterior a las cinco de la mañana dieron el pistoletazo de salida. Aquí las romerías comienzan con la salida del sol, y son muy serios al respecto, así que encendieron la música por lo menos al 11… Creí que literalmente tenía que saltar por la ventana detrás de mi corazón. Para morirse los temazos y qué decir del volumen.

Día y medio ininterrumpido de canciones religiosas, de las de aquí, que si bien pueden ser a veces más alegres… ¡qué tonos de voz!

Si sales a la calle en la víspera, te das cuenta de que algo grande está pasando: hay mucha más gente de lo normal por la calle. Puestos callejeros y vendedores que aprovechan el aumento de público y el ambiente festivo.

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Las mujeres toman las calles.
Vista de MG Road.

Comienzan a formarse hileras de mujeres, leña y potes pegados a cualquier muro, a cualquier edificio, tanto que se hace aún más difícil circular.

Las mujeres toman el mando por día y medio. La jerarquía hoy si acaso, la mantiene la edad, y las matriarcas que me ven con la cámara me preguntan o me explican (aunque yo no me entere) de que va la fiesta, exclusiva de Thiruvananthapuram, y que atrae incluso a expatriadas desde todos los rincones del mundo.

Los kirtan continúan desaforados repitiéndose hasta que me los aprendo, con extrañas alternancias como el Gangnam Style, que ya me lo sé. Los tapones no sirven. Sólo los cascos a un volumen mayor me permiten dormir algo para acudir mañana a la fiesta.

Una de las protagonistas.

Una de las protagonistas.

Abro la ventana de la ducha y en el descampado, donde normalmente no hay nada, una veintena de mujeres sentadas frente a sus ollas agita los brazos invitándome a acompañarlas. Saludo, pero además de no tener ni idea de por donde llegar, quiero acercarme de nuevo al East Fort y al templo.

Tan solo doblar la esquina del callejón y tienes que pasar de puntillas ante las ollitas ordenadamente dispuestas ante las puertas de las casas, pero dejando muy poco espacio. No es más que un anuncio, la punta del iceberg.

Llegando a MG Road bajamos por una calle secundaria y aún así empezamos a vislumbrar las dimensiones del asunto: Hoy la ciudad se paraliza, no hay espacio para coches, autobuses, motos o rickshaws, sólo vehículos oficiales o de emergencias pueden transitar las vías.

la foto

En plena acción

Una vez en la arteria principal, la impresión es sobrecogedora. Imposibles de contar, infinitas mujeres, pacíficamente sentadas frente a sus ollas, hojas de plátano, lamparitas de aceite, fruta.

Sinfonía de color entre comida, artilugios, ropa y las flores que adornan los cabellos. No hay edad ni religión, no hay clases sociales. Todas están en la calle codo con codo charlando y pidiendo ser fotografiadas mientras esperan.

Todo está listo. En los caminos adyacentes al templo, un camión reparte calderitos de agua anunciando que el momento se acerca, y en un afortunado encuentro cruzo la mirada de mi objetivo con la de Seema, fotógrafa local que lleva años documentando la fiesta: “Tápate bien la boca cuando empiece el humo, me advierte”.

Once y cuarto en punto

Once y cuarto en punto

Ascenso de vuelta por MG Road. El calor empieza a apretar, pero a ellas no les afecta, tan solo ultiman detalles: Adornos para la hoja de plátano, la leña bien dispuesta, la pulpa de otro coco lista para añadir a alguna mezcla. Muchas se han levantado ya.

Once y cuarto en punto. Las mujeres llevan en pie un par de minutos. Ya no hay música como antes, distinta cada diez minutos. Ahora es el silencio el que sobrecoge. Eso, y que ya no estás rodeada de infinitas mujeres sentadas, sino en pie, ¿cuándo ha pasado? ¿por qué no las hemos oído? Y sin embargo ahí están, erguidas y preparadas para inclinarse de nuevo, pero solo ante Ella. Asombrosamente a la vez prenden la leña. Incontables ollas de infinitas mujeres comienzan a calentarse sobre las llamas. Las mujeres remueven. El humo lo inunda todo.

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El humo que oculta el sol por unas horas.

Me lloran los ojos, no veré mucho más. Las mujeres han hecho que se oculte el sol cerca del mediodía como lo hacen cada año aquí en Trivandrum, porque ellas son la diosa y han tomado el control aunque apenas sea por poco más de un día. Tres horas después todo se acaba.

Disipada la nube ofrecen la comida y recogen los restos. Esa misma tarde nadie podrá recordar lo que ha ocurrido mirando las calles. No será tan fácil borrarlo de mi memoria…

Algunos se preguntan que ocurriría si las mujeres tomaran las calles. En Kerala lo hacen una vez al año, y lo hacen para rendir pleitesía al poder femenino de la nutrición, para pedir abundancia para todos, con música y risas, tranquilas y afables. Eso ocurre, que siguen cuidando y alimentando al mundo.

Yo las he visto alzarse en silencio, no las hagamos enfadar.

Os dejo  a continuación los enlaces a dos álbumes:

Attuka Pongala

Cocinando / Cooking

Mujeres del Attuka Pongala

Mujeres / Women

Religión, comunismo y tradición en la India tropical

Thiruvananthapuram, Trivandrum, atendiendo a su nombre colonial, y el que usa todo el mundo en la calle, es una ciudad extensa, extremadamente ordenada para ser India, con barrios similares y diferentes y que siendo mi hogar adoptivo durante los pasados dos meses, aún no he tenido ocasión de conocer como me gustaría.

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Casa de arquitectura popular. No se ven demasiadas. Es una de las cosas en las que un mal entendido progreso arrincona la belleza.

La capital comunista de Kerala alterna alegremente banderas encarnadas con la hoz y el martillo con coloridos templos o las hermosas casas con tejados de madera, típica arquitectura popular hoy dejada en el olvido pero de la que aún se pueden encontrar dignos ejemplares.

Independentista y defensora de una cultura propia tienen un idioma exclusivo, el malayalam, de hermosa caligrafía redondeada, tanto que resulta difícil pensar que puedan tener ni una sola palabra ofensiva.

Y lo cierto es que las diferencias con otras partes de la India, son evidentes incluso para el viajero más profano, y no sólo por el lenguaje, con una extensa filmografía de producción propia. Sus danzas Kathakali, representando historias de antiguas escrituras son famosas en el mundo entero, y su arte marcial Kalarippayatu, hermano de las prácticas yóguicas, tiene también origen en Kerala. Por si esto fuera poco, esta es la cuna del Ayurveda, la ciencia de la vida, la “medicina” india, más relacionada con el saber vivir que con los cuidados paliativos.

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Y pasas por delante del templo un día cualquiera y te encuentras con esto.

Y en el terreno social, nada que ver con otras regiones. Aquí la gente se queja de la corrupción de gobierno y sindicatos y como en todas partes, hace lo que puede, pero al menos tienen un sistema de buses urbanos e interurbanos barato y fiable. Eso sí, yo me harto a preguntar porque bastante difícil es aprender a decir Vellayambalam como para entenderlo en grafías malayalam. La alfabetización es mayor que en el resto de la India y también la integración de la mujer aunque de aquella manera (como en todas partes, para qué nos vamos a engañar a estas alturas). Hay muchos estudiantes universitarios y grandes oportunidades para ampliar estudios en el extranjero, aunque sólo para regresar y no tener donde aplicar lo aprendido…

En general la gente es religiosa y tradicional con todo lo que ello conlleva: desde hacer ofrendas hasta consultar al astrólogo, desde acordar los matrimonios hasta respetar escrupulosamente conductas que desde nuestra concepción del mundo se nos antojan impensables. Y compatibilizan esto con el facebook, las carreras universitarias de alto perfil tecnológico, o trabajos de responsabilidad y horarios incompatibles con la observancia estricta de los dogmas escritos o no que rigen esta contradictoria sociedad.

El aire es denso y la temperatura alta, los mosquitos, de todos los tamaños aunque su picadura duele igual, a las cucarachas las podrían sacar a pasear con correa; He visto gatos más pequeños, pero los habitantes de Trivandrum dicen con nostalgia: deberías haber visto la ciudad hace cinco años… sin apenas polución y la ciudad más limpia de la India. Sin duda, y junto con Panjim, lo es, al menos de entre las pocas que conozco.

Como digo, he visto poco, porque me he dedicado a practicar yoga, a estudiar y a vivir, y a mediodía hace demasiado calor para ninguna de las tres cosas, pero he callejeado y sé donde comprar la deliciosa miel de una cooperativa local, donde están los puestos de fruta con mejor calidad, el supermercado donde tienen pan de molde sin azúcar, la tienda de unos frutos secos tan exquisitos que tengo que comprar en cantidades pequeñas o podría comérmelos todos de una sentada.

He encontrado también varios sitios fiables donde comer, una librería con una planta entera de libros dedicados al yoga y la filosofía hindú, y el Centro de Sivananda, en el que alterno clases de yoga con el centro en el que estudié.

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Templo de Padmanabhaswasmy

Zumos naturales, deliciosos thalis (meal, vamos, la comida del mediodía) de los que ya os hablaré, lassi, millones de cosas para picar… Y no hace falta ser vegetariano, pero en mi opinión… el pescado tiene mejor pinta que la carne. Y, ¡por fin! ¡Un sitio en el que existen los refrescos salados!

Y todo esto sin hablar de sus templos, famosos como el de Padmanabhaswamy, o no, coloridos o sencillos, en los que te admiten o no, de su zoo, con tantos defensores como detractores, o sus millares de festivales y otras tantas cosas por descubrir.

Tendré, poco a poco, mucho más que decir. Una ciudad que cada día me sorprende con algo nuevo a la vuelta de la esquina, es para entrar en detalle, y tan sólo me he quedado en la superficie.

A punto de dejarla por unos días, me descubro acostumbrada a Trivandrum, un hogar temporal y tropical, del que ahora mismo me cuesta imaginarme partir.

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